lunes 05 de octubre de 2026
Opinión

¿Por qué crece la desocupación?

Centrar la atención solo en el actual 9.6% de desocupación y tratar de que ese indicador baje algunas pocas décimas deja fuera del análisis una parte importante del contexto; es ver, por lo tanto, los árboles pero sin ver el bosque.

5 de octubre de 2026 - 16:45

Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) —el día 30 de septiembre del presente año— dan cuenta de que la desocupación en el país subió de un 9.5% en el trimestre mayo-julio de 2026 a un 9.6% en el trimestre junio-agosto de este año. Si se toma como referencia no un dato tan cercano, sino el trimestre enero-marzo, la diferencia es más grande aún, pues se pasa desde un 8.4% a la cifra reciente ya mencionada.

En este artículo intentaré profundizar en el significado estadístico y económico que tienen esos datos, los cuales no siempre son conocidos con claridad por parte de la ciudadanía.

La desocupación está compuesta por dos cantidades diferentes: por un lado, los cesantes, que son las personas que estaban trabajando, dejaron de estarlo y buscan activamente un nuevo empleo; en segundo lugar, por quienes buscan trabajo por primera vez.

Los cesantes pasaron de 818 mil en enero-marzo de 2026 a 901 mil en el trimestre junio-agosto: un incremento de 83 mil trabajadores. Eso implica que los empleadores —las empresas o el Estado— han despedido a 83 mil trabajadores en términos netos a lo largo del año y no los han reemplazado por otros.

Si los trabajadores empleados disminuyen en 83 mil personas, eso significa que las empresas están produciendo menos, lo cual se compadece claramente con los datos relativos al PIB y al Imacec durante lo que va corrido del año. Si están produciendo menos, lo más probable es que no sea porque no puedan producir más, sino porque el mercado nacional e internacional no demanda ese potencial de nueva producción. Si no hay demanda no hay producción, y la demanda depende, a su vez, del nivel de ingreso de las personas. Si el nivel de ingreso disminuye, disminuyen también el consumo, la demanda y la producción.

A eso se suma el hecho de que la demanda, pese a que aumente puede -en una economía abierta-, satisfacerse por medio de las importaciones, lo cual deja a la producción nacional en situación de minusvalía. Si se conciben, así las cosas, es poco probable que la contratación aumente meramente porque disminuya el costo de contratar a un nuevo trabajador —gracias al subsidio que dará el Estado—, sino que se necesita, además, aumentar la demanda presente en el mercado. Sin eso, el subsidio no servirá de mucho.

Los que buscan trabajo por primera vez —el otro componente de la desocupación— disminuyeron entre los trimestres que estamos comparando desde 106 mil trabajadores a 88 mil: un total de 18 mil personas menos que buscan incorporarse al mercado del trabajo y no encuentran cómo.

Si esas personas buscaron trabajo activamente en la semana de la encuesta, se suman a los cesantes para dar origen a los desocupados. Si no buscaron trabajo activamente —tal vez porque se aburrieron de hacerlo de forma infructuosa durante largos meses—, entonces dejan de calificarse como desempleados y pasan a considerarse inactivos, que es una categoría diferente. Los inactivos son quienes están en edad de trabajar, pero no tienen ni buscan empleo, y habrían aumentado en los trimestres considerados en 76 mil personas.

Sirvan estas cifras para tener claros los conceptos con los que trabaja la estadística nacional y para analizar, a partir de ello, las potenciales políticas que se necesitan para mejorar la situación. Centrar la atención solo en el actual 9.6% de desocupación y tratar de que ese indicador baje algunas pocas décimas deja fuera del análisis una parte importante del contexto; es ver, por lo tanto, los árboles pero sin ver el bosque.

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