“Hay que hacerse de nuevo cada día
El premiado documental que recupera el color de nuestra historia: La vida que vendrá (2025) de Karin Cuyul
El documental de Karin Cuyul rescata memoria reciente de Chile y propone un relato crítico desde archivos y experiencias populares para el cine chileno.
Poner en un cordel cada derrota
Colgar en nuestra historia unos pañales
Que digan seguimos intentando
Hay que hacerse de nuevo cada día”.
Canción: Hay que hacerse de nuevo cada día.
Artista: Schwenke y Nilo.
El trabajo de Karin Cuyul( Historia de mi nombre, 2019) en La vida que vendrá(2025) sobre la memoria reciente del país es formidable. Su propuesta sostiene que el tiempo cíclico necesita de la comprensión del pasado para recuperar la visión de un Proyecto-País, una tesis que la directora subraya mediante el rescate de archivos y en distintos formatos. La obra transita visualmente desde la estética de la Unidad Popular pasando por la Transición y el Estallido Social, construyendo un relato donde los márgenes operan como el reverso crítico de la historia oficial.
Las tres decisiones de la directora son claves para situarse frente a esta película.
La primera resolución viene a dar un giro de timón generacional y que significa sacar los registros de la década del setenta del blanco y negro. Esta decisión estética permite desempolvar la Unidad Popular. Al darle el color original de la época, la obra establece un vínculo directo con las nuevas audiencias y desafía la comodidad de una institucionalidad que, históricamente, ha preferido mantener ese periodo bajo el velo difuso y distante de la escala de grises.
La segunda clave de la obra radica en la validación del archivo amateur. Siguiendo la huella de la investigadora Alicia Vega, Cuyul desplaza el foco del gran relato institucional hacia lo amateur de las grabaciones caseras en distintos formatos de 16 mm, 32 mm, grabaciones caseras en VHS o celular. En un escenario político donde sectores de ultraderecha desestiman la investigación histórica, el rescate de estos documentos, muchos de estos públicos pero sistemáticamente relegados al olvido, se convierte en un acto de resistencia.
En esta periferia visual, la esperanza se aleja de la consigna para encarnarse en gestos mínimos y en la circularidad comunitaria de la olla común. La crónica captura la vulnerabilidad de infancias marcadas por la pérdida y el testimonio de pobladoras que desmitifican el imaginario del “No” de 1988. Para la directora, aquel barniz comunicacional y publicitario de la transición terminó por invisibilizar la verdadera pulsión de la calle y las voces de las disidencias.
El tercer objetivo es una declaración de principios: evitar la narrativa de la derrota. La directora traza un puente entre los anhelos de los setenta y la “generación pingüina” que desembocó en el Estallido Social. Es una apuesta arriesgada para un sector que aún no asimila sus fracasos recientes y que habita una zona de desencanto.
Al rechazar la tristeza como tono imperante, la película se convierte en un catalizador de un nuevo proyecto. Como sugiere el epígrafe de la canción Hay que hacerse de nuevo cada día de Schwenke y Nilo, la cinta propone una transición necesaria: dejar atrás la memoria que padeció para construir una memoria que propone.
La vida que vendrá llega desde el 7 de mayo respaldado por el premio a Mejor Largometraje Nacional en el Festival Internacional de Cine de Valdivia. A este reconocimiento se suma el máximo galardón en la Competencia Nacional del Festival Internacional de Documentales de Santiago (FIDOCS).
Frente a un modelo que ha reducido la ciudadanía a una masa de consumidores pasivos, orientados a la reproducción del capital antes que a la satisfacción de sus propias necesidades, el cine documental La vida que vendrá (2025) surge como una reivindicación del proyecto de país. La obra sostiene que la hegemonía neoliberal bloquea la visión colectiva que caracterizó al período de la Unidad Popular.
En el Chile actual, la responsabilidad se ha desplazado hacia lo individual, obligando a cada persona a gestionar su propia precariedad. El documental de Karin Cuyul rompe este aislamiento, poniendo en tela de juicio el sistema transitado y rescatando la memoria de una sociedad que, alguna vez, se pensó a sí misma desde lo colectivo y no desde la soledad del mercado.
Ficha técnica
- Dirección: Karin Cuyul
- Producción: Joséphine Schroeder (Chile)
- Co-producción: Jerónimo Atehortúa (Colombia)
- Guión: Karin Cuyul
- Producción ejecutiva: Joséphine Schroeder, Miguel Yilales, Jerónimo Atehortúa, Juan Sebastián Mora Baquero, María José Alarcón Ardila
- Compañías productoras: Pequén Producciones (Chile), Invasión Cine (Colombia)
- Sonido: Diana Martínez Muñoz
- Montaje: Federico Atehortúa
- Postproducción de sonido: Guateque Cine
- Post de color: Darío Órdenes (Albatros Post – Chile)
- Diseño sonoro: Diana Martínez Muñoz, José Delgadillo Gaviria
- Año: 2025
- País: Chile, Colombia
- Duración: 92 mins.