domingo 07 de junio de 2026
Entrevista

Senador Mirosevic (PL) por megarreforma: "Entregar 5.000 millones a los más ricos a cambio de 100 en pañales es una burla"

El senador liberal también cuestiona la zanja fronteriza —"una copia de Trump"— y advierte que la Ley Miscelánea es una receta ochentera sin nada de siglo XXI como el hidrógeno verde o la transición energética.

7 de junio de 2026 - 10:30

Tres meses después de asumir, el gobierno de José Antonio Kast enfrenta su primer gran test legislativo: la megarreforma tributaria llega al Senado sin los votos asegurados que tuvo en la Cámara. Vlado Mirosevic, senador por Arica y Parinacota y fundador del Partido Liberal, conversó con El Desconcierto tras la primera cuenta pública del presidente Kast. Desde su región —quizás el mejor termómetro del gobierno: ahí operó el Tren de Aragua, se construye la zanja fronteriza y acaban de cerrar los primeros buses eléctricos del país por falta de subsidio— el senador traza un diagnóstico duro: un gobierno que en campaña iba a 200 km/h y ahora parece seguir la inercia de la administración Boric, que copia a Trump en seguridad y que con una megarreforma "ochentera" está hipotecando el erario público y la oportunidad de convertir a Chile en potencia de energías limpias.

Una cuenta pública pobre y un gobierno a velocidad crucero

—¿Cómo evalúa la cuenta pública del presidente Kast y el cambio de gabinete?

La cuenta pública estuvo muy pobre. El presidente Kast llegó a la campaña avanzando a 200 kilómetros por hora y aquí pareciera haber reducido la velocidad a 20. Poco sentido de urgencia, pocas fechas concretas. Los republicanos atacaban mucho al gobierno anterior, pero resultaron gobernando con cierta inercia del gobierno de Boric. Ni siquiera en política de seguridad y migración han logrado imprimirle una velocidad propia. Me llama mucho la atención, porque el centro de su campaña fue precisamente decir que todos esos problemas eran una cuestión de voluntad, que la izquierda no quería echar a los migrantes o que defendía a los delincuentes. Él lo resolvía con una sola cosa: llegar a La Moneda. Y no, no era solo un problema de voluntad.

—¿Y cuál es el problema entonces?

El músculo del Estado. Eso contrasta mucho con la tesis ideológica del gobierno de reducir el Estado a una expresión más pequeña. Cuando uno mira el crimen organizado, el sicariato, los homicidios, se da cuenta de que el Estado chileno tiene poca musculatura para enfrentar esa situación. No es un problema de énfasis de izquierda a derecha: es un problema estructural.

La cuenta pública estuvo muy pobre. El presidente llegó a la campaña avanzando a 200 kilómetros por hora y aquí pareciera haber reducido la velocidad a 20. Poco sentido de urgencia, pocas fechas concretas. Los republicanos atacaban mucho al gobierno anterior, pero resultaron gobernando con cierta inercia del gobierno de Boric. La cuenta pública estuvo muy pobre. El presidente llegó a la campaña avanzando a 200 kilómetros por hora y aquí pareciera haber reducido la velocidad a 20. Poco sentido de urgencia, pocas fechas concretas. Los republicanos atacaban mucho al gobierno anterior, pero resultaron gobernando con cierta inercia del gobierno de Boric.

La herencia en seguridad y el crédito que Kast no merece

—¿Qué faltaba cuando explotó la crisis de seguridad en 2021?

Cuando estalló la crisis entre fines del gobierno de Piñera e inicios del de Boric, el Estado chileno no estaba preparado para operar contra estas bandas transnacionales. No lo estaban la fiscalía, ni la policía, ni la inteligencia financiera: no había nada. En el norte ya se veía fuerte desde el gobierno de Piñera, pero no se nos tomó en cuenta cuando avisábamos. Decíamos que esto iba a llegar a Santiago y la reacción llegó cuando ya estaba instalado en la capital. En el Congreso terminamos aprobando 62 leyes de seguridad durante el gobierno de Boric —más que en ningún otro período de la historia— para cerrar huecos que el Estado simplemente no necesitaba antes porque el problema no existía a esa escala.

