Incendios forestales y humo tóxico: Cómo el material particulado daña el organismo y cómo elegir la mejor mascarilla
Con la emergencia nacional que mantiene a las regiones del Biobío y Ñuble bajo estado de Catástrofe por los numerosos incendios forestales que ya han cobrado la vida de 20 personas, una de las preocupaciones que afecta directamente a la salud de los afectados es el humo tóxico que envuelve el ambiente y que se expande a otras localidades.
Ante ese escenario, la directora de la carrera de Enfermería Campus Casona de la Universidad Andrés Bello, Marcela Díaz Fluhmann, explica cuáles son los riesgos de inhalar material particulado e indica cómo elegir la mascarilla adecuada para reducir los efectos negativos en el organismo.
Según la especialista, el humo de incendio contiene partículas finas, gases irritantes y compuestos tóxicos, que es producido por la combustión de la vegetación junto a plásticos y otros materiales.
¿Cómo el humo de incendio impacta el organismo?
La exposición al humo de incendio produce irritación de los ojos, gargantas y vías respiratorias. A su vez, el material particulado fino PM2.5 —partículas microscópicas— penetra los pulmones, cuando son menores a 2,5 micrones.
Este material se almacena en los alvéolos pulmonares y facilita el desarrollo de crisis respiratorias agravando patologías como el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), explica la especialista.
En tanto, el monóxido de carbono y los compuestos irritantes producen inflamación aguda, estrés oxidativo celular (exceso de radicales libres y falta de antioxidantes) y aumento de la reactividad respiratoria y cardiovascular.
Si la exposición al humo es prolongada, puede generar tos constante, mareos, dolor torácico al momento de respirar e irritación ocular y posible conjuntivitis.
¿Qué tipo de mascarilla es la más adecuada?
La especialista sugiere utilizar los modelos N95, KN95 o FFP2, ya que filtran más del 95% de las partículas PM2.5. Estas deben ajustarse bien en la nariz como en la boca y cambiarse cada 4 a 8 horas en caso de humedecerse.
Respecto al uso de mascarillas quirúrgicas básicas, Fluhmann no las recomienda porque no filtran adecuadamente, y por lo tanto tampoco se aconseja sean utilizadas por niños y niñas menores de dos años.