Europa está acabada. Al parecer, dos guerras mundiales no fueron suficientes para que Europa aprendiera la lección. Hoy, los europeos parecen desear volver a su vieja usanza guerrera, que lleva en la sangre. La sangre tira, dicen. ¿Cómo llegamos a esta situación? ¿Cómo es que los líderes de este hermoso continente se han convertido en un puñado de serviles lacayos de un imperio decadente?
Bienvenido al año 2026: Europa, ICE y fascismo
No hay que ser experto para ver que lo que hace Donald Trump con su política errática es ejercer el poder imperial en su forma más desnuda y sin frenos. Aunque Europa sigue siendo servil a esos intereses, ya es evidente lo que eso significará para su propia industria en declive, excepto, claro, la industria militar. Porque ya la meta no parece ser desarrollar Europa, sino generar las condiciones para que, en unos años, inicie la gran guerra contra Rusia. Ese es el mensaje cargado de frivolidad guerrera y nihilismo que nos irradia desde esas élites.
Pero no debemos sorprendernos por ese actuar cargado de militarismo, hipocresía y disonancia cognitiva tan característico de sus élites políticas y del poder mediático. Aquí algunos ejemplos: Ya lo veíamos en el caso de las negativas a reconocer los intereses de seguridad de Rusia ante la continua expansión de la OTAN; los intentos desesperados por continuar la guerra en Ucrania, aunque eso signifique la completa inviabilidad demográfica de ese país y el empobrecimiento lento pero seguro de la propia Europa.
Luego fueron las complicidad de los europeos en el genocidio de Gaza, que hasta el día de hoy siguen negando descaradamente (mención especial merecen los alemanes); también aplaudieron los bombardeos a Irán, de hecho, el canciller alemán agradecía a los israelitas por hacer el “trabajo sucio”; apoyaron el cambio de régimen que llevó al derrocamiento de Asad en Siria y la instalación del otrora líder del grupo terrorista de al Qaeda, Al Jolani, otra muestra de esa ya conocida política occidental de instalar a uno de “nuestros hijos de Puta” que sirviera los intereses imperiales; y, obviamente, a comienzos de este año, cuando el matón imperial secuestró al presidente de Venezuela Nicolás Maduro, los europeos tampoco condenaron estos hechos, más bien se limitaron a afirmar que apoyarían una “transición hacia una democracia”.
Como buenos lacayos, se cuidaron de no ofender a su jefecito. En fin, Europa no ha sido capaz de condenar ninguna de las violencias que los Estados Unidos cometen en otros países. Al parecer, impera ahí la línea de división racial basada en ciertos supuestos de supremacía blanca, según los cuales, lo que les pasará a los “otros” (latinos, morenos, árabes, negros) no les pasará a ellos. Pero es cosa de mirar nada más lo que sucede en el corazón del imperio, donde ya ni los ciudadanos estadounidenses están a salvo del ICE.
También habrá que esperar a ver qué sucede con Groenlandia. Probablemente se llegue a algún acuerdo y Europa le entregará la isla tras alguna que otra “negociación”. Ya se están dando los primeros signos en el foro de Davos, y en un giro algo extraño el mandatario alemán, Friedrich Merz, anunció que el gran peligro para Groenlandia no es Estados Unidos sino Rusia, y que había que defender la isla.
Así que, con semejantes muestras de vivir en un mundo de fantasía y gimnasia narrativa, a Trump no le hace falta invadir Groenlandia, porque Europa se lo dará sin chistar. ¿Cuál bota les sabrá mejor, la rusa o la gringa? Los europeos, al parecer, tienen sus preferencias. El imperio ya declaró a Europa parte de su “zona de influencia” en su reciente Doctrina de Seguridad Nacional. Europa ya está entregada a los intereses imperiales.
Además, con esos mal llamados “líderes” poco podemos esperar que haya alguna resistencia, más allá de dar muestras de valentía y enviar tropas a Groenlandia como demostraciones simbólicas de una supuesta soberanía europea. ¡No, señor! Europa jamás se va a levantar contra su jefe. Y si no me creen, solo escuchen al Sr. Mark Rutte, jefe de la OTAN, hablándole al emperador “daddy” Trump de lo genial que es y de lo bien que ha hecho al mundo. Rutte es un ejemplo de lamebotas “nivel Dios”, pero esto pasa porque la OTAN sabe que sin Estados Unidos no son nada, sobre todo porque, muy en el fondo de esas almas corrompidas por el atlantismo trasnochado, se sigue con la esperanza de que Estados Unidos les ayude en su gran guerra contra Rusia.
