El voto con-sentido
Hoy podría decirle a la señora Chellew que yo creo en su desencanto ante una complicidad que sigue presente, ante la impotencia de ver cómo estos delitos —en España ya se habla de violencia vicaria— siguen no sólo impunes, sino que además se duda de su condición de tal. Podría decirle que conozco su angustia de primera mano y me hago las mismas preguntas que ella, pero me imagino que a la señora Chellew le gustaría oír todo esto no de una feminista declarada, sino de sus vecinas más próximas, mujeres de su entorno que conocen cómo funcionan los códigos morales y de conducta de su zona. Conjeturo que estaría contenta si se tomara conciencia del dolor que viven muchas de esas mujeres, empezando por ellas mismas.
Por
María Isabel Peña Aguado