sábado 28 de marzo de 2026

Pescadores y científicos recuperan plantas casi extintas en Islas Desventuradas arrasadas por cabras y conejos

Una iniciativa de Juan Fernández logró su primer expedición científica para rescatar plantas de una de las Islas Desventuradas y reproducirlas ex situ.

28 de marzo de 2026 - 07:15

Habitantes del Archipiélago de Juan Fernández han frecuentado históricamente una de las Islas Desventuradas durante temporadas de seis meses para pescar langostas: la isla San Ambrosio. Hoy, la isla se ve como una gran masa de roca sin vegetación en mitad del océano. Pero pescadores antiguos cuentan que en la cima había un bosque con matorral e incluso árboles.

“Yo a San Ambrosio fui por primera vez en 2014 y lo que más me sorprendió es ver la cantidad de aves que hay, miles y miles de aves y también la cantidad de biomasa de peces es increíble. Pero más que eso me sorprendían los relatos de los pescadores antiguos, que contaban que ahí había bosque”, declara Manuel Chamorro, perteneciente a la cuarta generación de pescadores de su familia, en la isla Robinson Crusoe.

Embed

Cabras y conejos

Lo que ocurrió con la vegetación fue que, tal como se solía hacer en todo el mundo, los pescadores introdujeron cabras y conejos para poder tener alimento durante la temporada en que habitaban la isla. Pero sin depredadores naturales en la zona, las cabras y los conejos se asentaron y arrasaron con casi toda la vegetación.

“Los pescadores viejos llevaron conejos a la isla para tener sustento porque es un lugar súper inhóspito. Al final eso fue un error, pero por desconocimiento, porque no sabían las consecuencias. Entonces también está en nuestro deber como isleños intentar reparar ese error. Así fue surgiendo este proyecto”, declara Chamorro.

El proyecto de recuperación de la isla ha ido sumando esfuerzos autogestionados, y a inicios de marzo lograron completar una primera expedición científica a San Ambrosio, donde botánicos recuperaron semillas y plantas para poder reproducir ex situ, mientras avanzan otros trabaojs por recuperar la salud ecosistémica de la isla, y a futuro poder reforestarla.

Archipielago Juan Fernandez

Isla San Ambrosio

Llegar a San Ambrosio no es tarea fácil, y explorarla mucho menos. A más de 400 kilómetros de la isla Robinson Crusoe hacia el norte, y más de 800 kilómetros de distancia del continente, la isla no tiene agua dulce, por lo que es casi imposible habitarla.

Tal como describe el biólogo Arón Cádiz, que asistió a la expedición botánica, al llegar uno se encuentra con laderas de alta pendiente y de una roca volcánica peligrosa de trepar, sin bahías ni playas. Para alcanzar las plantas que aún sobreviven, resguardadas en los bordes de los acantilados, los investigadores tuvieron que valerse hasta de equipamiento de escalada.

Esta aislación geográfica también hace más relevante la expedición. En primer lugar, porque las expediciones botánicas a la isla han sido escasas desde que se la descubrió y en segundo lugar porque la vegetación consiste en especies que no existen en ningún otro lugar del mundo. Se han catastrado unas 22 especies, muchas de ellas endémicas, muy reducidas. De algunas incluso lograron encontrar solamente tres plantas aun sobreviviendo.

Plantas casi extintas

Según explica Julio Chamorro, pescador e investigador nacido y criado en Juan Fernández, las cabras y conejos se comieron las hojas de la vegetación, luego los troncos y luego se empezaron a morir. Ahora se cree que ya han desaparecido, por lo que se abre una ventana de oportunidad para la restauración.

Gracias a la expedición, se pudieron recolectar muestras de plantas y semillas y también de insectos. Además, fue la primera vez que se recolectaron líquenes en esta isla, “por lo que hay toda una biodiversidad desconocida que ahora está en proceso de descripción”, declara Cádiz.

Además explica que debido a la latitud donde se encuentra la isla, muchas de las plantas vienen de linajes atacameños, mientras que otros son linajes endémicos. La viverización se está haciendo en el Jardín Botánico de Viña del Mar y también se enviarán semillas al INIA en la comuna de Vicuña.

Proyecto de restauración

Durante siguientes expediciones, la intención es generar rutas seguras instalando chapas y cuerdas para poder reducir el riesgo e investigar más a fondo. Pero el proyecto que tienen en mente los isleños es mucho más grande.

Entre los próximos desafíos está generar suelo para luego poder reforestar la isla poco a poco con las especies reproducidas ex situ. Julio Chamorro describe que algunos intentos por reproducir las plantas de la isla en el continente no han resultado, y que serían más exitosos en la misma isla debido a que las plantas están adaptadas a su particular microclima.

Otro de los coordinadores del proyecto, Christian López, declara que para esto existe la idea de investigar los microorganismos del suelo y generar bioinsumos que luego se pueden utilizar para que las plantas reforestadas resistan mejor.

“Yo imagino la isla como un centro científico, para poder hacer monitoreo de las especies que llegan, de las aves que llegan, también hemos visto que ha aumentado el flujo de ballenas pero sería fantástico poder hacer un estudio de ballenas, colocar hidrófonos sería espectacular. Necesitamos mayor información para ver cómo restaurar el lugar, y también que la juventud pueda venir a conocer aquí”, describe Manuel Chamorro.

Proyecto autogestionado

Hasta ahora, la iniciativa ha ido creciendo en base a autogestión y voluntades. El impulso central es de la Organización Comunitaria Funcional (OCF) Mar de Juan Fernández, que ha impulsado la creación de áreas marinas en el archipiélago y que lideran Julio y Manuel.

Ahora cuentan con el apoyo de la ONG Oikonos, de la Armada de Chile que facilitó el acceso desde su base en la isla vecina de San Félix, de organizaciones de pescadores y de dos empresas locales, además del Jardín Botánico de Viña del Mar.

Para el futuro buscan nuevas fuentes de apoyo y financiamiento para expandir el proyecto, estudiando también las aves marinas que tienen sus sitios de anidación en la isla, así como los insectos presentes en ella y los microorganismos que viven en el suelo.

También imaginan impulsar una categoría de conservación oficial para la parte terrestre de la isla, que está inserta en un mar protegido pero que no está protegida en sí misma. Proponen ocupar figuras como el Área de Conservación de Múltiples Usos, y así poder combinar la investigación, la pesca artesanal de langosta, el monitoreo y la protección ambiental.

Sigue leyendo

Las Más Leídas

Te Puede Interesar