Aprender a nadar también es una política pública
En Chile solemos creer que los grandes problemas solo se resuelven con grandes políticas públicas: reformas estructurales, largos procesos legislativos y presupuestos millonarios. En muchos casos eso es necesario, pero no siempre suficiente. A veces las respuestas más efectivas son también las más cercanas, simples y oportunas.
La educación pública enfrenta hoy desafíos conocidos: problemas de convivencia, inasistencia, sedentarismo, bajo rendimiento académico, desmotivación y una débil vinculación de las familias con las escuelas. A ello se suma la segregación territorial y social que sigue marcando nuestro sistema educativo. El diagnóstico está claro; lo urgente es cómo intervenir de manera efectiva.
En Puerto Varas hemos comprobado que una respuesta concreta puede parecer inesperada: aprender a nadar.
Aunque los municipios no somos sostenedores del sistema educativo, sí tenemos responsabilidad sobre el bienestar, la seguridad y el desarrollo integral de la infancia. Entendemos la educación como un ecosistema, donde la acción municipal puede y debe aportar desde la prevención, la salud y la equidad territorial.
Somos una comuna lacustre, rodeada de ríos, playas y dos lagos que forman parte de nuestra vida cotidiana. En ese contexto, la natación no es solo una actividad física: es una herramienta de seguridad, autonomía y confianza. También es una cuestión de justicia, porque el acceso a este aprendizaje ha sido históricamente desigual.
Por eso impulsamos una política pública comunal, universal y financiada íntegramente con recursos municipales, que benefició a más de 800 estudiantes de 26 establecimientos, urbanos y rurales, públicos y privados. No se trata de talleres aislados, sino de un programa incorporado a la jornada escolar, con planificación, diagnósticos iniciales y protocolos de seguridad adecuados a cada realidad.
Los datos iniciales fueron reveladores: muchos estudiantes nunca habían estado en una piscina ni habían tenido contacto directo con el lago. En un territorio como el nuestro, eso no es anecdótico, es desigualdad. A ello se suma un impacto aún más profundo.
En una escuela diferencial, los episodios críticos de desregulación de niños con discapacidad disminuyeron drásticamente. En otros establecimientos aumentó la asistencia, mejoró la autoestima y se fortaleció el vínculo entre niños, niñas y sus familias.
Este programa no busca formar deportistas de alto rendimiento, sino entregar habilidades básicas para la vida, promover la actividad física y generar confianza. Todo desde una mirada de bienestar integral, entendiendo que el desarrollo de la infancia no depende de un solo sector, sino de acciones coordinadas.
Desde Puerto Varas creemos que los municipios deben liderar políticas públicas que rompan la inercia y mejoren la calidad de vida desde la infancia. Invertir en prevención no solo mejora indicadores locales: demuestra que es posible gobernar con anticipación y sentido de futuro.
Cuando un municipio decide invertir en prevención y bienestar desde la infancia, no está haciendo un gesto simbólico ni accesorio. Está tomando decisiones que cambian trayectorias de vida. Y eso es ejercer la política en su sentido más profundo.