—El presidente Kast celebró como logro propio que hoy hay menos homicidios que el año pasado. ¿Es suyo ese mérito?

Se apropia de un triunfo que no le corresponde. La tendencia al alza se rompe en 2024, no ahora. El 2026 tiene menos homicidios que el 2025, pero el 2025 ya tenía menos que el 2024. ¿Por qué se rompe en 2024? Porque en 2022 y 2023 se hizo un trabajo serio de coordinación entre la fiscalía y las policías. Lo vi en Arica: las bandas del Tren de Aragua instaladas en Cerro Chuño se desbarataron porque la Fiscalía de Arica —una de las más pequeñas del país— recibió más presupuesto y más funcionarios para investigar. En la medida en que se desbarata la banda, cae la tasa.

—¿No había también un desfase entre la percepción de inseguridad y los datos reales?

Había un desfase en la percepción, sí. Pero aun así era evidente que estábamos enfrentando delitos que nunca habíamos visto: asesinatos a carabineros, secuestros, modos de operar que no eran comunes en Chile. Había una crisis real de bandas transnacionales organizadas. Lo que también es cierto es que la derecha utilizó esa coyuntura de manera muy deshonesta para llegar al poder, como lo han hecho todas las ultraderechas del mundo. En términos de políticas públicas, el gobierno de Boric tomó muy buenas decisiones en seguridad.

—El nuevo ministro de Seguridad, Martín Arrau, dijo que va a continuar con la política del gobierno anterior. ¿Cómo lo lee?

Me parece que están sincerando lo que era bastante obvio: el gobierno anterior no tomó malas decisiones. Lo que pasa es que una emergencia no se frena de un día para otro. Por eso los homicidios decaen sistemáticamente en la medida en que se desbaratan las bandas. Boric le dejó a Kast un Estado con mucho mejor músculo para enfrentar el crimen organizado. Pero hasta ahora, en tres meses, no hemos visto ninguna innovación de este gobierno en seguridad.

—¿Por qué el progresismo no pudo comunicar a la ciudadanía esos avances en seguridad?

La gente votó por Boric con un mandato distinto: no lo eligió para enfrentar una crisis de seguridad, porque en ese momento no se apreciaba con esa intensidad. Cuando se instaló el nuevo gobierno estalló esa crisis con mucha fuerza y las prioridades cambiaron. Se le empezó a exigir rápidamente algo para lo que no había resultado electo. Como Boric dijo varias veces: uno gobierna en los momentos que le toca, no para lo que quisiera. Le tocó un momento muy difícil, y encima con una oposición que jugó con mucha deshonestidad, usando el miedo para llegar al poder.

La zanja: "una copia de Trump"

—La única novedad visible de este gobierno en seguridad, hasta el momento, ha sido la zanja en la frontera norte. Usted es senador por Arica. ¿Cómo lo ve?

Va a tener un efecto muy limitado. Lo que se nos informó es que la zanja cubre 19 kilómetros en la frontera de Arica con Perú. Con Perú tenemos cerca de 200 kilómetros de frontera en esa zona. Eso te dice todo. Estoy seguro de que no tendrá los resultados extraordinarios que el gobierno promete.

—¿Es más bien un gesto comunicacional?

Sin duda. Es una copia de Trump. Él prometió que iba a construir un muro y que los mexicanos lo iban a pagar. No pasó ni lo uno ni lo otro. Es una metáfora, literalmente. Lo que ha aprendido la ultraderecha mundial —Milei o Bolsonaro, por ejemplo— es hacer una promesa grandilocuente y efectista que seduce a las mayorías, y cuando se llega al gobierno, se olvida. La zanja, con su efecto limitado, es la única innovación que este gobierno le ha puesto hasta ahora al combate a la delincuencia y la migración.

