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La sorpresa de las elecciones en Alemania tiene un nombre: Die Linke
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La sorpresa de las elecciones en Alemania tiene un nombre: Die Linke

Por: Martin Vallejo | 02.03.2025
Los candidatos en su conjunto multiplicaron su presencia en redes, una asignatura pendiente de la formación de izquierdas que, tras invertir masivamente en este apartado, ha disputado durante la campaña a la AfD su posición hegemónica en canales como TikTok. El resultado está a la vista: Die Linke ha quedado en primer lugar entre los votantes entre 18 y 24 años con un sorprendente 25%.

Las elecciones federales alemanas del pasado domingo castigaron duramente a la coalición saliente "semáforo" formada por los socialdemócratas del SPD (rojo), los Verdes y los liberales de la FDP (amarillo). Pero, sin menospreciar el preocupante ascenso de la ultraderecha, la gran sorpresa ha sido Die Linke.

La formación de izquierdas, a la que muchos daban por muerta hasta hace pocas semanas, ha logrado el 8,8%, su mejor resultado desde 2017. ¿A qué se debe este fenómeno? Una campaña innovadora, centrarse en temas como el alquiler o la inflación y el rejuvenecimiento orgánico del partido nos pueden dar algunas pistas de este resurgir.

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La situación de salida no podía ser más desventajosa. Durante la pasada legislatura, el grupo parlamentario se vio sobrepasado por las luchas intestinas entre su figura más mediática, Sahra Wagenknecht, y el resto del partido. Tras numerosos enfrentamientos públicos y muchas idas y venidas, la rojiparda abandonó Die Linke para fundar su propio partido, la Alianza Sahra Wagenknecht o BSW por sus siglas en alemán.

La ruptura reflejaba también el clivaje generacional e ideológico del partido. Die Linke como tal nació en el 2007 tras la fusión entre el PDS y la WASG, una escisión del SPD. A su vez, el PDS era el partido sucesor del Partido Socialista Unificado de la antigua República Democrática Alemana, y este insuficiente distanciamiento del extinto régimen autoritario persigue hasta hoy a Die Linke.

El pasado otoño, la irrupción del BSW en las elecciones regionales de Turingia, Sajonia y Brandemburgo dejó a Die Linke fuera de sendos parlamentos regionales con la excepción del Landtag sajón, gracias a un hasta entonces desconocido Nam Duy Nguyen.

Pero, a pesar de la paz interna y salvar los muebles en Sajonia, las encuestas no despegaban. Ante ello, y tras el anuncio de elecciones anticipadas a principios de noviembre, el aparato puso en marcha una idea en la que muchos vieron el canto del cisne: La misión “rizos de plata”. Es decir, colocar en las tres circunscripciones con más opciones de victoria a pesos pesados del partido a quienes, como decía Gardel, las nieves del tiempo platearon su sien.

Las urnas han acabado por darles la razón: Gregor Gysi seguirá representando su distrito berlinés, Bodo Ramelow ha arrebatado su escaño a la AfD en Erfurt-Weimar, y Dietmar Bartsch entrará en el parlamento gracias al voto acumulado en el cómputo federal.

Sin embargo, para encontrar más pistas sobre el renacer de la izquierda es necesario volver a Sajonia. Cuando la campaña de Nguyen echó a andar a principios del año pasado, su equipo diseñó una estrategia inusual: llamar a la puerta de cuantos vecinos y vecinas pudieran para escuchar sus preocupaciones e ideas.

El objetivo inicial de 20.000 timbres se superó ampliamente, dando lugar a un documental que caló entre multitud de jóvenes en todo el país. Nguyen, de 29 años, no sólo ganó el mandato en su circunscripción de Leipzig, había generado además una nueva forma de hacer política.

Inmediatamente después de las elecciones en Sajonia, el partido se propuso replicar el éxito de Nguyen dotando al Haustürwahlkampf o “campaña electoral en la puerta de casa” de un sentido radicalmente pragmático: aquellos temas que copasen las conversaciones en el descansillo debían ser el hilo conductor del programa electoral de cara a las elecciones federales.

La campaña en la puerta de casa ha sido una de las claves del éxito. Salir al rellano y poder escuchar propuestas para su día a día, informarse, o simplemente desahogarse mientras ponían la lavadora o les hacían la cena a los niños, ha sido para muchas y muchos una experiencia novedosa y empoderante.

Al otro lado del quicio de la puerta, para las voluntarias que se enfundaban un chaleco rojo y un bloc de notas sin importar el carné, no lo ha sido menos. “Yo me considero anarquista” reflexionaba Hannah una gélida mañana de enero en una pausa entre dos bloques de edificios. “Nunca he formado parte de un partido. Pero esta vez es distinto”.

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La segunda pata del éxito ha sido por tanto una campaña electoral centrada en aquellos temas que más inquietan a la mayoría de los alemanes: la subida de los alquileres y los efectos de la inflación. Yendo a contracorriente de una opinión pública centrada en la inmigración, Die Linke optó por los temas del comer, exigiendo un tope a los alquileres o la supresión del IVA sobre alimentos básicos, productos de higiene y el transporte.

Aparte, el partido desarrolló herramientas digitales, como una app para destapar alquileres de usura, o el equivalente en materia de calefacción, para ir puerta a puerta con soluciones bajo el brazo.

Los cabezas de lista han contribuido de igual manera. Cuando a finales de enero el candidato de la CDU Friedrich Merz trató de endurecer las leyes migratorias junto a la AfD, la portavoz parlamentaria Heidi Reichinnek le recriminó a Merz en un clip viral en redes el acuerdo tácito alcanzado con los ultras: “Estas mayorías no se dan por casualidad. Han buscado esta mayoría activamente, ¡y ese es el maldito problema que usted sigue sin comprender!”.

Junto a Reichinnek se presentaba Jan van Aken, antiguo inspector de armamento biológico de la ONU. El de Hamburgo logró situar la lucha contra la desigualdad como un eje central de la campaña. Junto a su ya famosa indumentaria, en la que no falta la camiseta con el eslogan “Tax the Rich”, ha hecho de su latiguillo en tertulias y entrevistas una marca electoral clara y reconocible: “Hola, me llamo Jan van Aken y opino que no deberían existir los billonarios

Los candidatos en su conjunto multiplicaron su presencia en redes, una asignatura pendiente de la formación de izquierdas que, tras invertir masivamente en este apartado, ha disputado durante la campaña a la AfD su posición hegemónica en canales como TikTok. El resultado está a la vista: Die Linke ha quedado en primer lugar entre los votantes entre 18 y 24 años con un sorprendente 25%.

La paz interna, la campaña electoral en la puerta de casa o conectar con la generación Z, han desembocado finalmente en un boom de nuevos afiliados. Por primera vez en su historia, el partido afirma tener más de 100.000 miembros. La savia nueva no está exenta de sesgos. Aunque el partido no recaba datos sobre el nivel de formación de sus nuevos miembros, a nadie se le escapa que provienen de un entorno académico y urbano.

Otro aspecto a tener en cuenta es el origen de los nuevos afiliados y afiliadas, con una proporción migrante netamente por debajo del de la población general. No obstante, es una discrepancia que tratan de enmendar iniciativas como Links*Kanax, una corriente dentro del partido formada por miembros con raíces alejadas de una visión monocultural de la sociedad germana.

La expresión más clara de este partido en movimiento ha sido el éxito cosechado en Berlín, donde logró el primer puesto. Berlín-Mitte será representado por Stella Merendino, enfermera de madre polaca y padre italiano. Curtida en la lucha sindical, cuando presentó su candidatura les dijo a sus compañeros y compañeras de profesión: “Yo no me voy de la UCI, todas juntas vamos a entrar en el parlamento”.

Ferat Koçak, activista antirracista y miembro prominente de Links*Kanax, ha terminado arrasando en Neukölln, obteniendo así el primer mandato directo en una circunscripción de la antigua República Federal en la historia del partido. El valor simbólico de esta victoria es difícil de exagerar.

El barrio del sur siempre ha sido para el conservadurismo alemán el epítome de todo aquello que pervierte su visión monocultural del país. Especialmente desde el 7 de octubre de 2023, sus calles y su considerable población de origen palestino han sufrido repetidamente restricciones en su derecho a manifestación.

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Merendino y Koçak son, en resumen, perfiles alejados de las élites que, además, han prometido limitar su salario a 2.500 EUR para dedicar el resto de su remuneración parlamentaria a causas solidarias y movimientos sociales.

Queda por ver si el partido consigue integrar al torrente nuevos miembros. Ahora, en un punto los cuadros del partido y sus simpatizantes están de acuerdo, los próximos cuatro años estarán orientados a una sola dirección: fortalecerse en la oposición frente al nuevo ejecutivo conservador.