En los pasillos del Ministerio de Hacienda, un 3% parece una cifra inofensiva, un ajuste técnico necesario para cuadrar las cuentas de la nación. Pero en los pasillos de un consultorio en Lonquimay o Panguipulli, ese mismo 3% se traduce en algo mucho más crudo: la diferencia entre la prevención oportuna y la tragedia evitable. La reciente instrucción de recortar el gasto público, golpeando directamente a la Atención Primaria de Salud (APS), no es solo un movimiento contable; es un retiro del Estado de los territorios donde más se le necesita.
Llevamos décadas celebrando nuestros indicadores macro de salud, pero esos promedios son mentirosos. Esconden una realidad territorial fracturada. La evidencia es contundente: en Chile, tu comuna determina tu esperanza de vida mucho más que tu código genético.
La lotería territorial
Investigaciones sobre la realidad de nuestras 345 comunas muestran que la desigualdad financiera en salud municipal no ha hecho más que profundizarse. Mientras el sistema de financiamiento obligue a los municipios a "rascarse con sus propias uñas" (dependiendo de sus patentes y contribuciones), seguiremos teniendo una salud de primera, segunda y tercera categoría.
Los datos no mienten, aunque duelan: las comunas calificadas con perfiles de "bajos recursos" tienen hasta un 41% más de mortalidad infantil en comparación con aquellas que gozan de alta inversión y mejores indicadores socioeconómicos. Un recorte lineal del 3% no afecta por igual a Las Condes que a una comuna rural del sur. Para los primeros es un ajuste; para los segundos es una condena a profundizar brechas que ya son inmorales.
El costo de "ahorrar" en prevención
¿Qué significa este recorte en el día a día? Significa golpear programas que son la única barrera contra el ciclo de la pobreza. Por ejemplo, sabemos que las comunas con menor gasto en salud per cápita presentan tasas significativamente más altas de fecundidad adolescente. También sabemos que el acceso a la Anticoncepción de Emergencia (AE) —un derecho por ley— sigue siendo una carrera de obstáculos que dependen de la billetera del municipio. Cuando Hacienda decide "ahorrar" en la APS, está decidiendo, por omisión, que más niñas vean truncadas sus oportunidades y que más mujeres en comunas pobres pierdan su autonomía reproductiva.
Ahorrar en salud primaria es el peor negocio del mundo. Es como intentar ahorrar combustible apagando las luces del avión en pleno vuelo. Una APS robusta evita que las enfermedades lleguen a los hospitales cuando ya no hay nada que hacer, evitando cirugías costosas y servicios de urgencia colapsados.
Inversión, no gasto
Es hora de dejar de tratar a la salud pública como una partida de gasto que se puede podar según sople el viento de la economía. El gasto en salud municipal es una herramienta de supervivencia. Cada peso que se retira de la prevención hoy, lo pagaremos mañana multiplicado por diez en tratamientos paliativos, hospitalizaciones y, lo más grave, en Años de Vida Potencialmente Perdidos.
Antes de que la tijera fiscal termine de hacer su trabajo, la pregunta para las autoridades es simple: ¿Cuál es el precio aceptable de esta "eficiencia"? ¿Cuántas vidas de niños en comunas vulnerables estamos dispuestos a sacrificar por un punto porcentual en el presupuesto? En salud, el ahorro de hoy es la deuda humana de mañana. Y esa deuda, a diferencia de la fiscal, no se puede renegociar.
Enlaces a fuentes de investigación citadas: