ver más

¿Celebrar el Día del Hombre? Hablemos de masculinidad

La igualdad de género no se sostiene solo con políticas, sino con nuevas formas de liderazgo inclusivo: hombres que expresan emociones, que se responsabilizan del cuidado, que escuchan, que piden ayuda, que se atreven a rectificar, que promueven ambientes de trabajo seguros y respetuosos. Hombres capaces de liderar desde la sensibilidad, la conciencia y la ética del cuidado.
Por Juan Pablo Belair Moreno 19 de noviembre de 2025 - 00:00

Cada 19 de noviembre surge la pregunta: ¿tiene sentido un Día del Hombre? La respuesta más asertiva no está en la celebración, sino en la reflexión profunda sobre lo que significa ser hombre hoy, en nuestras casas, en nuestras relaciones y también en nuestras organizaciones.

Durante siglos, la masculinidad fue definida por mandatos rígidos: ser fuerte, proveedor, exitoso, racional, invulnerable. Mandatos que, lejos de empoderar, han terminado encarcelando emocionalmente a los hombres, afectando sus vínculos, su salud y su bienestar.

La evidencia es clara: según la OPS, en América 1 de cada 5 hombres no llega a cumplir los 50 años debido a causas prevenibles como violencia, adicciones, accidentes y enfermedades no tratadas. Las tasas de suicidio son entre 3 y 6 veces mayores en hombres; los homicidios afectan desproporcionadamente a hombres jóvenes; y la mortalidad por accidentes de tránsito refleja patrones de riesgo asociados a demostrar osadía o invulnerabilidad.

La OPS ha sido enfática: ciertos modelos tradicionales de masculinidad funcionan como un determinante social de la salud masculina. En otras palabras, hablamos de un problema epidemiológico. Los hombres consultamos menos, pedimos menos ayuda, normalizamos el malestar (porque esto es ¡sin llorar!), y solemos llegar tarde a los sistemas de salud. Incluso cuando la evidencia señala que el cáncer de próstata es una de las principales causas de muerte masculina, seguimos postergando los controles preventivos por miedo, vergüenza o simples mandatos culturales.

Los costos no son solo individuales. Se proyectan en la vida de nuestras familias, donde muchos niños aprenden desde pequeños que ser hombre es competir o dominar. No es casual que uno de cada tres niños sufra bullying, fenómeno que reproduce estas lógicas tempranas de jerarquía y agresión. Estos modelos se replican luego en la vida adulta y, por supuesto, en los entornos laborales.

Por eso este día puede -y debe- tener sentido si lo convertimos en una oportunidad de concienciación y cambio cultural. Repensar la masculinidad -y reconectar con nuestra masculinidad- no desplaza el foco sobre las mujeres ni relativiza las desigualdades: lo complementa. Y permite que los hombres también se sumen al trabajo por la equidad desde un lugar de responsabilidad, no de amenaza. Es un llamado a revisar cómo los viejos mandatos nos alejan del bienestar, del afecto y de relaciones basadas en la cooperación, el cuidado y el respeto mutuo.

Las organizaciones tienen un rol decisivo. La igualdad de género no se sostiene solo con políticas, sino con nuevas formas de liderazgo inclusivo: hombres que expresan emociones, que se responsabilizan del cuidado, que escuchan, que piden ayuda, que se atreven a rectificar, que promueven ambientes de trabajo seguros y respetuosos. Hombres capaces de liderar desde la sensibilidad, la conciencia y la ética del cuidado.

Por ejemplo, propongo estas acciones organizacionales necesarias:

Pero el cambio no se agota en el plano institucional. También requiere compromisos personales. Algunas acciones que pueden marcar una diferencia real incluyen:

Los hombres que se atreven a mirarse y transformarse no pierden fuerza: ganan conexión, cohesión y potencian su presencia y liderazgo. Y cuando eso ocurre, cambian también las organizaciones, las relaciones y la sociedad entera.

Te Puede Interesar