Brasil tiene la segunda mayor reserva de tierras raras del planeta, insumo clave para los autos eléctricos, las turbinas eólicas y la fabricación de armamento. También tiene una de las nuevas fronteras petroleras del Atlántico y cerca del 60% de la selva tropical más grande del mundo. Esos tres activos convierten al país en una pieza central de la transición ecológica, aunque tironean en direcciones opuestas.
“Este país no acepta ser el patio trasero de nadie”. Con esa frase, pronunciada la noche del domingo ante sus adherentes en la avenida Paulista, en São Paulo, Luiz Inácio Lula da Silva celebró su reelección y marcó el tono de su cuarto mandato. Así, la administración de ese equilibrio seguirá en manos del otrora obrero metalúrgico.
El líder del Partido de los Trabajadores (PT) venció en la segunda vuelta al senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), con el 51,79% de los votos válidos frente al 48,21%, según el Tribunal Superior Electoral (TSE).
La segunda mayor reserva de tierras raras del mundo
Brasil tiene unos 21 millones de toneladas de tierras raras, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Solo lo supera China. A eso se suma otro dato. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), Pekín lidera la refinación de 19 de los 20 minerales estratégicos ligados a la energía, con una participación promedio cercana al 70%. Por eso, Washington había puesto a Brasil en la mira como alternativa para abastecerse fuera del control chino.
Un interés que se había traducido en abril en la compra por parte de la firma USA Rare Earth, en la que el gobierno estadounidense tiene participación, de Serra Verde por cerca de US$2.800 millones. Se trata del único productor comercial de tierras raras del país. Según la Agência Pública, el acuerdo compromete con Estados Unidos el 100% de la producción de la mina Pela Ema, en Minaçu (estado de Goiás), durante 15 años. Asimismo, la Secretaría de Medio Ambiente de Goiás (Semad) detectó metales pesados y turbidez por sobre los límites legales en arroyos de la zona.
Durante la campaña, Flávio Bolsonaro prometió sumar a Brasil al Escudo de las Américas, la iniciativa de seguridad de la administración de Donald Trump que firmaron Estados Unidos y otros 14 países de la región, entre ellos Chile. Uno de sus pilares son las cadenas de suministro de minerales críticos. Lula, en cambio, hizo de la soberanía sobre estos recursos un eje de su campaña.
Una política para retener el valor en Brasil
La reelección consolida la política de minerales críticos que el Congreso aprobó en septiembre. Esta crea un consejo que autorizará las operaciones estratégicas, como los cambios de dueño de las empresas y los acuerdos internacionales de suministro. Eso sí, no se aplica de forma retroactiva a la compra de Serra Verde. Además, contempla créditos tributarios de hasta 20% para el procesamiento, la transformación y la “minería urbana”. El tope será de 1.000 millones de reales anuales entre 2030 y 2034.
“El resultado confirma la política de minerales críticos del país”, sostuvo Juan Ignacio Guzmán, director ejecutivo de GEM Mining Consulting, en declaraciones a Mining.com. Según el consultor, lo ideal es que Brasil no solo produzca concentrados, sino que también refine los minerales en su territorio. Aun así, Guzmán no prevé mayores repercusiones en la cooperación minera con Estados Unidos, ya que Brasil “es visto actualmente como un socio estratégico”.
El petróleo frente a la desembocadura del Amazonas
El segundo frente es energético. En octubre de 2025, Petrobras obtuvo la licencia para perforar el bloque FZA-M-59, frente al estado de Amapá. Este se ubica en el Margen Ecuatorial, una franja de unos 2.200 kilómetros que se extiende hasta Rio Grande do Norte. En agosto de este año, la petrolera estatal detectó hidrocarburos en el pozo Morpho, a unos 180 kilómetros de la costa. Luego, el 2 de octubre, anunció otra capa con petróleo en el mismo pozo.
