viernes 24 de abril de 2026

El futuro de la ciencia no cabe en una jaula

Cambiar el paradigma de ver a los animales como el modelo de excelencia no significa renunciar al progreso científico, al contrario, significa acercarnos con una mayor rigurosidad científica a las problemáticas de la sociedad.

24 de abril de 2026 - 05:00

Tras décadas en que los animales han sido el modelo por excelencia en la investigación, el año 2025, Estados Unidos y Reino Unido presentaron hojas de ruta concretas para reducir su uso y avanzar hacia un reemplazo progresivo. ¿Por qué? Por la sostenida evidencia de que el uso de animales para muchas investigaciones no está siendo efectivo.

Los conflictos éticos respecto al uso de animales no son una conversación reciente, en el año 1959 Russell y Burch ya planteaban el principio de las 3R para enfrentar esta problemática: Reducir, el número de animales necesario para obtener datos confiables; Refinar, evitando lo máximo posible el sufrimiento y procurando el bienestar durante la investigación, y; Reemplazar, cuando fuera posible, el modelo animal in vivo por un modelo alternativo, no vivo.

A pesar de lo significativo de contar con este principio rector para abordar el uso animal en la experimentación, se mantiene al animal en el centro del modelo científico.

El cómo los animales llegaron a ocupar ese lugar, obedece a razones históricas y circunstanciales, ya que era lo que en definitiva estaba disponible, sin que existiera un desarrollo robusto que lo justificara como el modelo ideal para los estudios de los complejos fenómenos del ser humano.

La insulina, los antibióticos, las vacunas y el trasplante de órganos, por nombrar sólo algunos avances, fueron posibles gracias al uso de animales. Sin embargo, es el mismo progreso científico el que también nos obliga a revisar críticamente este paradigma; hoy sabemos que los animales son seres sintientes, que tienen consciencia de lo que ocurre en su entorno, y, son capaces de sentir emociones positivas como la alegría, y negativas, como el miedo.

Ya existe consenso en alejarnos de la perspectiva cartesiana de los animales como mera autómatas, sin embargo, no es sólo la sintiencia animal el argumento para argüir en favor de una transición hacia modelos alternativos, es, en palabras de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), que:

“Los datos basados en estudios en animales han sido particularmente deficientes predictores del éxito de los fármacos para múltiples enfermedades comunes, incluyendo el cáncer, el Alzheimer y las enfermedades inflamatorias”. “Los datos basados en estudios en animales han sido particularmente deficientes predictores del éxito de los fármacos para múltiples enfermedades comunes, incluyendo el cáncer, el Alzheimer y las enfermedades inflamatorias”.

En efecto, a pesar de las similitudes que podemos compartir con algunas especies, somos diferentes. Estas diferencias no son superficiales, la penicilina es mortal al utilizarla en cobayos, el paracetamol es tóxico en perros y gatos, e incluso la aspirina ha demostrado toxicidad embrionaria en ratas y macacos Rhesus.

Estamos hablando de medicamentos de amplio uso y seguros para el ser humano, que de ser desarrollados hoy no hubiesen avanzado hacia estudios en humanos. Las implicancias de esto no son baladí, ya que posibles tratamientos beneficiosos pueden haberse perdido por completo.

En Chile, esta discusión adquiere un matiz relevante. Mientras el promedio de inversión en investigación y desarrollo de la OCDE alcanzó el 2,7% del PIB, nuestro país destinó apenas un 0,41% en 2023, según un análisis del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales.

En un escenario, en que los recursos son limitados, no es irrelevante en qué ciencia invertimos, necesitamos priorizar investigaciones modernas, pertinentes a la biología humana, reproducibles y de relevancia traslacional. Además, como país contamos con una escasa regulación sobre el uso de animales para experimentación.

La ley 20.380 de Protección Animal le dedica apenas cinco artículos y no contamos con una institucionalidad que nos permita conocer cuántos son los animales utilizados para estas prácticas en Chile.

Sin datos y sin trazabilidad, se dificulta sostener un debate con la información suficiente sobre la magnitud de esta práctica. Posicionar los métodos alternativos, incorporarlos a los programas universitarios, promover su investigación y generar diálogo respecto a sus potenciales nos abre una puerta a un desarrollo científico más innovador, ético y prometedor.

Ya curamos el Alzheimer en ratones, a pesar de que los ratones no desarrollan la enfermedad de Alzheimer de forma natural. En Chile, el Ministerio de Salud ha advertido un creciente aumento del desarrollo de esta enfermedad y estima que alrededor de 200.000 personas la padecen. Cambiar el paradigma de ver a los animales como el modelo de excelencia no significa renunciar al progreso científico, al contrario, significa acercarnos con una mayor rigurosidad científica a las problemáticas de la sociedad.

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