Los humedales, que actúan como esponjas naturales regulando el ciclo del agua y capturando grandes cantidades de CO-2 que mitigan el cambio climático, han sido drenados históricamente para la agricultura o urbanización. Pero las iniciativas globales muestran que estos ecosistemas intervenidos pueden “volver a vivir”, a través de técnicas como la rehumectación.
Mientras que para construir sobre humedales se utiliza el drenaje, que busca retirar el exceso de agua, la rehumectación consiste en inyectarle agua a los humedales y retenerla en ellos. Experiencias de restauración de este tipo se han practicado en distintos lugares en Alemania, Polonia o Noruega, entre otros países.
Re-humedecer humedales
Aunque la idea suena simple, es necesario hacer un estudio del ecosistema específico, y el método utilizado va a depender de distintos factores como el estado de degradación del suelo, el nivel al que se encuentra el agua subterránea y el origen de los distintos aportes de agua al humedal.
Además, el bombeo de agua hacia el humedal se suele apoyar de otras técnicas como la reintroducción de ciertas plantas que ayuden a estabilizar el ecosistema y recuperar su capacidad de retener agua.
El tipo de plantas que se utilicen también puede reducir las emisiones de metano que genera esta técnica de rehumectación en etapas primarias del proceso. Esto cobra importancia al considerar que el metano es un potente gas de efecto invernadero, producido por microorganismos anaeróbicos en suelos saturados de agua, con un potencial de calentamiento casi 30 veces mayor al del CO-2 y responsable de entre 20% y 30% del cambio climático contando desde la revolución industrial, según datos de la NASA.
Una vez que los humedales recuperan su salud, no solo vuelven a ser sumideros de carbono. También recuperan su capacidad de regulación hídrica, depuración de aguas, protección costera contra tormentas, estabilización del ciclo de nutrientes, soporte para la polinización, así como formación de suelos. Todos servicios ecosistémicos muy importantes para la humanidad.
Drenar humedales
No todo terreno húmedo se puede considerar como humedal, pero muchos humedales ya no parecen humedales, porque se encuentran degradados y destruidos a nivel ecosistémico. A nivel mundial se estima que entre 30% (Global Wetland Outlook) y 60% (Convención Ramsar) de los humedales están degradados, sumando más de 3 millones de km-2 de humedales continentales.
El drenaje de humedales provoca que el suelo pierda profundidad y se oxide la materia orgánica aportando gases de efecto invernadero a la atmósfera. Considerando que son sistemas muy susceptibles a la compactación cuando son transitados con maquinaria pesada (por ejemplo, de agricultura industrial), esto se agrava.
Experiencias en Chile y el mundo
En Chile hay trabajos e investigaciones relacionados a restauración de humedales que muestran éxito en recuperación ecológica y vinculación comunitaria, como por ejemplo el proyecto en el Humedal Río Maipo, que recuperó 3 hectáreas mediante viveros nativos, o las acciones del Proyecto GEF en humedales costeros como Mantagua y Queule con fitorremediación y biofiltros.
La aplicación de sucesiones ecológicas y el manejo de plantas durante el rehumectación son muy relevantes para regular la emisión de gases de efecto invernadero dado a que las plantas generan ciclos biogeoquímicos en el suelo que tienden a regular el proceso de recuperación del humedal a nivel de ecosistema.
En Noruega, proyectos en turberas drenadas han usado especies pioneras como Sphagnum para estabilizar el suelo y reducir la producción de metano. En Alemania, el programa de rehumedecimiento en la región de Schleswig-Holstein ha integrado monitoreo de flujos de gases y el estudio de las plantas en terreno. En Argentina, iniciativas en los humedales andinos de Mendoza combinan rehumectación con vegetación nativa para equilibrar emisiones.
Protección de humedales
Hoy en día se ha puesto en discusión que hasta los embalses son humedales. Pero la ciencia indica que no todo territorio húmedo es humedal, sino que necesita ser un ecosistema donde seres vivos de distintos niveles y cadenas participen a nivel de subsuelo, suelo, agua e incluso atmósfera.
Como la convención Ramsar (Tratado internacional sobre la conservación y el uso sostenible de los humedales) indica: un humedal lo es por su interacción biótica integral, no solo la humedad superficial.
En Chile existen alrededor de 5,6 millones de hectáreas de humedales, equivalentes a 7,3% del territorio nacional, donde aproximadamente 743.468 hectáreas son total o parcialmente urbanas. Desde el 2020 existe la ley 21.202 de humedales urbanos que se encarga de la protección de estos, resguardando sus características ecológicas, funcionamiento y régimen hidrológico.
Se ha planteado ampliar su protección a través de una ley de humedales rurales, proyecto que ha avanzado en comisiones del Congreso (boletín 14.987) para extender criterios similares a ecosistemas rurales como marismas, pantanos y turberas.
Tal como avala la evidencia científica, los humedales cumplen con servicios ecosistémicos esenciales para la vida en la Tierra. Esto queda patente en lugares de Chile como Valdivia, Coronel, Chillán y Lampa, donde la ciudad co-existe con estos ecosistemas,actuando como una esponja para contener toda el agua de las precipitaciones.
La construcción de infraestructura en humedales, entre ellas viviendas, tiene que tomar en cuenta el servicio ecosistémico que estos espacios cumplen, y que difícilmente puede ser reemplazado. El desafío de la investigación científica que existe sobre el rol de los humedales en el país, es que se transforme en políticas públicas para soportar el desarrollo territorial considerando bases sociales y ecológicas. Por lo mismo, resulta muy relevante revisar la experiencia internacional al respecto, incluyendo investigación en Chile, que ayude a ofrecer soluciones sostenibles en el tiempo, procurando la conservación de los ya muy afectados recursos naturales.