jueves 25 de junio de 2026

Peter Thiel y José Antonio Kast: Dios nos pille confesados

Thiel recorre el mundo sosteniendo que el progresismo, el ambientalismo y el multiculturalismo constituyen manifestaciones del Anticristo.

24 de junio de 2026 - 11:45

Pero ¿quién es este “importante” personaje que, de sigiloso, tiene más bien poco?

Peter Thiel es un empresario, activista político y multimillonario germano-estadounidense, ampliamente conocido por ser cofundador de PayPal y de Palantir Technologies, una de las compañías más influyentes en el ámbito de la inteligencia artificial y el análisis de datos.

Su influencia trasciende con creces el mundo empresarial. Fue un importante financista del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y uno de los principales patrocinadores de la carrera política de J. D. Vance, actual vicepresidente de Estados Unidos. En América Latina mantiene una estrecha relación con Javier Milei, a quien visita regularmente en Argentina. De hecho, ha adquirido una propiedad en ese país y ha manifestado públicamente su intención de radicarse allí.

A partir de esa plataforma política e intelectual, Thiel recorre el mundo sosteniendo que el progresismo, el ambientalismo y el multiculturalismo constituyen manifestaciones del Anticristo. Su objetivo declarado es combatir lo que denomina, de manera peyorativa, el “Estado compasivo”.

Dentro de ese marco ideológico, la democracia y la libertad serían conceptos incompatibles. Thiel ha argumentado que el sufragio universal constituye un lastre para el crecimiento y que los verdaderos motores del futuro deben ser los empresarios y la innovación tecnológica.

En consecuencia, el fundador de Palantir utiliza su fortuna y su capacidad de influencia para promover la desregulación económica, el liberalismo extremo y aquellos movimientos políticos que prometen desmontar los pilares del sistema social tradicional.

Una pieza central de su discurso consiste en rechazar frontalmente lo que denomina “buenismo”, concepto bajo el cual agrupa al progresismo, el ambientalismo, el multiculturalismo y buena parte de la filantropía tradicional. Desde su perspectiva, esta sensibilidad orientada a la protección de las minorías constituye un obstáculo para el progreso tecnológico y una expresión de decadencia cultural.

Más aún, Thiel ha sostenido que el progresismo contemporáneo representa una antesala del Anticristo. Del mismo modo, considera que las regulaciones, el ecologismo y las limitaciones al desarrollo tecnológico son fuerzas que frenan la innovación y restringen el dominio humano sobre el mundo.

En esa línea, el escritor y filósofo Jordi Ibáñez Fanés sostiene en su libro Apocalipsis y democracia que Thiel y su círculo buscan “detener el Apocalipsis” acelerando al máximo el desarrollo tecnológico para hacer estallar desde dentro el Estado social, el Estado solidario, el cosmopolitismo y aquello que despectivamente denominan “buenismo”; es decir, lo que hoy suele identificarse como wokismo o políticas de protección de las minorías.

Por ello, la reunión reservada entre Thiel y José Antonio Kast parece situarse en una delgada frontera entre la tradicional fe católica del mandatario —vinculada a Schoenstatt y a la devoción mariana— y lo que el sacerdote Paolo Benanti, asesor del Vaticano en materias de inteligencia artificial, ha denominado una “herejía estadounidense”.

En una entrevista publicada por el sitio de análisis Le Grand Continent, Benanti describió la visión de Peter Thiel como “un prolongado acto de herejía contra el consenso liberal” y como “un desafío a los fundamentos mismos de la convivencia civil”.

También cabe preguntarse, especialmente después de que Johannes Kaiser se jactara públicamente de sus encuentros con Thiel, si el concepto de la “derechita cobarde” no forma parte del legado ideológico que el multimillonario estadounidense ha contribuido a instalar y difundir en Chile.

Pese al hermetismo que ha rodeado la reunión entre Kast y Thiel, y aunque no existan pruebas sobre el contenido de sus conversaciones, resulta legítimo preguntarse hasta qué punto estas influencias ideológicas y religiosas podrían incidir en el rumbo de un país que históricamente se ha definido como laico.

¡Que Dios nos pille confesados!

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