En medio del reordenamiento del progresismo chileno de cara al gobierno conservador de José Antonio Kast, los partidos del actual oficialismo se preparan para pasar a la oposición en el marco de un repliegue posterior a los fatales resultados de las últimas elecciones en donde Republicanos pasó a la primera línea de la política.
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Pierina Ferretti y división del progresismo: "La Ley Naín-Retamal y el fallo de Claudio Crespo fue más bien una excusa"
Y es que tiendas como el Frente Amplio -que encabezó el Ejecutivo de la mano del Presidente Gabriel Boric-, el PC, el PS y los otros miembros del Socialismo Democrático pasan factura, buscan responsabilidades y expresan diferencias en un intento por defender su identidad y al mismo tiempo concretar la difícil tarea de la unidad del sector.
Lo cierto es que las proyecciones que realizan los dirigentes de centroizquierda no son alentadoras en virtud a que frenteamplistas y socialistas no se encuentran en un buen momento a nivel relacional. Lo anterior plantearía más de una coalición opositora ante una eventual mayoría de la derecha también en el Congreso Nacional.
En ese contexto, la socióloga y presidenta de la Fundación Nodo XXI, Pierina Ferretti, conversó con El Desconcierto sobre los logros y fracasos de la primera administración progresista liderada por ex dirigentes estudiantiles con mirada crítica pero reivindicativa.
La también integrante del Consejo Consultivo del Instituto Nacional de Derechos Humanos analizó desde la reforma de pensiones hasta las tensiones internas entre los oficialistas, repasando el polémico caso Monsalve y la relación de la izquierda con los movimientos sociales y las clases populares.
Balance del gobierno: logros e insuficiencias
-¿Cuál es tu balance del gobierno de Gabriel Boric, este primer gobierno con exdirigentes del movimiento estudiantil?
Tengo un balance que rescata cuestiones muy importantes, logros que van a trascender al gobierno, pero también tengo miradas críticas. En términos generales, fue un gobierno que logró avances importantes, pero insuficientes o incompletos. También fue un gobierno que gobernó en un período muy excepcional: después de una pandemia, un estallido social, dos procesos constitucionales, seis elecciones. Fue muy difícil gobernar en condiciones tan duras.
De lo que rescato está que un gobierno de izquierda se tiene que notar en el campo de los trabajadores. La ley de 40 horas, la reforma de pensiones, el alza del salario mínimo son avances innegables. La reforma de pensiones, si bien no fue la que hubiéramos querido, sí es una reforma que ya le está subiendo las pensiones a cientos de miles de personas y eso va a trascender.
Creo también que la estrategia del litio, la creación de una empresa estatal para la producción de este mineral estratégico, es algo que no se hacía prácticamente desde la nacionalización del cobre. Esto pone al Estado de Chile en un rol estratégico en la economía, algo que está fuera del ideario neoliberal clásico de sacar al Estado de las actividades productivas.
Destaco también la agenda de justicia de género: la ley de pago efectivo de pensiones tiene un impacto material y subjetivo enorme. Conocemos mujeres que han tenido que mendigar pensiones alimenticias, y ahora el Estado se pone en esto, apoya a las madres, a los hijos e hijas. La aprobación del Sistema Nacional de Cuidados también. Son cuestiones que no se van a notar tanto ahora, pero en el mediano plazo sí, porque somos una sociedad que está envejeciendo.
-Nicolás Cataldo (PC) planteó que este fue el gobierno de la emergencia...
Debiera haber sido nuestro eslogan. A (Sebastián) Piñera y a Gabriel Boric les tocó gobernar en emergencia. A Boric le tocó el final de la pandemia con un alza de inflación que no conocíamos desde los noventa, producto de la guerra de Ucrania y el alza de los granos, también por los retiros.
Un país todavía en pandemia, con un proceso constituyente rechazado, otro proceso también rechazado. Y se sintió de manera muy agresiva el cambio en los patrones de criminalidad que ya veníamos expresando en Chile, pero que se intensificaron postpandemia con procesos migratorios intensos desde Venezuela.
Si bien para el estándar chileno no alcanza los niveles de gravedad de otros países de América Latina, empezamos a conocer un tipo de criminalidad que nos era completamente ajena y que provocó espanto y mucha demanda de orden, con un Estado que no estaba preparado para eso.
Yo no comparto lo que se repite de manera automática de que la izquierda y este gobierno desatendieron la seguridad. En la primera cuenta pública, a pocos meses de asumir, el gobierno aborda la cuestión de la seguridad, empieza a meter plata a Carabineros, a comprarle autos, chalecos antibalas, cuestiones que un gobierno anterior de derecha no hizo.
Tuvimos un gobierno de emergencia, sin duda. Lo que pasa es que eso no sirve para la propaganda política, decir que este gobierno hizo muchos esfuerzos por estabilizar, por normalizar la economía y el funcionamiento del país.
La izquierda y el pueblo
-Se ha dicho que la izquierda perdió al pueblo, que las clases populares se fueron, por ejemplo, al Partido de la Gente. ¿Qué piensas de ese diagnóstico?
