¿Cuántas esperanzas hemos puesto en los procesos democráticos apostando en ellos la utopía? El pueblo que aprecia la vida y que lucha día a día por la sobrevivencia que le impone el sistema económico neoliberal anhela un buen vivir, que en el caso de Sudamérica permanece en el subsuelo cultural, dado nuestro innegable linaje andino.
El respeto por la vida, la lógica de los consensos son parte de nuestras prácticas sociales anteriores a las luchas ideológicas instaladas con el surgimiento de los Estado-Nación. Ese proceso de instalación en el poder realizadas por las élites criollas ha determinado la organización del poder hasta nuestros días. Ya sabemos los males sociales, económicos y culturales que produjo esta casta que se hizo del poder, instalando instituciones y sistemas de valores ajenos al pueblo. Hechos los diagnósticos críticos, sólo queda la opción política de disputar el campo del poder que posibiliten una transvaloración, en cierto sentido nietzscheano.
Las crisis políticas en Chile y Colombia han sido similares. Aparece un pueblo que se levanta en demanda de una radicalización de la democracia rechazando el régimen económico y político a través de las vías constitucionales.
Hemos visto que en Chile se logró instalar un proceso constitucional que busca al menos desinstalar la ideología de la dictadura de Pinochet. El actuar del poder ha podido controlar de manera eficiente este proceso e incluso anima hoy un debate de rechazo a esta nueva Constitución que no marca una diferencia radical, pero que logra dar representación política no sólo a los partidos políticos que venían administrando el poder al servicio de la oligarquía. Las grandes esperanzas se ven reducidas y siguen amenazadas por la violencia del poder. El pueblo no logró organizarse después del estallido para lograr una mayor fuerza política. Por otra parte, en los primeros meses, sigue pendiente en su compromiso con el pueblo, el actuar ambiguo ha operado más cercano a la fuerza política que el estallido rechazó.
El pueblo colombiano, que ha sido bastante violentado en los últimos años, también se ilusiona con un proceso de transformación política, económica y cultural en la dupla Petro-Francia (Márquez), tal vez de una manera más silenciosa, debido al contexto de violencia instalada desde hace décadas por el narco y la clase política corrupta de ese país.
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