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Energías renovables

Luces y sombra del uso de Biogás en Chile: ¿aporte a la energía limpia o contaminación para las comunidades?

El biogás impulsa la economía circular y energías limpias, pero se encuentra bajo la lupa de la contaminación.

Por Pablo Oyarzún 14 de mayo de 2026 - 15:45

Disminuir el nivel de contaminación. El biogás es un gas combustible renovable producido por la descomposición de materia orgánica como desechos agrícolas, estiércol, basura vegetal y lodos en ausencia de oxígeno. Se compone principalmente de metano —el ingrediente del gas natural— y se utiliza para generar electricidad, calor o biocombustible, promoviendo la economía circular.

Este se produce mediante un proceso de degradación que ocurre a través de bacterias en un contenedor cerrado denominado biodigestor. Como subproducto se obtiene el digerido o digestato, fertilizante orgánico rico en nutrientes para suelos y cultivos.

Principales usos

Dentro de sus principales usos se encuentra la sustitución de leña o gas licuado para cocinar y calefaccionar en zonas rurales. Además, se ocupa para la generación de electricidad y calor a gran escala en granjas, plantas de aguas servidas y la industria agroalimentaria. También puede ser purificado y convertido en biometano, apto para inyectarse directamente en las redes de gas natural existentes.

En cuanto a los beneficios ambientales que genera, su combustión libera un carbono que ya estaba presente en la biomasa, por lo que no aporta gases de efecto invernadero adicionales. Respecto a la gestión de residuos, evita que restos orgánicos terminen en vertederos emitiendo metano libremente a la atmósfera.

Desarrollo y potencial en Chile

En nuestro país, el biogás se posiciona como un pilar fundamental para la economía circular y la transición energética, respaldado por un fuerte potencial técnico y normativas de seguridad específicas de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC).

El desarrollo de esta energía se concentra en la zona centro-sur debido a la alta disponibilidad de biomasa.

Estudios sectoriales del Ministerio de Energía sitúan el potencial del sector silvoagropecuario chileno en 11,000 GWh al año, lo que equivale a unos 700 MW de capacidad eléctrica instalada.

Las principales fuentes provienen de residuos de plantaciones avícolas, porcinas y lecheras, lodos de plantas de tratamiento de aguas servidas y residuos agroindustriales.

Respecto a su estratégico, funciona como una solución de energía distribuida estable y continua que complementa a la energía solar y eólica.

Normativas vigentes y regulación

Los proyectos de biogás en Chile deben cumplir estrictas exigencias técnicas, de seguridad y ambientales, como el Decreto Supremo N°119/2016 del Ministerio de Energía que regula desde el diseño y la construcción hasta la operación segura del sistema.

Según la SEC, toda planta de biogás nueva debe declararse obligatoriamente ante el organismo para su registro y fiscalización. Pese a que la Ley de Biocombustibles Sólidos (Ley 21.499) apunta a regular estándares de calidad de la leña y el pellet para combatir la contaminación atmosférica, el Ministerio de Energía mantiene una agenda integral para estandarizar progresivamente todas las fuentes de bioenergía.

El fertilizante orgánico debe ceñirse a las regulaciones sanitarias del Ministerio de Salud y del SAG para garantizar que esté libre de patógenos antes de su aplicación en suelos.

Dilema por la contaminación

El rechazo al biogás se concentra en comunidades locales y organizaciones ambientales que residen en zonas rurales y agrícolas, quienes se enfocan en los riesgos de contaminación de napas subterráneas, la emisión de olores molestos, la posible fuga de gases tóxicos y la falta de participación ciudadana.

Las críticas y conflictos socioambientales más destacados en el país se condensan en algunos puntos clave:

La Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo o el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales han apuntado que las plantas de biogás suelen instalarse en territorios rurales bajo la etiqueta de "energía verde" pero sin mitigar los impactos directos sobre los vecinos.

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