jueves 30 de abril de 2026

Saltando grietas

Los desbordes de los gobiernos traen consecuencias fatales para ellos mismos, pero muy positivas para quienes los experimentan (una olla que llevaba demasiado tiempo a punto hervir el agua y al fin explota). Los estallidos dejan cicatrices. Hay vínculos que se quiebran y con justa razón no pueden volverse a recomponer. Por eso no podemos dar pasos en falsos.

25 de enero de 2022 - 00:00

En las relaciones de poder cualquier paso en falso puede costar una salida, incluso una tumba (figurativamente o no). Algo que nos parece ajeno a quienes por primera vez entraremos en esas dinámicas, es mucho más cotidiano de lo que podamos imaginar.

Supongamos que, a causa de los niños, las cosas en una pareja se tensan. Por una parte la política de crianza debiera ser intolerante con las faltas de respeto y aplicar castigos. Por la otra, ante un insulto, hay que abrir un canal de diálogo para conocer de dónde vienen las malas palabras y aplicar la psicología. