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Percepción de inseguridad: Las secuelas del miedo al delito en la salud mental de los chilenos

Percepción de inseguridad: Las secuelas del miedo al delito en la salud mental de los chilenos

Por: Nicole Donoso | 29.08.2025
El temor al delito ya no se limita a hechos policiales: se ha transformado en una amenaza constante que altera rutinas, deteriora la salud mental y debilita la convivencia. Expertos advierten que la percepción de inseguridad, impulsada por el auge del crimen organizado, impacta a toda la ciudadanía, especialmente a los sectores más vulnerables.

El temor al delito ya no se limita a un problema de seguridad pública pues la violencia y la expansión del crimen organizado están generando consecuencias profundas en la salud mental y el tejido social del país.

La percepción de inseguridad se ha instalado como una realidad cotidiana que transforma la forma en que las personas viven, se relacionan y toman decisiones.

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En los últimos cinco años, los homicidios se han duplicado en Chile, pasando de 2-3 a más de 6-7 por cada 6.000 habitantes.

A esto se suma un cambio preocupante en la naturaleza de estos crímenes: si antes la mayoría ocurría entre personas que se conocían, hoy cerca del 50% de los casos involucra a agresores desconocidos.

“Cuando el miedo le cambia la vida a las personas, deja de ser una percepción y pasa a ser una realidad. Aun cuando no haya habido una experiencia directa de delito, la gente ya se convierte en víctima de esta sensación”, señala el psicólogo y docente de ADIPA, Mauricio Valdivia.

El especialista explica que la llamada "percepción de inseguridad" responde tanto a factores objetivos, como el aumento de delitos, como a elementos subjetivos relacionados con cómo se interpreta esa realidad.

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¿Qué consecuencias genera este miedo?

Este miedo generalizado lleva a que muchas personas cambien sus hábitos diarios: familias que dejan de visitar espacios públicos, padres que recogen antes a sus hijos del colegio o ciudadanos que invierten en sistemas de seguridad como rejas o alarmas.

Además del impacto práctico, el miedo también deja una huella psicológica. “El mundo se vive con más ansiedad y con una mirada persecutoria: la gente anda más irritable, más intolerante, y responde de forma desproporcionada ante conflictos menores”, indica Valdivia.

La ansiedad, el insomnio y el estrés crónico se vuelven comunes en este contexto, especialmente en una sociedad que, según el psicólogo, aún maneja mal sus emociones, lo que puede derivar en reacciones violentas incluso ante situaciones cotidianas.

¿Cuántos tipos de victimización hay?

En el ámbito de la victimología, el docente distingue entre distintos tipos de victimización: la primaria (quienes sufren el delito), la secundaria (el desgaste emocional tras procesos judiciales o policiales), y la terciaria o de cuarto grado, que afecta a personas que, sin haber sido atacadas directamente, viven el miedo a través de su entorno cercano.

“Hoy prácticamente todos conocemos a alguien que ha sido víctima de un delito. Esa cercanía transforma la percepción en un hecho que impacta la vida emocional y social de las comunidades”, afirma.

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¿Quiénes se exponen más al deterioro de su salud mental?

Aunque la inseguridad atraviesa a todo el país, los sectores más vulnerables son los más afectados. “Los que menos tienen son los que más sufren el efecto del delito. Viven en sectores marcados por la violencia, el narcotráfico y la carencia de recursos para protegerse”, advierte Valdivia.

En estos entornos, la falta de oportunidades se convierte en terreno fértil para el crimen organizado. En Chile, alrededor de 50.000 niños dejan de matricularse cada año, y más de 3 millones de adultos no completaron su educación media, lo que aumenta el riesgo de exclusión y marginalidad.

No obstante, el experto también destaca que Chile aún cuenta con ciertas fortalezas institucionales que lo diferencian del resto de la región. Esa estabilidad, aunque relativa, sigue generando esperanza en buena parte de la ciudadanía.

Frente a este complejo panorama, Valdivia plantea que es fundamental abordar el tema desde una perspectiva emocional y comunitaria.

“Así como en Chile hablamos en familia de qué hacer en caso de terremoto, hoy debemos hablar sobre seguridad frente a delitos. No se trata de asustar, sino de preparar. Guardarse el miedo solo aumenta el daño”, concluye.

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