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Palestina

Nicholas Kristof y la dignidad de una profesión

La cruda realidad es que, cuando no hay consecuencias, los seres humanos somos capaces de una inmensa depravación hacia aquellos a quienes consideramos infrahumanos ”, reflexiona Nicholas Kristof en su denuncia.

Por Valentina González Quintana 4 de junio de 2026 - 13:45

El pasado 13 de mayo, el periodista Nicholas Kristof publicó en el New York Times una columna titulada: “El silencio que acompaña a la violación de palestinos ”. En ella denuncia la tortura sexual que están sufriendo hombres, mujeres, adolescentes, e incluso niños palestinos a manos de agentes del Estado de Israel, especialmente, guardias de prisiones. La respuesta de Israel no se dejó esperar. Benjamín Netanyahu y su ministro de Asuntos Exteriores publicaron un comunicado anunciando una demanda por difamación.

La columna de Kristof ofrece información contundente. Incluye testimonios de sobrevivientes de tortura sexual, entre ellos, periodistas y activistas; de trabajadores sociales que han atendido a víctimas y de abogados que han llevado casos. También da cuenta de informes como el de la ONG Save The Children (2025) en el que se acusa la violencia sexual ejercida en contra niños y niñas, y un informe de Naciones Unidas (2025) que concluye que la tortura sexual es sistemática y cuenta con el apoyo, por lo menos implícito, de las máximas autoridades civiles y militares. La columna incluso trae el testimonio Ehud Olmert, ex primer ministro de Israel (2006 -2009), quien declaró que no le sorprendían los relatos, añadiendo: “ en esos territorios se cometen crímenes de guerra a diario ”.

Lo denunciado no es algo difícil de sospechar. En 2024 se filtró un video en el que soldados israelíes torturaban sexualmente a un prisionero palestino, quien fue hospitalizado con una laceración en el recto, costillas fracturadas y un pulmón perforado. El hecho desencadenó la furia de una multitud de manifestantes y políticos israelíes que irrumpió en prisión. Pero no. No estaban indignados por la brutalidad del trato al prisionero. Lo que les indignaba era la filtración; querían apoyar a los violadores.

La entonces jefa jurídica del Ejército de Israel, luego de admitir su responsabilidad en la filtración (y antes de ser despedida), dijo: “Lamentablemente, este principio básico —que hay actos a los que ni siquiera los detenidos más viles deben ser sometidos— ya no convence a todo el mundo”.

Los cargos contra los soldados fueron retirados y el ejército aprobó recientemente su regreso al servicio. Netanyahu celebró: "El Estado de Israel debe perseguir a sus enemigos, no a sus combatientes heroicos". Por su parte, la abogada de derechos humanos israelí estadounidense y directora ejecutiva del Comité Público contra la Tortura en Israel, Sari Bashi, le comentó a Nicholas Kristof: “ Diría que retirar los cargos es dar permiso para violar ”.

La correlación entre la impunidad y la violencia es un principio intuido por todos y que se encuentra en el corazón del Derecho, como disciplina jurídica. “Décadas cubriendo conflictos me han enseñado que una combinación de deshumanización e impunidad puede llevar a las personas a un estado de naturaleza hobbesiano”, comentó al respecto el periodista de New York Times.

En este sentido, su columna menciona el testimonio que un exoficial dio ante el grupo israelí Breaking the Silence: “ Ves a personas normales, bastante corrientes, llegando a un punto en el que abusan de otros por su propia diversión, ni siquiera para un interrogatorio ni nada por el estilo. Por diversión, para tener algo que contarles a los chicos”.

La cruda realidad es que, cuando no hay consecuencias, los seres humanos somos capaces de una inmensa depravación hacia aquellos a quienes consideramos infrahumanos ”, reflexiona Nicholas Kristof en su denuncia.

Es inevitable para mí recordar con estas palabras las aberrantes torturas sexuales en contra de las y los prisioneros políticos durante la dictadura en Chile, o la inhumana implacabilidad de los campos de exterminio de la Alemania nazi, en un tiempo en el que aún no habíamos acordado explícitamente que todas las personas seríamos iguales en dignidad y derechos.

Denunciar la violencia sexual perpetrada por Israel en contra de prisioneros palestinos interpela al propio Estados Unidos como su aliado. Y pienso que esto, de alguna manera, nos interpela a todos quienes nos encontramos, en mayor o menor medida, bajo su órbita cada vez más desorbitada: el silencio de las autoridades de Europa y del mundo; la persecución a la relatora especial de las Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados; la indefensión de las personas que intentan prestar ayuda a Palestina, maltratadas y violentadas por ofrecer humanidad en una flotilla o acusadas de antisemitismo por osar mostrar oposición a ante la violencia deshumanizante; la falta de una reacción firme por parte de la comunidad judía que, conociendo en su propia historia el dolor de un genocidio, no parece dispuesta a alzar la voz por sus hermanos palestinos…

Pero cuando el poder pierde el timón, cuando se oscurece, se corrompe, se acobarda o, simplemente, se atonta… Qué diferencia puede hacer un periodismo valiente y consciente de su responsabilidad. ¡Gracias por ello, Nicholas Kristof!

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