Es un diagnóstico correcto, pero eso viene de muy atrás. Pensemos en el proceso grave que tuvimos en Chile de abstención electoral. La abstención era elevadísima en sectores populares. Había comunas donde el 70% de la comuna no votaba. Eso es un sectores populares que a principios de la transición votaban por la Concertación y paulatinamente empezaron a alejarse.
Pero ese pueblo nunca fue de izquierda. Estoy hablando con la gente de izquierda, el nicho propio, que tiene una reforma de pensiones que terminara con las AFP, que no se terminó con las AFP, se la cobran al gobierno. Ahí hay una decepción a un mundo de izquierda ideológicamente de izquierda, que es pequeño, no es mayoritario.
La política se fue divisando, enfrascando, alejándose de las preocupaciones cotidianas de las personas. Los casos de corrupción decepcionan, y cuando se presentan en la izquierda son más castigados que cuando son de la derecha, porque se espera que la izquierda no sea corrupta.
-¿Cómo se puede resarcir esa relación?
Con trabajo. Tenemos que ser los que encabecemos proyectos, políticas, agendas en las que las personas puedan ver reflejados sus preocupaciones.
Tenemos que ser los que estemos peleando por el precio del arriendo, por la especulación con el suelo que encarece la vivienda, contra el endeudamiento por enfermedades, contra el precio alto de los medicamentos.
Tenemos que estar del lado de las personas que están peleando por bienes públicos, por el precio de las carreteras, por tener salarios que alcancen más que para sobrevivir.
Hay que demostrarlo con trabajo, con proyectos, con estar donde están las personas que están peleando por vivir mejor. Si hay conflictos socioambientales, hay que estar ahí. Si hay conflicto por el precio de las carreteras, hay que estar ahí. Es un trabajo del mediano, largo plazo.
Autocrítica del Frente Amplio
-Muchos dijeron que echaban de menos una autocrítica más elaborada por parte del Frente Amplio. ¿Cuál es tu opinión?
Apenas se perdió la elección presidencial, circularon documentos, todos públicos, con autocrítica bastante duras y honestas. El exministro Giorgio Jackson se hizo autocrítica. No he visto circular documentos de otros partidos donde se hace la autocrítica. Creo que hemos sido un partido que se ha caracterizado por esa capacidad, a veces que raya incluso en lo autoflagelante, pero sí ser muy buenos para la autocrítica.
Una autocrítica que hago es haber retrasado la presentación de las reformas importantes esperando los resultados de la Convención Constitucional. Nos faltó ahí estrategia, haber considerado que siempre era una posibilidad perder también. Nunca un gobierno tiene un mejor momento que el principio para llevar adelante proyectos en el Congreso.
También creo que el Frente Amplio no le dio la prioridad que debía haber tenido al proceso constituyente en el trabajo del partido. Siendo un proceso político fundamental cuyo resultado iba a tener consecuencias trascendentes, como las está teniendo hasta el día de hoy.
Y otra autocrítica es que no tuvimos en determinados momentos la suficiente entereza, fuerza y templanza para no desperfilarnos en la agenda de seguridad, ser capaces de imprimirle siempre una perspectiva de izquierda, progresista, respetuosa con los derechos humanos, y a veces haber sido más firmes en tolerar las críticas de la derecha y la prensa.
La Ley Naín-Retamal: un error estratégico
-¿Fue un error haber impulsado la reforma tal como está, la Ley Naín-Retamal?
Yo creo que sí. Era un momento de enorme tensión, presión, estrés hacia el Congreso para que se aprobara esa ley, pero teníamos a todas las instituciones de derechos humanos locales e internacionales en Chile, desde la ONU, Amnistía Internacional, el Instituto Nacional de Derechos Humanos, advirtiendo que era una ley lesiva en materia de derechos humanos.
Habría que haber sido firmes en decir que, por supuesto, todo el apoyo al mundo de Carabineros y todas las reformas que se tenían que hacer en los procesos penales y de investigación, pero para mejorar esas cuestiones y darle apoyo a Carabineros no era necesario apoyar y promulgar esa ley.
En la fundación siempre consideramos que era una ley que se podía prestar o se iba a prestar para la impunidad, que los carabineros ya tenían el derecho a la legítima defensa, que los carabineros asesinados en Cañete o en otras circunstancias la Ley Naín-Retamal no los hubiera protegido más. No era una ley que protegiera al carabinero.
Una cosa es el combate al crimen organizado cuando los carabineros están siendo asesinados con armas de guerra, y ahí nadie va a poner en cuestión que hagan uso de sus armas y se defiendan. Otra cosa es en un contexto de control del orden público, donde un carabinero de Fuerzas Especiales no está en riesgo su vida porque un manifestante le lanza una piedra.
No es un manifestante con una bazuca o una ametralladora, es un manifestante con una piedra. La proporcionalidad, todas esas cuestiones tan importantes para que el uso de la fuerza pública sea legítima, se desdibuja con esa ley.
