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Un reajuste urgente para un futuro de incertidumbre

Las manifestaciones del sector público incomodan a quienes prefieren un Estado débil y precarizado, pero fortalecen la democracia. Escucharlas y actuar en consecuencia es parte del deber político. Defender este reajuste es también defender la continuidad de los servicios públicos y el respeto por quienes los sostienen.
11 de enero de 2026 - 00:00

El debate sobre el reajuste del sector público se da en un contexto de incertidumbre que no es casual ni neutro. Sabemos que se viene un inminente cambio de gobierno, y con él, inseguridad sobre cómo el futuro presidente va a disminuir los USD $6.000 millones comprometidos del presupuesto.

Hay sectores que, una vez más, intentan instalar la idea de que los derechos laborales son un problema y no una condición básica para el funcionamiento del Estado.

Esa mirada, promovida históricamente por la derecha, vuelve a aparecer con fuerza: fragmentar el proyecto, dilatar su tramitación o reducirlo a un mero cálculo fiscal es una forma encubierta de debilitar a quienes trabajan en el Estado, a las y los funcionarios que hacen posible que los derechos sociales no se queden en el papel, sino que lleguen efectivamente a las personas a través de la salud, la educación, la protección social y los servicios públicos en todo el país.

En lo concreto, ya hemos avanzado. El proyecto fue aprobado en general y se han despachado un poco más de quince artículos correspondientes a las materias que consignaban mayor acuerdo entre las y los integrantes de la comisión, varios de ellos derivados de acuerdos tomados en la Ley de Presupuestos.

Ese avance demuestra que, cuando hay voluntad, es posible responder con responsabilidad a las urgencias de las y los trabajadores. Nuestra expectativa es que este proyecto pueda quedar despachado el día lunes, y en ese objetivo vamos a trabajar con toda la fuerza necesaria, porque lo que está en juego no es un trámite legislativo, sino las condiciones laborales y la certidumbre de miles de trabajadoras y trabajadores del sector público.

Las y los trabajadores del sector público no son una variable de ajuste. Son quienes mantienen en pie al Estado incluso en los momentos más difíciles, garantizando derechos, servicios y políticas públicas cuando otros solo hablan de cifras y balances. Son enfermeras, TENS, policías, carabineros, doctores, profesoras, profesores y tantos más.

Tengo que decirlo con responsabilidad, este reajuste probablemente no es el que esperaban las y los trabajadores. Las demandas de las y los trabajadores son legítimas y responden al alza del costo de la vida y a años de sobrecarga laboral. Sin embargo, frente a ese escenario, nuestra responsabilidad es asegurar certidumbre, estabilidad y reglas claras, especialmente cuando ya se anuncian retrocesos en derechos sociales bajo el argumento de la “austeridad”.

Las manifestaciones del sector público incomodan a quienes prefieren un Estado débil y precarizado, pero fortalecen la democracia. Escucharlas y actuar en consecuencia es parte del deber político. Defender este reajuste es también defender la continuidad de los servicios públicos y el respeto por quienes los sostienen.

Seguiremos defendiendo cada espacio y cada derecho, porque el reajuste del sector público no es un privilegio, es una condición mínima de dignidad laboral y una señal clara de qué lado estamos cuando toca decidir.

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