Lula calificó el hallazgo como un “pasaporte para el futuro” del país y aseguró que “esto significa soberanía nacional”. Sin embargo, estos descubrimientos todavía no confirman que haya reservas rentables. Según Shigueo Watanabe Jr., de ClimaInfo, la explotación podría tardar hasta una década. En paralelo, organizaciones indígenas y ambientalistas demandaron al gobierno y a Petrobras. Las acusan de no consultar a las comunidades tradicionales y de subestimar los riesgos de derrames. A su vez, el Ministerio Público Federal pidió información sobre los riesgos ambientales.
En septiembre, ante la Asamblea General de la ONU, Lula defendió esa exploración junto con la descarbonización de la economía. En esa línea, en su discurso de victoria afirmó: “Debemos aprovechar el potencial energético de un país que es, quizá, el que cuenta con mayor capacidad”.
La Amazonía, entre la deforestación en mínimos y la presión petrolera
La tensión entre petróleo y selva marca el tercer frente. El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) registró 3.335 kilómetros cuadrados de deforestación en la Amazonía Legal entre agosto de 2025 y julio de 2026. Es una caída de 41,8% y la cifra más baja de la serie, según el Ministerio de Medio Ambiente. En 2021, durante el gobierno de Jair Bolsonaro, había llegado a 13.038 kilómetros cuadrados. “Este año es la primera vez que conseguimos reducir la deforestación durante cuatro años consecutivos”, dijo Lula el domingo.
Por su parte, Flávio Bolsonaro se comprometió durante la campaña a terminar con la deforestación ilegal en 2029. Sin embargo, también prometió “modernizar” las leyes ambientales y facilitar los permisos para la agricultura, la ganadería y la minería. Además, en agosto dijo al Jornal Nacional que no cree en el cambio climático, sino en los eventos climáticos extremos “cíclicos”.
Con la reelección también sigue en pie el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), que impulsa Brasil para pagar a los países que conservan sus selvas. Su meta es reunir US$125.000 millones. Ahora bien, la agenda de Lula enfrentará un Congreso adverso. El PL de Bolsonaro tiene el 23,6% de la Cámara de Diputados y el 34,6% del Senado.
Para Daniela Campello, profesora de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia, Lula tendrá que hacer compatibles dos cosas: la “deforestación en mínimos históricos” y los “planes de exploración petrolera en el Margen Ecuatorial”. Así lo planteó a Americas Quarterly. A su juicio, Brasil será además “el principal contrapeso a una Sudamérica cada vez más alineada con Washington”.
El rol de Brasil entre las potencias
Esos tres recursos explican por qué el resultado se siguió de cerca en Washington y en Pekín. Donald Trump, aliado de Flávio Bolsonaro y de varios presidentes de ultraderecha de la región, cuestionó el triunfo de Lula sin aportar pruebas. “Acaban de aplicar en Brasil el manual de Joe Biden”, sostuvo, según recogió la agencia EFE. La cancillería china, en cambio, felicitó al mandatario reelecto y aseguró que Pekín está dispuesto a seguir trabajando con Brasil.
Esa disputa fecha en el calendario con la posible reunión entre Trump y Xi Jinping durante la cumbre del APEC en Shenzhen, el 18 y 19 de noviembre. Lo harían en medio de una tregua comercial que se extiende hasta el 10 de enero de 2027 y en la que las tierras raras han sido una de las principales cartas de negociación de Pekín. Mientras tanto, Washington busca “ganar terreno” entre los socios comerciales de China, según dijo a El Desconcierto antes de la elección Gilberto Aranda, analista internacional de la Universidad de Chile.
Sin embargo, Brasil no parece dispuesto a elegir bando. Según Aranda, el país mantiene “la tradición de autonomía y diversificación de apuestas”, lo que le impide alinearse con un solo comprador. Lula lo dejó claro en su discurso: “Queremos ser un país clave en las decisiones políticas, económicas y en favor de la paz”.
Esa autonomía, de todos modos, descansa sobre los mismos recursos que tensionan su agenda ambiental. El domingo, Lula prometió: “Vamos a demostrar al mundo cómo se lleva a cabo una política climática en este país”. Lo dijo mientras su gobierno avanza en la búsqueda de nuevo petróleo en el Margen Ecuatorial.