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El "mágico" mundo de Oz(empic): el medicamento que promete perder peso rápido sin mirar las consecuencias

Por: Valeria Trujillo Góngora | 15.02.2026
Ozempic, medicamento para diabetes tipo 2, se volvió fenómeno viral para bajar de peso rápido. El Desconcierto conversó con mujeres que lo usaron y especialistas que alertan sobre trastornos alimentarios, pancreatitis y pérdida de masa muscular.

Verse lo mejor posible en su vestido de novia: esa idea rondaba la cabeza de Jessica Rojas (41), una ingeniera comercial que vive en Santiago, cuando acudió a la consulta médica con un objetivo que tenía fecha límite. Aunque los motivos de salud estaban presentes, lo que más pesaba era la inminencia de su boda y la urgencia por sentirse conforme con su imagen. Ante ese escenario, le pidió a su médico la receta de Ozempic.

La prescripción llegó sin mayores obstáculos y, en cuestión de semanas, la baja de peso se produjo de forma rápida y, en apariencia, sencilla.

Y es que el mágico mundo de Ozempic es así. Perder peso rápido es una realidad relativamente perfecta: basta con alrededor de 200 mil pesos y un pinchazo subcutáneo en el abdomen, muslo o brazo, para empezar a perder kilos con facilidad.

Pero, en la no tan mágica realidad del medicamento, lo que se esconde no es solo un fármaco creado para tratar la diabetes tipo 2, sino —en muchos casos— un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) encubierto bajo una receta médica pensada para otra finalidad.

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De medicamento para diabéticos a fenómeno viral

Ozempic es el nombre comercial de la semaglutida, un medicamento inyectable desarrollado originalmente para el tratamiento de la diabetes tipo 2, cuyo mecanismo actúa sobre el apetito y la regulación de la glucosa en la sangre. En los últimos años, su uso se ha extendido también a personas con obesidad o con sobrepeso asociado a enfermedades como hipertensión, dislipidemias o resistencia a la insulina.

Sin embargo, su rápida popularización —impulsada por redes sociales y figuras públicas— ha convertido a Ozempic en un fenómeno de consumo que trasciende el ámbito médico, abriendo interrogantes sobre su uso sin supervisión, sus efectos secundarios y el impacto que tiene en la relación con el cuerpo y la alimentación.

—Nunca se debe comenzar a usar este fármaco sin una evaluación previa por un médico especialista (...) El paciente que lo use necesita una correcta educación sobre los posibles efectos adversos —menciona Erika Albetman, médico nutriólogo.

Y es que, como también advierte la psiconutrióloga Florencia Araya (31), el problema además radica en la desinformación que rodea su uso, muchas veces atribuida a la falta de disposición o compromiso por parte del paciente.

—Cuando el objetivo de bajar de peso tiene una fecha límite y está asociado a la validación externa, el riesgo psicológico aumenta considerablemente. La baja de peso empieza a convertirse en la única fuente de valor personal —explica Araya.

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La crisis de desabastecimiento que afectó a pacientes diabéticos

Pese a tratarse de un fármaco que requiere prescripción médica, su acceso se ha vuelto cada vez más sencillo. Pacientes relatan haberlo solicitado directamente en consulta por motivos estéticos —como vacaciones o eventos específicos— obteniendo la receta sin mayores cuestionamientos ni derivaciones a otros profesionales de la salud, como psicólogos o nutricionistas.

Este uso extendido no ha estado exento de consecuencias. El avance de Ozempic en Chile se hizo visible durante 2023, cuando su alta demanda —impulsada principalmente por su uso para bajar de peso fuera de indicación médica y viralizado en redes sociales— derivó en una crisis de desabastecimiento que afectó directamente a personas con diabetes tipo 2 que sí lo requieren por prescripción.

En febrero de ese año, el Instituto de Salud Pública (ISP) autorizó la importación anticipada de más de 10 mil unidades para mitigar el quiebre de stock reportado en enero, y solicitó a las farmacias validar la dispensación con receta médica para priorizar las necesidades reales de los pacientes. Ese mismo año, el ISP también alertó sobre la "utilización indebida del medicamento" y llamó a no consumirlo sin supervisión profesional.

Un llamado que, al parecer, no fue del todo escuchado. A pesar de las medidas del ISP, el medicamento sigue siendo dispensado con receta médica incluso cuando es solicitado únicamente por motivos estéticos, sin mayores cuestionamientos ni derivaciones a otros profesionales de la salud.