La Ley Miscelánea: sin compensación y sin siglo XXI

—Ahora el proyecto llega al Senado, donde la oposición tiene más peso que en la Cámara donde el PDG jugó un rol bisagra. ¿Están dispuestos a aprobar la idea de legislar?

Lo primero es que sería una irresponsabilidad enorme aprobar una reforma de esta magnitud por un solo voto. Una reforma con consecuencias tan grandes para Chile no puede tramitarse de esa manera. Lo segundo es que, como está el proyecto hoy, con un gobierno que durante su paso por la Cámara simplemente pasó la aplanadora, nosotros no estamos disponibles para apoyar la idea de legislar. El corazón de la reforma es achicar al Estado y quitarle 5.000 millones de dólares de recaudación. No tiene compensación y no la busca: quieren reducir el Estado a la fuerza. Podrían proponer compensación por otro lado, pero esa pregunta ni está en el proyecto porque no quieren que esté. Es lo único en que este gobierno está cumpliendo su palabra.

—¿En qué puntos podría moverse la oposición?

La invariabilidad tributaria a 25 años no tiene ningún sentido y yo diría que es inconstitucional. Como principio puede tener sentido en ciertos momentos históricos —Piñera la usó tras el terremoto de 2010—, pero en estos términos es inviable. También hay que revisar la idea de que un proyecto privado rechazado por la justicia deba ser indemnizado por la totalidad de su inversión. Como ya lo dijo la propia Corte Suprema, eso es un chantaje a la justicia: si rechaza un proyecto, el Estado paga la cuenta. Y en materia de contribuciones, lo que es completamente injusto es que los municipios más pobres pierdan recursos y que una mansión en Chile no pague impuesto territorial. ¿En qué país del mundo desarrollado pasa eso?

—¿Y si el proyecto llega sin esas modificaciones?

Si no cambia y eso nos lleva a la chapa de obstruccionistas, bueno, será con lo que habrá que cargar. Pero uno tiene que votar a conciencia. También pregunto: ¿puedes presentar una reforma absolutamente extrema y luego acusar al resto de poco dialogante porque no te siguió la pista? El poco dialogante es quien la presenta. El FMI y el Consejo Fiscal Autónomo no son obstruccionistas. Las críticas a este proyecto han venido de muchas partes, no solo de la oposición.

—¿Hay en el propio gobierno un ala más dispuesta al diálogo?

La única posibilidad de que este gobierno funcione es que el alma de la derecha tradicional —Chile Vamos— se imponga sobre el ala republicana. Si eso no ocurre, será un gobierno bastante mediocre. El modelo de la ultraderecha mundial no ha funcionado en ningún país. Trump hoy es el presidente menos popular en la historia de Estados Unidos. Orban, Bolsonaro, Argentina con Milei: el modelo abiertamente extremista no da resultados. Hasta ahora el Partido Republicano no puede mostrar ni un municipio gobernado exitosamente en Chile. No veo cómo ese modelo puede convertirse en un gobierno exitoso.

Sería una irresponsabilidad enorme aprobar una reforma de esta magnitud por un solo voto. Una reforma con consecuencias tan grandes para Chile no puede tramitarse de esa manera. Lo segundo es que, como está el proyecto hoy, con un gobierno que durante su paso por la Cámara simplemente pasó la aplanadora, nosotros no estamos disponibles para apoyar la idea de legislar.

El PDG y el negocio de los pañales

— ¿Cómo evalúa el rol del PDG en la Cámara?

Hipotecar el futuro del país y los derechos sociales para tener protagonismo político no me parece ni patriota ni decente. Estamos hablando de entregar 5.000 millones de dólares a los más ricos a cambio de 100 millones de dólares en IVA de pañales y medicamentos. Eso es una burla. El PDG, con su voto, hipotecó derechos sociales que en el futuro se van a recortar, porque no hay manera de ajustar las cuentas públicas sin hacer recortes. Ya en mi región le quitaron 1.200 millones de pesos al hospital regional. En todas las regiones los alcaldes ya lo están diciendo: les metieron mano a los hospitales regionales. Imagina eso con 5.000 millones de dólares menos.

