El llamado Reloj del Juicio Final volvió a adelantarse y encendió una nueva señal de alerta global.
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El llamado Reloj del Juicio Final volvió a adelantarse y encendió una nueva señal de alerta global.
El Boletín de Científicos Atómicos informó que el indicador simbólico quedó fijado en 85 segundos antes de la medianoche, la distancia más corta jamás registrada entre la humanidad y una posible catástrofe global.
La nueva medición implica un avance de cuatro segundos respecto de la evaluación anterior y, según los expertos, refleja un deterioro sostenido del escenario mundial, marcado por múltiples amenazas simultáneas.
Durante el anuncio, Daniel Holz, profesor de física de la Universidad de Chicago y presidente del comité de ciencia y seguridad del boletín, fue enfático: “Nuestros líderes deben mejorar. Nosotros debemos mejorar”.
El Reloj del Juicio Final fue creado en 1947 por científicos vinculados al Proyecto Manhattan, la iniciativa que desarrolló las primeras bombas atómicas.
Su objetivo era representar, de manera simbólica, cuán cerca se encontraba el mundo de una destrucción a gran escala, inicialmente asociada al riesgo nuclear.
Ese primer año, el reloj se fijó en siete minutos antes de la medianoche. El momento más lejano de la “hora final” se registró en 1991, cuando marcó 17 minutos, tras el fin de la Guerra Fría.
Con el paso de las décadas, el indicador dejó de considerar únicamente el peligro nuclear y comenzó a incorporar nuevas variables, reflejando un escenario internacional cada vez más complejo.
Hoy, el reloj evalúa, entre otros factores, el cambio climático, el desarrollo de armas nucleares, los riesgos biológicos, el avance de la inteligencia artificial y la desinformación.
De acuerdo con el Boletín de Científicos Atómicos, el cambio climático es uno de los principales motores del actual nivel de riesgo, debido al aumento de fenómenos extremos como inundaciones, sequías y tormentas.
Si bien existe el Acuerdo de París, el organismo advierte que los compromisos de reducción de emisiones siguen siendo insuficientes.
Otro elemento clave es el rápido desarrollo de la inteligencia artificial, tecnología que, según los expertos, podría facilitar la propagación de desinformación y fortalecer a regímenes autoritarios.
A esto se suma el persistente peligro de una guerra nuclear, en un contexto donde tratados relevantes entre potencias están próximos a expirar, así como las amenazas biológicas, evidenciadas tras la pandemia de Covid-19 y el riesgo de aparición de nuevos virus con potencial similar.
Desde el organismo subrayan que el reloj no busca predecir el futuro, sino advertir sobre los peligros actuales.
En esa línea, Alexandra Bell, presidenta y directora ejecutiva del boletín, sostuvo: “El reloj no predice el futuro, sino que ilumina nuestra realidad actual. El reloj ya ha retrocedido antes, y puede volver a hacerlo”.
La señal, recalcan los científicos, es un llamado urgente a la acción para reducir los riesgos que hoy mantienen a la humanidad más cerca que nunca de la medianoche simbólica.