Los datos revelan que menos del 5% de las baterías de litio se recicla a nivel mundial. “La narrativa de que el litio es limpio se sostiene solo si no miramos el ciclo completo”, dice Manuel Rojo, coordinador de la Alianza Basura Cero Chile y uno de los autores de este informe. “Estamos empujando una transición energética que no está resolviendo su propia huella material”.
“La narrativa de que el litio es limpio se sostiene solo si no miramos el ciclo completo”, dice Manuel Rojo, coordinador de la Alianza Basura Cero Chile y uno de los autores de este informe. “Estamos empujando una transición energética que no está resolviendo su propia huella material”.
Desde el ámbito técnico, la alerta apunta al desfase entre crecimiento industrial y capacidad de gestión de residuos. “Lo que vemos hoy es marginal en comparación con lo que viene”, advierte Yannina Rullo, del programa de baterías de GAIA América Latina. “En menos de una década vamos a tener volúmenes masivos de baterías fuera de uso sin sistemas preparados para absorberlos”.
El ciclo abierto de las baterías de litio
El auge de la electromovilidad está en el centro de esta expansión. Según la Agencia Internacional de Energía, el parque global de vehículos eléctricos podría superar los 145 millones al año 2030, frente a poco más de 30 millones actuales. Cada uno de estos vehículos depende de baterías cuya vida útil promedio oscila entre 8 y 15 años.
Esto significa que, a partir de la próxima década, comenzará a generarse una ola creciente de residuos. Algunas estimaciones proyectan que para 2030 podrían existir más de 11 millones de toneladas de baterías de litio fuera de uso a nivel global. “Estamos frente a una crisis diferida.
La industria crece hoy, pero los residuos se acumulan mañana. Y no estamos planificando ese escenario”, señala Rullo. Las baterías contienen litio, pero también otros componentes como cobalto, níquel, manganeso y electrolitos inflamables, lo que las convierte en residuos altamente peligrosos y delicados, cuyo manejo requiere infraestructura especializada.
Si bien se han logrado avances en tecnologías para recuperar y valorizar estos materiales, estos desarrollos no han ido al mismo ritmo que el acelerado aumento en su uso. En este contexto, una gestión inadecuada puede provocar incendios, la liberación de gases tóxicos y la contaminación de suelos y cuerpos de agua.
Chile, el litio y la presión ambiental
Chile concentra cerca del 36% de las reservas mundiales de litio, principalmente en el Salar de Atacama y otros salares altoandinos. Estos ecosistemas, altamente frágiles, dependen de equilibrios hídricos extremadamente delicados. La extracción de litio desde salmueras puede requerir la evaporación de más de 10 mil litros de agua por tonelada de litio producida.
“El costo hídrico es enorme y ocurre en uno de los lugares más áridos del planeta. Eso tiene consecuencias directas sobre la biodiversidad y las formas de vida locales”, sostiene Rojo. Rullo agrega una dimensión estructural: “La transición energética global se está sosteniendo sobre territorios específicos. Y esos territorios, en su mayoría, están en el sur global”. “El costo hídrico es enorme y ocurre en uno de los lugares más áridos del planeta. Eso tiene consecuencias directas sobre la biodiversidad y las formas de vida locales”, sostiene Rojo. Rullo agrega una dimensión estructural: “La transición energética global se está sosteniendo sobre territorios específicos. Y esos territorios, en su mayoría, están en el sur global”.
Según un informe del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), en Chile diversas comunidades indígenas han denunciado impactos sobre los salares, la fauna y la disponibilidad de agua, en un contexto donde la participación en la toma de decisiones sigue siendo limitada.
Las comunidades acusan la falta de mecanismos robustos de consulta vinculante que garanticen una participación efectiva, lo que ha profundizado los conflictos socioambientales y aumentado la desconfianza hacia los proyectos extractivos.
El cuello de botella del reciclaje
A pesar del crecimiento acelerado del mercado, la capacidad de reciclaje de baterías siguen siendo marginal. Actualmente, recuperar materiales desde baterías de litio es un proceso costoso, complejo y energéticamente intensivo, lo que limita su expansión. Además, muchas baterías están diseñadas sin considerar su desmontaje, dificultando su reciclaje.
“El sistema está completamente desalineado. Se diseñan productos sin pensar en su fin de vida, y después intentamos resolver el problema aguas abajo”, sostiene Rullo, analizando el panorama general de América Latina en esta materia.
En Chile, la Ley REP establece la responsabilidad de los productores sobre ciertos residuos, pero aún existen vacíos importantes en la regulación de baterías de gran formato, como las de vehículos eléctricos o almacenamiento energético. Los expertos advierten de que el riesgo es que terminemos exportando este problema o gestionando de forma precaria, pues hoy no existe una cadena completa. “No hay trazabilidad clara, no hay infraestructura suficiente y no hay metas ambiciosas de recuperación”, agrega Rullo.
Y aunque el reciclaje es clave, advierte que no puede sostener por sí solo el ritmo de crecimiento proyectado, por ello el informe plantea la necesidad de avanzar hacia estrategias como la reducción del consumo energético y material; extensión de la vida útil de dispositivos; reutilización de baterías (segunda vida), y fortalecer estrategias de ecodiseño.
Las contradicciones de la transición
El litio encarna una paradoja: es clave para enfrentar la crisis climática, pero su expansión puede profundizar otras crisis ambientales. “Estamos en un punto de inflexión. Podemos diseñar sistemas circulares y responsables, o podemos reproducir los mismos errores del pasado a mayor escala”, sostiene Rullo.
Por ello, sostiene que las baterías de litio no son solo una solución tecnológica: son también un desafío político, económico y ecológico. “En los próximos 10 a 15 años, cuando millones de baterías comiencen a salir de circulación, el mundo enfrentará una prueba concreta de su capacidad para sostener una transición energética real y todavía estamos a tiempo de anticiparnos”, agrega la investigadora de GAIA, quien insiste en abordar esto de manera estructural, para evitar que crisis de las baterías sea uno de los grandes conflictos ambientales del futuro.