Con tales acontecimientos agolpándose en tan poco tiempo, parece evidente el declive de Occidente. En Estados Unidos la policía ICE causa estragos en las comunidades y los barrios, actuando como nueva Gestapo del S. XXI, abocada a secuestrar y deportar no solo a supuestos “inmigrantes”, sino también a ciudadanos norteamericanos cuyo único delito es tener la piel un poco más oscura. Mientras crezca la resistencia de la ciudadanía ante el ICE, es probable que crezca también el número de muertos y ejecuciones a sangre fría.
También aquí esto es solo el comienzo. Son las comunidades las que ahora sufren en carne propia las consecuencias de los múltiples acuerdos de Trump para afianzar su sistema de “gulags” imitando el modelo “ Bukele”, que ha creado una red de prisiones para los inmigrantes criminalizados. Como recientemente escribió el historiador melanesio Chandran Nair sobre la violencia de Estados Unidos: “No puedes normalizar la ilegalidad en el extranjero y esperar respeto por la ley en casa. No puedes construir el dominio global sobre la coerción y esperar cohesión interna. La violencia viaja hacia adentro.”
Si lo que ocurre en ese país no es fascismo, por favor, díganme qué es. Observamos, atónitos, la deriva fascista en el corazón del imperio y la reinvención de nuevas formas de ejercer la violencia y de su impunidad. Gaza es y sigue siendo un laboratorio de la futura violencia policial y militar: vigilancia, drones, contrainsurgencia, el paquete completo. Y si no me cree, pues pregúntele a Elbit System.
Sabemos que los líderes políticos genocidas y cómplices, como Netanyahu, Biden, Blinken, Trump, Scholz, Van der Leyen, Merz, Starmer, Macron, TODOS gozan de completa impunidad, mientras que los palestinos continúan siendo masacrados por Israel. De hecho, más allá del genocidio en Gaza, el “Plan de Paz”, la “Riviera de Gaza” y el reciente “Peace Board” -real gabinete de horror- parece que hemosvuelto a la lógica de la extracción colonial del siglo XIX. Mientras se comienza a vivir el efecto “ boomerang” de la violencia colonial, que se vuelve contra las metrópolis del imperio. Si toda esa violencia ha funcionado tan bien afuera, ¿por qué no también adentro?
Mientras Trump aplica una política de corrupción abierta a favor de su enriquecimiento personal, también ayuda a sus aliados, como Netanyahu y compañía, a permanecer impunes. En este proceso, el imperio va destruyendo todos los consensos internacionales que alguna vez se forjaron para mantener el equilibrio de poder en el mundo. Sabemos que esas instancias –desde la ONU, la Corte de Justicia Internacional (ICJ) y Corte Criminal Internacional (ICC)-, fueron creadas para asegurar la hegemonía del imperio. Funcionales a la hora de otorgar legitimidad política a alguna operación de cambio de régimen, de bombardear países del sur global o de perseguir a líderes políticos que les molestaban.
Ahora, que el poder imperial se debilita más y más, habiendo poderes emergentes que lo desafían, su violencia parece ir en aumento, mostrando un desprecio sin precedentes por todas las reglas alguna vez edificadas y que permitieron sostener su soft power (poder blando). Pero hoy los tiempos son otros. Con todo su poderío militar, Estados Unidos ya no parece capaz de crear ni de producir, más bien, ahora les toca robar y destruir.
En el mundo de hoy rige el darwinismo social, la ley del más fuerte. Pero esas fuerzas destructoras, violentas e increíblemente racistas son los vientos que emanan de occidente. Fueron esas ideas las que llevaron al mundo a las dos guerras mundiales. Si hoy, la llamada disuasión nuclear será suficiente como para evitar un choque frontal entre estas superpotencias, está por verse. Pero esto resulta improbable con un emperador fascista, narcisista y desatado.
Europa, a su vez, está donde debe estar: debajo de la bota del imperio. Porque, claro está, ya se acabaron los días felices en los que el “Viejo Continente” sacaba provecho de su alianza estratégica con Estados Unidos; ahora les toca pagar por su servilismo, cosechando el desprecio del emperador. Todo ello les saldrá muy caro a los europeos. Si pensabas que el año 2025 no fue suficiente muestra de horror y violencia, pues espérate lo que vendrá. Bienvenido al año 2026.