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La PAES, como el mito del “mérito” en un Chile desigual
Foto: Agencia Uno

La PAES, como el mito del “mérito” en un Chile desigual

Por: Joaquín Jerez Cabezas | 20.01.2026
El debate sobre la PAES no es sólo técnico, sino que profundamente político. No puede tratarse solamente de cómo medimos conocimientos, sino de qué desigualdades estamos dispuestos a normalizar en nombre de la tan aclamada “meritocracia”.

Cada año, casi como una tradición a nivel nacional, miles de jóvenes chilenos se sientan frente a una hoja de respuestas con el mismo nudo en el estómago. La Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) llega cargada de expectativas y miedos mucho más pesadas que el lápiz con el que marcamos las alternativas. 

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Nos dicen que es solo una prueba, pero para muchos se siente como algo bastante más grande: doce años de colegio resumidos en un par de horas, en silencio y bajo la presión de no equivocarse en una sola alternativa.

Se supone que esta es la “gran llave al futuro”, la prueba de que con esforzarse suficiente basta. Pero cuando uno mira alrededor, a los liceos, los contextos y sus oportunidades, la pregunta aparece sola: ¿de verdad esa llave abre las mismas puertas para todos? 

En este contexto, miramos hacia nuestro punto de partida. No todos los estudiantes llegan desde un mismo lugar, algunos tuvieron acceso a preuniversitarios pagados y de renombre, profesores particulares, acompañamiento permanente y estabilidad; mientras que otros estudiaron con recursos escasos, con profesores que constantemente rotaban, trabajando, cuidando y estudiando al mismo tiempo.

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Pretender que un mismo instrumento mida tan distintas trayectorias como si fueran equivalentes es, por lo menos, cuestionable. El problema a veces no resulta en evaluar o exigir, sino en insistir en que un resultado numérico refleja únicamente mérito y esfuerzo individual, desconociendo el peso de las desigualdades estructurales que atraviesa nuestro sistema educativo.

De esta forma, la PAES deja de ser solo una prueba y pasa a convertirse en un reflejo, en un espejo del país que somos; uno donde el origen y el apellido sigue influyendo demasiado en el destino y las oportunidades. 

Al final el debate sobre la PAES no es sólo técnico, sino que profundamente político. No puede tratarse solamente de cómo medimos conocimientos, sino de qué desigualdades estamos dispuestos a normalizar en nombre de la tan aclamada “meritocracia”.

Mientras sigamos evaluando como si todos hubiéramos tenido las mismas oportunidades, el resultado seguirá siendo predecible: un sistema que selecciona, con el que se compite, pero nunca de manera justa.

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