jueves 14 de mayo de 2026

¿Qué hizo tu mamá que te lastima?

La conversación dentro de las familias como también al interior de la sociedad puede ser un espacio de encuentro y reflexión que permita reconocer el dolor y erradicar la violencia hacia niñas, niños y adolescentes.

14 de mayo de 2026 - 09:00

En nuestra sociedad existe una idealización de la maternidad que se encuentra, por lo general, asociada a la perfección del amor, al apoyo incondicional y al cariño puro. Por lo mismo, hablar de las heridas maternas cuesta mucho y esto ha permitido que existan infancias heridas que aprendieron a callar.

La naturalización de las diversas formas de violencia es una práctica histórica que se ha instalado de manera estructural en la sociedad y esto ha facilitado su invisibilización y aceptación. La violencia y el abuso tienen que ver con la desigualdad de poder en las relaciones y por lo mismo, el flujo violento va desde la persona que tiene mayor poder hacia otra que no tiene poder dentro de la relación o que su poder es reducido por diferentes razones como, por ejemplo, la edad.

El abuso de poder se encuentra asociado a concepciones de sumisión e inferioridad, lo que implica la cosificación de la otra persona y la anulación de su emocionalidad. Esto es particularmente triste cuando la víctima es una niña, niño o adolescente, que se encuentra en una etapa crítica de la formación de su identidad, autoestima y construcción emocional, en que las experiencias traumáticas tempranas tienen un profundo impacto para su vida futura.

Cuando se habla de abuso, maltrato o violencia en la maternidad, puede ocurrir que exista un despliegue de explicaciones o justificaciones que terminan por centrar la responsabilidad de estas acciones y sus efectos en las propias víctimas, quienes quedan atrapadas en un silencio impuesto socialmente, lo que dificulta los procesos de reparación y sanación de tales heridas.

Una profunda comprensión de esta dinámica no implica su justificación, sino buscar medios que permitan prevenir tales comportamientos en el rol materno con el fin de resguardar a los más vulnerables y desprotegidos entre todos los grupos, como son las niñas, niños y adolescentes, quienes desde el nacimiento se encuentran expuestos a las acciones maternas.

Las razones de la violencia materna pueden ser muy comprensibles, pero esto no es un argumento para aceptarla, validarla ni justificarla como, por ejemplo, el hecho de ser muy joven, el haber sufrido violencia o el hecho de que nadie te enseña a ser madre. A veces estas explicaciones pueden revictimizar a las niñas y niños víctimas de maltrato y abuso materno.

La escritora mexicana Rayo Guzmán señala que, hace diez años, cuando estaba a punto de salir la primera edición de su libro “ Cuando mamá lastima ”, los consejeros editoriales le consultaron si estaba consciente de que iba a poner un dedo en la llaga porque la figura materna en la sociedad mexicana es intocable, son impolutas, altas en el pedestal, son perfectas. A esto, la autora plantea que la figura materna debe tener una resignificación como personas humanas que no lo saben todo y que se equivocan.

Su libro nació a raíz de la pregunta que subió a la red social Facebook: ¿qué hizo tu mamá que te lastima? En un día recibió más de 800 respuestas y en tres a cuatro días tenía miles. Eso la llevó a clasificar las respuestas por el tipo de madre, por el tipo de herida y por el tipo de experiencias que le compartían las personas. La autora llegó a la conclusión de que, en la mayoría de los casos, las madres lastimamos a nuestros hijos sin querer, sin darnos cuenta, repitiendo patrones aprendidos y creencias que adquirimos durante las generaciones.

Rayo Guzmán recomienda quitarnos tantas creencias que nos estorban para realizar una crianza positiva y más bondadosa, como el hecho de creer que tienes que tener el control, que tienes que tener una autoridad que a veces se obtiene solamente a través del temor o del miedo y refiere que la crianza es una convivencia y que no hay mejor regalo para nuestros hijos que trabajar en nosotras mismas.

El libro permite escuchar a los hijos hablar de su herida materna. La autora señala que en los casos más dañinos o tóxicos en que se ha afectado a los hijos profundamente, siempre hay un padecimiento mental o de personalidad o conducta o una madre que está dañada emocionalmente o que padece una adicción o que está en un proceso de enfermedad y menciona la relevancia de contar con apoyo profesional en casos complejos.

La escritora y actriz estadounidense Jennette McCurdy en su libro “ Me alegra que mi madre haya muerto ”, aborda su carrera como actriz infantil y la difícil relación con su madre que murió en 2013. El libro se publicó en 2022 y comparte su propio proceso y la difícil relación con su madre mencionando situaciones de abuso y maltrato.

En el documental “Mon Laferte, te amo ”, la artista chilena aborda las complejidades de la relación con su madre, la forma en que la ha vivido y también menciona aquello que se le pide callar. Estos no son casos excepcionales, existen muchas hijas e hijos que han vivido relaciones materno filiales traumáticas y dolorosas que distan del modelo de maternidad difundido socialmente. La maternidad que hiere es un tabú.

Las personas que fueron niñas, niños o adolescentes víctimas de maltrato, abuso o violencia materna tienen el derecho de contar con un espacio seguro que les permita reencontrarse con sus historias de dolor y no sentirse obligadas a ocultarla por vergüenza, dolor, presión social o cualquier otra razón. Las hijas e hijos tienen el derecho a liberarse de la responsabilidad de lo que hicieron o hacen sus madres. La conversación dentro de las familias como también al interior de la sociedad puede ser un espacio de encuentro y reflexión que permita reconocer el dolor y erradicar la violencia hacia niñas, niños y adolescentes.

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