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ASEAN y la necesidad de integración regional en Latinoamérica
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ASEAN y la necesidad de integración regional en Latinoamérica

Por: Daniela Núñez Jara | 08.01.2026
Chile y la región deberían mirar a ASEAN no solo como un mercado donde diversificar o un refugio económico ante las tensiones arancelarias globales, sino como una experiencia de integración práctica y resiliente. Su modelo, aunque no libre de imperfecciones, ha sabido equilibrar soberanía nacional con acción colectiva, y cultivar una identidad regional sin anular las diferencias. Esto, nos entrega sin duda, una clave para nuestro futuro regional, más allá de las tendencias políticas del momento.

En un mundo en fragmentación, con un orden global en reconfiguración, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) sigue ofreciendo un modelo de integración resiliente que ha logrado mantener la estabilidad, navegando en medio de la incertidumbre global y el enfrentamiento entre potencias.

Aunque es cierto que existen diversos conflictos vigentes en la región, como el enfrentamiento entre Camboya y Tailandia, estos se han abordado de manera multilateral dentro del bloque, para evitar que se conviertan en disputas bilaterales de aún mayor escala.

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Más allá de las controversias que surgen cada cierto tiempo, vale la pena mirar de cerca el modelo de ASEAN, basado en la cooperación y el consenso. Este enfoque es fundamental, no solo para el futuro de Chile, sino también para la región, que enfrenta desafíos globales cada vez más complejos.

La migración y el narcotráfico son temas recurrentes dentro de las agendas de gobierno, más allá de las tendencias políticas de sus gobernantes, los cuales, solo se pueden abordar de manera integral con acción multilateral.

Por otro lado, la reciente publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025, en la que reaparece la narrativa de la Doctrina Monroe, con su idea de esfera de influencia y su práctica de “enlistar y expandir”, constituye una nueva razón para considerar la integración regional como una prioridad.

Entonces, en este escenario ¿qué podemos aprender de este bloque que ha logrado prosperar y fortalecer sus lazos, aún en tiempos de crisis interna y externa? ¿Acaso el modelo de ASEAN que ha sabido navegar frente a una potencia mundial como China, nos puede entregar ideas a nuestra región?

Nuestro país fue pionero en destacar la importancia de Asia Pacífico y establecer vínculos con la región, principalmente de manera bilateral. Sin embargo, la relación con ASEAN como bloque regional es más reciente, aunque con avances significativos.

En 2011, Chile envió a su primer embajador ante ASEAN en Yakarta, aunque no exclusivo para el bloque, y en 2019, se convirtió en el primer país de América Latina (y el segundo en el mundo después de Alemania) en adquirir el estatus de Socio de Desarrollo del bloque. Más recientemente, en 2024, recibimos la visita del Secretario General de ASEAN, Kim Kao Hourn, quien sostuvo reuniones de alto nivel en ámbitos políticos, económicos y académicos.

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Estos hechos evidencian que, aunque la relación entre Chile y la ASEAN es joven y aún tiene un largo recorrido por delante, está avanzando en la dirección correcta. No es menor: ASEAN es la quinta economía más grande del mundo y la tercera de Asia. Además, algunos de sus mercados, como de Vietnam, Filipinas, Malasia o Camboya, muestran tasas de crecimiento envidiables a nivel mundial.

Y por otro lado está Indonesia (país con el que recientemente celebramos 60 años de relaciones diplomáticas), que aparte de los buenos resultados económicos, se posiciona como potencia demográfica, ganando cada vez más peso estratégico.

Si uno considera los lineamientos de la política exterior chilena -como la promoción del multilateralismo y el fortalecimiento de relaciones vecinales-, el modelo de ASEAN merece atención. Se trata de un bloque integrado por diez países profundamente diversos en sistemas políticos, religiosos, sociales y lingüísticos.

Y esto, sin siquiera mencionar los temas limítrofes pendientes. Aun así, han logrado coexistir durante casi 60 años, atravesando crisis internas y regionales, han logrado prosperar económicamente y han usado el consenso para mantener la estabilidad, sin que sus diferencias paralicen completamente la cooperación.

Chile y la región deberían mirar a ASEAN no solo como un mercado donde diversificar o un refugio económico ante las tensiones arancelarias globales, sino como una experiencia de integración práctica y resiliente. Su modelo, aunque no libre de imperfecciones, ha sabido equilibrar soberanía nacional con acción colectiva, y cultivar una identidad regional sin anular las diferencias. Esto, nos entrega sin duda, una clave para nuestro futuro regional, más allá de las tendencias políticas del momento.

Los primeros días de este año vinieron a consolidar lo que ya se venía insinuando en los últimos meses del año pasado. Y aunque el contexto internacional actual genera incertidumbre y cuestionamientos sobre la efectividad de las instituciones y sus reglas, tanto en nuestro continente como a nivel global, en un mundo donde el derecho internacional es frecuentemente instrumentalizado y prevalece la ley del más fuerte, la construcción de una voz latinoamericana unida -proveniente del Sur Global y con vocación pacífica- va más allá de un ideal que muchos temen sea ideologizado.

Es una estrategia indispensable para ganar influencia en el escenario internacional y lograr una verdadera capacidad de acción en nuestra región. Tal vez, en ASEAN, no solo encontremos un socio económico clave, sino también el camino para avanzar en lo que aún falta por construir en nuestra región.

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