Una camioneta está estacionada afuera de la sede de la comunidad mapuche José Luis Caniulef. El vehículo pertenece a la Sociedad Austral de Electricidad Sociedad Anónima (Saesa). Dos operarios vestidos de overol azul instalan una caja en la pared. No corresponde al tradicional aparato que registra la corriente utilizada en el recinto, sino que a un medidor bidireccional, que mide las inyecciones de energía a la red de distribución. “Ahora estamos produciendo energía para el país”, bromea Alexis Catalán, presidente de la comunidad.
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