Mercado negro y riesgos: cuando la promesa se vuelve peligro

"Hoy día estoy hospitalizada por una pancreatitis aguda por el uso de este remedio de manera irresponsable", aseguró la influencer Pao Pinto (@telocomparto.cl) a través de su cuenta de Instagram, donde reconoció el riesgo al que se expuso al utilizarlo sin supervisión profesional.

Ante el auge del consumo y la exigencia de receta médica para acceder al fármaco, ha emergido un submundo paralelo donde Ozempic y sus derivados se comercializan sin prescripción, al margen de cualquier control sanitario.

La comercialización en el mercado clandestino se difunde principalmente a través de redes sociales como Facebook e Instagram, y suele ser ofrecida por personas sin formación en el área de la salud. Aunque el precio es menor que el de las farmacias, esos 70.000 pesos que puede costar el lápiz no ofrecen ninguna certeza sobre su efectividad ni, más importante aún, sobre los posibles daños que podría estar provocando en la salud.

En este escenario, las advertencias médicas quedan completamente fuera del proceso: desde la correcta refrigeración hasta la administración adecuada de las dosis, aspectos esenciales para evitar riesgos y resguardar el bienestar del paciente.

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En la propia página oficial de Ozempic se detallan los efectos secundarios más comunes —como náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal y estreñimiento—, así como riesgos menos frecuentes pero más graves, entre ellos pancreatitis o complicaciones gastrointestinales severas. Además, se enfatiza la importancia de conocer los antecedentes médicos personales y familiares antes de iniciar su uso para resguardar la seguridad del paciente. Sin embargo, quienes acceden al fármaco sin profesionales de por medio, suelen pasar por alto estas precauciones, exponiendo directamente su salud.

A Luisa Gutiérrez (42), profesional peruana residente en Santiago, esta sustancia le fue recetada por su nutriólogo en 2025. Necesitaba bajar de peso con prontitud: sus indicadores superaban los rangos recomendados para su estatura y la situación comenzaba a afectar la salud de su rodilla. Así, inició un descenso de peso acelerado bajo supervisión médica.

No tuvo problemas con el uso del medicamento —pues contaba con prescripción médica—; sin embargo, el impacto psicológico en su entorno sí se hizo evidente. Comentarios como "te ves más linda ahora" o "te sentó bien ese glow up" la llevaron a preguntarse por qué su tez morena, el cabello rubio teñido o sus rasgos —marcados por una nariz perfilada y pómulos prominentes— no bastaban para satisfacer las expectativas de la sociedad que la rodea.

Con el tiempo, esas palabras se instalaron en su memoria y terminaron influyendo en su relación con el fármaco, reforzando la idea de seguir utilizándolo.

—Los estereotipos de belleza y la gordofobia que existen hoy no celebran la diversidad corporal, y eso empuja a buscar soluciones rápidas como Ozempic —señala Araya.

El efecto rebote y la trampa psicológica del fármaco

La doctora Catalina Fullerton (38), médico nutrióloga especializada en obesidad y enfermedades metabólicas, hace una distinción importante: si bien Ozempic no es adictivo en términos médicos, puede volverse problemático en el plano psicológico, especialmente cuando su uso comienza a sostenerse en la validación externa y la presión del entorno.

Según advierten especialistas y psicólogos, el "mágico" mundo de Ozempic está lejos de ser tan prometedor como aparenta. Detrás de la promesa de una baja de peso rápida y eficaz, emergen riesgos que no siempre se ven a simple vista: una relación cada vez más tensa con el cuerpo, la comida y la propia autoestima, atravesada por la presión social y la validación externa.

De esta forma, también se advierten efectos secundarios al suspender el medicamento, entre los que destaca el llamado "efecto rebote", en el que el peso perdido puede recuperarse con la misma rapidez con que se fue. Esto ocurriría porque desaparece la saciedad artificial que genera el fármaco, dejando a la persona nuevamente expuesta a las señales de hambre que experimentaba antes de comenzar a inyectarse.

—Los trastornos de conducta alimentaria se caracterizan porque nunca es suficiente —explica la psiconutrióloga—: Hay una baja de peso y luego otra, y nunca aparece un "basta".

Nunca existe un "es demasiado", porque en este "mágico" mundo de Ozempic esa palabra simplemente no tiene lugar. O, al menos, no hasta que la magia se desvanece y sólo nos deja con: el mundo de Ozempic.