Nos faltó firmeza. La izquierda y el progresismo no tienen que demostrarle a la derecha ni a los diarios de la derecha que se toman en serio la seguridad. Estamos seguros de que nos tomamos esto en serio, lo estamos haciendo en serio, pero eso no significa que tengamos que abrazar soluciones reñidas con la protección y la promoción del derecho humano.
Tensiones con Socialismo Democrático
-Esta ley provocó grandes diferencias en el oficialismo. El Socialismo Democrático dijo que iba a correr por su lado... ¿Cómo ves esta configuración de la futura oposición?
Hay peleas grandes y peleas chicas. Sobre esta trifulca a propósito de la Ley Naín-Retamal y del fallo de Claudio Crespo, para mí fue más bien una excusa para desatar una pelea. Reconozco también que no debiera ser parte de nuestra cultura política los señalamientos con dedo, la publicación de listas. Me parece que se planteó de una manera poco productiva, poco constructiva, agresiva.
Hay una tendencia que es bien destructiva: tratar de excluir a quienes han sido tus socios de coalición solo dando la impresión de que ves en tus aliados potenciales enemigos o la causa de tus problemas. Creo que hay sectores en los partidos del Socialismo Democrático, algunas figuras que atacan constantemente de una manera muy agresiva y que preferirían que el Frente Amplio no existiera. Pero no creo que esa sea la posición mayoritaria.
Todos los partidos estaban muy ávidos de participar en el Ejecutivo y de tener puestos importantes. No corresponde, después de cuatro años de haber gobernado un conjunto, señalar que los costos son de uno y no de otro. Hubo errores cometidos por todos, hay crisis asociadas al Frente Amplio, hay crisis asociadas al Socialismo Democrático. Si nos pusiéramos a sacar trapitos al sol, nadie sale limpio.
-¿Eres partidaria de la unidad?
Soy partidaria de la unidad, pero una unidad que permita la originalidad, la singularidad y la libertad de cada componente. Que se expresen las diferencias y que podamos tener puntos en común. Eso no se hace de un día para otro, es un proceso, no se puede forzar, pero sí hay que tener voluntad política.
Ningún partido por sí mismo va a poder construir una mayoría, ganar una elección, gobernar este país. Eso yo lo veo imposible. El último partido que gobernó solo fue el Partido Demócrata Cristiano de Frei Montalva en 1964. Todo el resto han sido coaliciones.
Creo que tenemos que hacer mucho esfuerzo en no caer en provocaciones. La prensa de derecha nos viene a decir cuál es la oposición responsable, cuál es la irresponsable, quiénes son los adultos, quiénes son los niños. Cada vez que picamos en ese anzuelo nos hacemos mucho daño y hacemos el favor a la derecha. Si nos peleamos, que nos peleemos por nuestras propias causas, no por las que nos ponen de afuera.
Caso Monsalve y movimientos sociales
-Los movimientos sociales quedaron con un sabor amargo. El feminista por el caso Monsalve y por una "instrumentalización del feminismo", y el ambientalista por el "retroceso" en permisos sectoriales. ¿Qué les dirías?
La relación de los gobiernos con los movimientos sociales siempre es tensa. Los movimientos son fuerzas de la sociedad que ponen límites, que ponen alerta, que impiden retrocesos, y siempre van a ser más transformadores, más exigentes, más implacables con los gobiernos.
Comparto la crítica a cómo se trató el caso Monsalve, mucho. Y creo que transversalmente es reconocido que hubo un mal manejo de ese caso. Ahora, imagino que también las dirigentas feministas que hacen esa justa crítica reconocerán que hubo avances por la ley de pago efectivo de pensiones, el Sistema Nacional de Cuidados. Está bien esa crítica, no esperaría menos del movimiento feminista, y es justo que se pasen las cuentas.
El gobierno se puso una vara muy alta al autodenominarse gobierno feminista. Eso también te expone a que te pasen las cuentas. Eso nos enseña a ser más humildes y decir que el feminismo es una vara muy exigente y hay que tomársela en serio. No vamos a poder decir que estamos listos, que no vamos a cometer errores. Creo que ha habido una voluntad de reconocerlo, de resarcir errores. No creo que vuelva a pasar algo como lo que pasó con Monsalve.
Respecto a lo medioambiental, coincido en parte. No fue bueno que partes del gobierno abrazaran de manera tan acrítica la idea de la permisología, que es un término que inventó la derecha para relativizar y denostar la necesidad de un sistema de permisos ambientales.
Pero la ley de permisos sectoriales no es un retroceso civilizatorio y no toca materias ambientales, no se reformó el sistema de permisos ambientales. Lo que hizo fue racionalizar un sistema de permisos que era irracional y que hacía que poner un restaurant resultara una tramitación kafkiana e interminable.
Hay una tensión fuerte entre el ambientalismo y el desarrollismo que es histórica, que se ha expresado en otros países. En Chile nos hace falta más diálogo y más reflexión entre los movimientos ambientalistas y las izquierdas desarrollistas. Somos un país minero, no vamos a dejar de serlo de la noche a la mañana. ¿Cuáles van a ser los pactos que vamos a alcanzar entre la protección medioambiental y el desarrollo?