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El fascismo que nos acecha: Historia y presente
Foto: WorldHistory.org / Creative Commons

El fascismo que nos acecha: Historia y presente

Por: César Gatica Muñoz | 30.08.2025
En la ultraderecha se esgrime el feble argumento que, debido a su nombre, el partido nazi era socialista. Omite lo medular del socialismo clásico, el cual se fundamentó en la propiedad estatal sobre el sistema económico y que, por el contrario, en el nazismo y en el fascismo ese sistema era absoluta y totalmente privado. En el periodo bélico, obviamente, hubo intervención del estado en el proceso productivo, pero la propiedad privada permaneció incólume.

En la discusión política y en la prensa, diariamente se recuerda que el fascismo representa un grave peligro para la institucionalidad democrática. También, es usual que se asigne el calificativo de fascista a representantes de la extrema derecha, como una lacra que los inhabilita moralmente para intervenir en la actividad política democrática.

Sin embargo, no siempre dichos conceptos son definidos con la debida claridad. A menudo, se menciona el conjunto de las negativas particularidades del fascismo, pero raramente se describe con nitidez su gestación y su estructura orgánica, de manera que no es fácil adquirir una adecuada comprensión de ese fenómeno político.

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Es la historia la que entrega una explicación veraz. El examen de la evolución del fascismo desde el siglo XX hasta el día de hoy demuestra lo siguiente:

  1. El primer componente esencial de un régimen fascista es su organización política dictatorial. Sin totalitarismo no existe un sistema fascista. Ese carácter, además del control de los poderes institucionales, se manifiesta en la supresión de los partidos políticos opositores y de los movimientos obreros y sindicales, en la eliminación de sus dirigentes y militantes, en el atropello a los derechos humanos, en la aplicación de una implacable censura y en la aniquilación de la prensa libre. Obviamente es antimarxista y antidemocrático.

Esta es una materia sobre la que es imperioso poner atención, pues en Chile, según UDP-Feedback (enero 2025) solo un 63% de la población valora el sistema democrático. Este es un hecho perceptible.

Como consecuencia de las políticas fascistas, en el corto plazo se verifica un fuerte deterioro del bienestar material y espiritual de la población, de la educación y de la salud públicas, de las expresiones culturales y de la diversidad social en todas sus manifestaciones. En todos los casos, incrementa la pobreza y concentra la riqueza en pocas manos.

  1. Su segunda característica es que impone una organización de la economía basada en la propiedad privada sobre el sistema productivo y financiero. Es decir, establece un sistema económico capitalista, dirigido, protegido o liberal, el que tiene como objetivo inicial, superar una crisis económica surgida en el seno del propio sistema.

En el régimen democrático los proyectos económicos y sociales, así como las dificultades que enfrenta la sociedad, se conducen según las normas constitucionales que amparan el bien común e imponen exigencias a la actividad privada. Por ello, durante crisis profundas, sectores influyentes del poder económico descartan las herramientas que la democracia proporciona para resolver tales problemas y promueven los golpes de estado y las dictaduras.

El fascismo es conceptualmente simple, la dictadura le permite desarrollar la economía por medio de una política draconiana y controlar el descontento social mediante represión cruenta.

En 1990, después de 17 años de dictadura, la pobreza en Chile era de un 40%. En 2024 transcurridas más de tres décadas de democracia, se redujo a un 6,4%. Las cifras reales de la gestión económica y social de la dictadura, echan por tierra el mito del “milagro económico chileno”. Este tema excede el alcance de estas notas.

En el caso de Alemania e Italia, en 1945, esas consecuencias desastrosas se vieron agravadas en extremo debido a que el derrumbe del sistema fascista fue consecuencia de la derrota del Eje en la 2ª Guerra Mundial. Sin embargo, el fascismo no murió en ese año, solo quedó aletargado y ha seguido siendo una alternativa para la ultraderecha.

El nazismo es un fascismo más cruento en todas sus manifestaciones. El número de campos de concentración lo demuestra. En Europa hubo más de sesenta de dichos campos administrados por Alemania.

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Eran indistintamente de extermino, de reunión, de tránsito, de trabajo y también guetos. En esos lugares fueron asesinados más de seis millones de personas. Mussolini creó campos de internación para enemigos políticos, donde el maltrato que recibían era menos intenso que el que dieron los nazis. Era tiranía, pero no hubo exterminio interno.

Después de la destitución de Mussolini en julio de 1943, los nazis crearon un campo de tránsito en Bolzano y otro de concentración en Risiera di San Sabba.

Racismo, xenofobia, machismo, misoginia, homofobia, antisemitismo, genocidio, masacres, populismo, expansionismo territorial, simplismo intelectual, represión de la intelectualidad, anti masonería, quema de libros y campos de concentración, fueron perversiones que exhibió el nazismo de Hitler, y si bien son componentes habituales de la política fascista, no siempre están todos presentes y no le son exclusivos.

En la ultraderecha se esgrime el feble argumento que, debido a su nombre, el partido nazi era socialista. Omite lo medular del socialismo clásico, el cual se fundamentó en la propiedad estatal sobre el sistema económico y que, por el contrario, en el nazismo y en el fascismo ese sistema era absoluta y totalmente privado. En el periodo bélico, obviamente, hubo intervención del estado en el proceso productivo, pero la propiedad privada permaneció incólume.

Las siguientes son algunas de las empresas privadas que sustentaron la economía nazi y que contribuyeron hasta 1945, de manera decisiva, a la elevación del PIB de Alemania: Filial de la Coca Cola, con la producción de Fanta; filial de IBM (que fue expropiada y entregada a la alemana Dehomag); Volkswagen; Kodak; Hugo Boss (uniformes); Bayer (el gas para la cámaras de extermino), filial de Ford, (segundo productor de camiones para la guerra), Siemens (constructor de cámaras de gas), Opel la filial de General Motors (mayor productor de camiones para la guerra), Krupp, BMW, Adidas (fabricó proyectiles antitanque). La relación es larguísima. Hitler privatizó todas las empresas públicas. El nazismo no solo era capitalista, sino que además empleó mano de obra esclava.

Lo expuesto prueba que Pinochet impuso y administró un régimen fascista, el cual se organizó en base a los dos elementos esenciales de dicho sistema: dictadura y capitalismo extremo. A ello añadió la mayoría de las políticas brutales de segundo orden antes expuestas. De lo indicado se colige que quienes aún hoy valoran la gestión del general, no pueden ser sino adherentes al fascismo, frecuentemente, sin saberlo o sin disposición para reconocerlo.

En Chile, Kaiser y Kast expresan sus inclinaciones totalitarias con total desenfado. Matthei, pese a ser pinochetista, se contradice a este respecto y evade el tema.

La tiranía de Pinochet perpetró crímenes de lesa humanidad y otros de variada naturaleza, constituyó un profundo retroceso político con efectos sociales deplorables y entregó resultados económicos mediocres, ampliamente superados por la democracia que la sucedió. Es por ello que la validación que de esa larga dictadura hacen los candidatos de la ultra derecha, provoca estupefacción y honda preocupación su ánimo por emularla.

Es esperable que las corrientes progresistas de nuestro país, en la presente campaña electoral, sepan organizar una efectiva defensa de la democracia, la cual se encuentra expuesta a un verdadero peligro.

“No se debe olvidar que en el régimen fascista ninguna obra en beneficio de la sociedad queda sin castigo”.

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