Cuando se recorten los beneficios sociales, la autoría va a ser de Kast, Quiroz y Parisi. No vengan después a decir por qué les recortan los hospitales o los consultorios en su región, porque eso sería un doble estándar. En el Senado esperamos poder cambiar ciertas cosas, pero como está el proyecto hoy, el PDG sacrificó el largo plazo por un dividendo político inmediato.

Energía: la oportunidad que el gobierno no ve

—En Arica el gobierno eliminó el subsidio para las micros eléctricas. ¿Cómo lo analiza?

Esas micros cambiaron la realidad y la dignidad del transporte público ariqueño: son buses que no contaminan y tienen un estándar muy impresionante. El problema es que el gobierno no está dispuesto a financiarlas. No es un recorte del subsidio, directamente no hay subsidio. Los operadores decidieron continuar por un tiempo a la espera de que el gobierno reaccione, con todos los ministros con el freno de mano del gasto. No veo mucho espacio ni disposición para apoyar este tipo de proyectos.

—¿Y en el cuadro más grande: qué ofrece este gobierno en materia de transición energética?

Esta megarreforma es una receta del siglo XX, muy ochentera. No garantiza más recaudación ni más crecimiento, y no tiene nada de siglo XXI. No está concentrada en posicionar a Chile como líder mundial de hidrógeno verde o energías limpias. En la cuenta pública el presidente habló de esto, en buena hora, pero hasta ahora este gobierno no había tomado ninguna posición pública respecto de la transición ecológica —todos sabemos lo que dijo la ministra de Medio Ambiente al respecto—. Solo en evaluación ambiental hay 43.000 millones de dólares en proyectos de hidrógeno verde, con la firma de empresas e inversionistas concretos. Chile tiene una ventana de tiempo relativamente corta para ser líder mundial en eso, y todas las condiciones para lograrlo.

—El gobierno anterior tampoco estuvo exento de críticas en ese frente. Se le acusó de no acelerar proyectos en el SEA.

El gobierno anterior hizo un esfuerzo real de revisar el proceso. Yo lo vi con el ministro Grau: revisaron alrededor de 3.000 permisos sectoriales y mejoraron harto los procesos sin bajar los estándares ambientales. Eso es bien importante distinguirlo. La ley de permisos sectoriales de Grau no trataba cuestiones ambientales: eran permisos no ambientales, simplificar, acelerar, ordenar mejor los procesos. Las aprobaciones que está haciendo este gobierno en el SEA, en cambio, las pondría en suspenso. No tengo evidencia para decir lo contrario, pero conociendo la impronta del gobierno, no confiaría a priori en sus criterios.

—¿Y cuál es el diagnóstico de fondo que falla?

El diagnóstico de Quiroz es que el problema de la productividad de Chile sería solo un problema de impuestos o del tamaño del Estado. ¿Chile no crece porque tiene un problema con los impuestos? A eso le sumas que el gobierno ya le está bajando el presupuesto al Ministerio de Ciencia. Ya vimos su primera aproximación respecto de ciencia y tecnología: el desprecio hacia la comunidad científica. Es una receta extractivista, con poca vocación por la innovación y la nueva industria.

—¿Qué rol pueden jugar los países desarrollados en la transición energética chilena?

Chile tiene un potencial enorme como receptor de inversión de los países desarrollados para impulsar cambios tecnológicos en nuestra industria, amparado en el artículo 6 del Acuerdo de París. Suiza ya está invirtiendo aquí para cambiar tecnológicamente a empresas chilenas, financiado con un impuesto a los combustibles suizo que a su vez reduce emisiones. Son los bonos verdes. Chile puede ser destinatario de ese tipo de inversión, tanto en transformación tecnológica como en conservacionismo. Y en buena hora que los países desarrollados paguen esa cuenta: el cambio climático no es un problema solo declarativo para el sur global. Chile es uno de los países que va a ser más afectado, y alguien tiene que pagar esa cuenta. Este gobierno no lo está viendo.

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