El primer refugio sustentable que utiliza lana de oveja de descarte como aislante térmico es una realidad, esto, gracias a que la Cooperativa Lanera Trelew de Argentina y la empresa chilena LanArq lo dieran a conocer como un sistema de construcción en seco basado en madera.
Con el apoyo de las instituciones trasandinas CONICET y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), la iniciativa se enmarca en el proyecto LanArq Patagónico, que ya cuenta con su primera obra: el Refugio Chechenko, ubicado en Chile Chico.
De desecho a biomaterial
La propuesta es un ejemplo de economía circular aplicada, debido a que la lana de baja calidad, que antes acababa quemada o siendo enviada a basurales, ahora se convierte en un biomaterial eficiente y natural.
La Cooperativa Lanera Trelew, surgida en 2016 como empresa recuperada luego de la quiebra de Lanera Austral, actualmente procesa el 95% de la lana en Argentina y espera innovar con un enfoque de triple impacto social, ambiental y económico.
Para lograr el propósito, los paneles fueron construidos en la planta de la ciudad de Trelew y exportados a nuestro país, donde serán utilizados para levantar varias cabañas. El proyecto también integró al sector educativo: estudiantes de la Escuela Agrotécnica Benito Owen de Gaiman realizaron pasantías para aprender los fundamentos de este sistema.
Para los pequeños criadores el costo de la esquila supera el valor de la lana de oveja de baja calidad. Si la demanda de estos paneles aumenta, el residuo podría llegar a ser un recurso que ayudaría a que los productores rurales mantengan su actividad, evitando dejar el campo.
Características del sistema
El sistema combina innovación tecnológica con beneficios ambientales y sociales como regulación hídrica natural, ya que la lana absorbe y libera humedad sin perder propiedades térmicas, mejorando la calidad del aire interior; ahorro energético, porque reduce hasta un 70% el consumo de calefacción, cumpliendo con los estándares de la Ley de Etiquetado Energético de la provincia de Chubut.
Además, es 100% biodegradable, compostable y libre de tóxicos, a diferencia de los aislantes derivados del petróleo; posee propiedades únicas: es ignífugo, higroscópico y con la capacidad de recuperar su volumen original.
Finalmente, captura carbono, contribuyendo a mitigar el cambio climático; cuenta con validación científica mediante protocolos desarrollados por técnicos regionales y ensayos del INTI y CONICET.
De este modo, el proyecto LanArq Patagónico evidencia cómo la innovación sustentable puede transformar un desecho agroindustrial en un recurso valioso para la construcción.