Ha transcurrido un año desde la COP29 que se celebró en Bakú (Azerbaiyán) y la COP30 que ha comenzado en Belém (Brasil), un periodo durante el que la ciencia ha vuelto a volcar pruebas cada vez más contundentes del cambio climático, de la emergencia que se avecina y del coste de la inacción.
El planeta ya ha superado el umbral de 1,5 grados que se fijó en el Acuerdo de París como límite que no se debería superar; 2024 fue el año más caluroso desde que hay registros y con mucha probabilidad el más caluroso de los últimos 125.000 años; el calor de los océanos está en máximos históricos; los desastres climáticos, mortales y costosos, han aumentado en 2024 y en 2025; y la concentración de gases de efecto invernadero marca récord año tras año.
Camino al colapso planetario
Los informes que ponen sobre la mesa las evidencias del cambio climático se siguen amontonando y durante los últimos meses los principales organismos internacionales y centros de investigación de referencia mundial, así como las principales revistas científicas, se han hecho eco de ese trabajo de la comunidad científica. Varios de esos estudios ejemplifican la contundencia de las pruebas que reportan los investigadores: