viernes 17 de abril de 2026

José Antonio Kast y el nuevo Gobierno: No son errores, es el diseño

Lo que suele celebrarse como rectificación merece una lectura más cauta. En más de una ocasión, lo que aparece como un freno es también una forma de consolidación. Se modera la forma, pero el terreno ya ha sido movido.

15 de abril de 2026 - 05:00

La escena se ha vuelto familiar. Una autoridad de gobierno hace un anuncio que tensiona y provoca, en intentos por recuperar la agenda; luego se matiza diciendo que no se dijo exactamente eso, que se está evaluando, que se estudiará. Aparece un decreto que después se corrige o se retira, una contradicción que parece insostenible. La reacción también se repite: sorpresa, irritación, una mezcla de enojo y desconcierto. Incluso entre quienes rechazan al gobierno, predomina la idea de que estamos frente a una secuencia de errores, de improvisaciones o de desprolijidades.

Esa lectura, sin embargo, tiene un problema: organiza la respuesta en torno a algo que no alcanza a explicar lo que está ocurriendo. Porque si se observa la secuencia con cierta distancia, lo que aparece no es simplemente desorden. Lo que aparece es una forma de avanzar que incorpora la fricción, la exageración y el repliegue como parte de su lógica. En ese marco, la provocación deja de ser un exceso y pasa a ser un recurso. No es lo que sobra. Es lo que permite mover la conversación.

Aquí es donde la reacción de la oposición y de buena parte del comentario público se vuelve relevante, no por su contenido, sino por su función. La atención se fija una y otra vez en las figuras más estridentes, en las declaraciones más irritantes, en los gestos más fáciles de impugnar. El debate se personaliza, se acelera y se carga emocionalmente. Se responde rápido, con indignación o ironía, como si ahí estuviera el núcleo del problema. Pero esa intensidad tiene un efecto paradójico. Cuanta más energía se invierte en responder a lo que irrita, menos se observa lo que se desplaza.

La movilización de las emociones cumple, en este sentido, un papel preciso. El enojo no es un efecto colateral. Es una condición que organiza la escena. Captura la atención, estrecha el foco, ordena prioridades. Y al hacerlo, vuelve secundaria la discusión sobre los cambios que, de manera más silenciosa, van reconfigurando el marco de lo posible.

Algo similar puede leerse en la secuencia de decisiones que parecen ir y venir. Un decreto que se anuncia, luego se ajusta, a veces se retira. Si se lo interpreta como error, la expectativa es que el sistema corrija y vuelva a su punto de equilibrio. Sin embargo, lo que se observa en la práctica es otra cosa. Cada intento instala un nuevo punto de referencia. Cada corrección no borra lo anterior, sino que lo procesa y lo integra. El resultado no es un retorno al estado previo, sino un desplazamiento. Por eso, lo que suele celebrarse como rectificación merece una lectura más cauta. En más de una ocasión, lo que aparece como un freno es también una forma de consolidación. Se modera la forma, pero el terreno ya ha sido movido.

Desde ahí, la idea de error comienza a perder capacidad explicativa. No es que no haya fallas, sino que la categoría no capta la consistencia del patrón. Insistir en esa lectura produce una respuesta predecible: corrección técnica, denuncia puntual, reacción episódica. Y esa respuesta, aun cuando sea legítima, no logra interrumpir la dinámica que dice cuestionar.

El problema, entonces, no es solo lo que hace el gobierno. Es también cómo se lo está leyendo.

Si el debate público sigue centrado en la indignación por provocaciones y en corregir errores, seguirá funcionando dentro de un marco que otros establecen. Y en ese marco, incluso los retrocesos visibles pueden formar parte del avance. Tal vez por eso conviene desplazar la pregunta. No tanto si se equivocan, sino qué efectos producen de manera consistente sus decisiones, incluso cuando parecen contradecirse.

Visto así, la hipótesis del error deja de ser la más plausible. No porque todo esté calculado en detalle, sino porque la secuencia, en su conjunto, muestra dirección. Y cuando hay dirección, la categoría de error ya no basta.

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