Amnistía Internacional ha lanzado su Informe Anual sobre la situación de los derechos humanos en el mundo con una advertencia contundente: el planeta se encuentra ante un punto de inflexión crítico marcado por el debilitamiento acelerado del derecho internacional, el multilateralismo y las libertades fundamentales.
Según la organización, el año 2025 estuvo dominado por ofensivas sistemáticas de Estados, corporaciones y movimientos antiderechos que han erosionado los pilares del sistema internacional. En su evaluación de 144 países, la ONG alerta de que se está configurando un modelo global “no equitativo, racista, patriarcal y abiertamente antiderechos”, frente al cual urge una respuesta coordinada.
La secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, ha descrito el escenario actual como “el momento más difícil de nuestra época”, señalando que actores estatales y no estatales están utilizando guerras ilegales y presiones económicas para consolidar su poder.
Un orden internacional en crisis
La organización sostiene que el deterioro no es ya una tendencia gradual, sino una transformación profunda en marcha. En palabras de Callamard, “ya no estamos hablando de una erosión en los márgenes del sistema”, sino de un ataque directo a los fundamentos del orden internacional impulsado por los actores más poderosos.
Amnistía denuncia además que el conflicto en Oriente Medio ejemplifica esta dinámica de ruptura de normas internacionales. Según su análisis, la escalada de violencia ha derivado en ataques indiscriminados contra población civil e infraestructuras, con efectos que se extienden a toda la región y más allá.
El informe subraya que la ausencia de respeto por el derecho internacional está teniendo consecuencias globales, al tiempo que reclama a los Estados abandonar la “política de apaciguamiento” y actuar de forma coordinada para frenar esta tendencia.
Los países que atentan contra el derecho internacional
En el comunicado, Amnistía Internacional menciona como ejemplo a Israel, que continúa con el genocidio en Gaza, pese al alto al fuego acordado entre ambos territorios, en octubre de 2025. A su vez, Netanyahu avanza con su plan de anexión de Cisjordania y Jerusalén Oriental, y atacando al Líbano.
Por su parte, Estados Unidos no solo respalda la ofensiva israelí, sino también ha tensado su relación América Latina perpetrando más de 150 ejecuciones extrajudiciales bombardeando embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, e interviniendo políticamente en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro.
Al mismo tiempo, junto a Israel, ha hecho uso ilegítimo de la fuerza contra Irán, provocando la ofensiva del país petrolero, que también ha afectado a países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo.
Rusia no puede faltar en la lista. Amnistía Internacional reporta que el país ha intensificado sus ataques aéreos contra infraestructuras civiles de Ucrania. El ejército de Myanmar también está bajo la mira de organismos internacionales, al utilizar parapentes motorizados con munición explosiva sobre pueblos del territorio.
En Medio Oriente, Emiratos Árabes continúa suministrando armamento chino a ls Fuerzas de Apoyo Rápido en Sudán —paramilitares armados en guerra contra el ejército oficial—, quienes tomaron el control de El Fasher cometiendo homicidios en masa y agresiones sexuales hacia mujeres.
En África, la República Democrática del Congo, el grupo armado M23 ha torturado y asesinado a personas detenidas, con apoyo activo de Ruanda.
En materia de género, en Afganistán los talibanes continúan reprimiendo a las mujeres a través de sus políticas de exclusión de diferentes dimensiones de la vida, como la educación, el trabajo o la libre circulación.
Represión interna y retroceso de libertades
El informe de Amnistía Internacional dedica un amplio apartado al deterioro de las libertades civiles. Se documentan represiones de protestas en países como Nepal, Tanzania, Estados Unidos, China, Egipto, India o Venezuela, así como el uso de leyes antiterroristas para criminalizar la disidencia.
También se denuncia el uso de tecnologías de vigilancia, software espía y censura digital para controlar a activistas, periodistas y estudiantes en diversos países, junto con restricciones crecientes a organizaciones de la sociedad civil.
En paralelo, alertan sobre recortes en cooperación internacional que podrían agravar crisis humanitarias, así como el aumento del gasto militar en detrimento de la ayuda exterior.
Resistencia social y respuesta internacional
Pese al panorama adverso, el informe destaca la expansión de movimientos sociales y protestas en múltiples regiones, desde Asia hasta América Latina y Europa, incluyendo movilizaciones por derechos civiles, climáticos y contra conflictos armados.
Asimismo, reconoce iniciativas internacionales orientadas a reforzar la rendición de cuentas, como la creación de mecanismos de investigación de la ONU, el impulso de tribunales internacionales y nuevas alianzas entre Estados comprometidos con el derecho internacional.
Amnistía Internacional concluye que el futuro del sistema global depende de una reacción firme frente a los intentos de desmantelarlo. Callamard advierte que aceptar el debilitamiento del orden multilateral supondría “el retroceso de décadas de avances en derechos humanos”.
La organización hace un llamado final a transformar la crisis actual en una oportunidad para reconstruir un sistema internacional basado en la justicia, la igualdad y la cooperación global. “Así que, por el bien de la humanidad, es hora de hacer historia en derechos humanos.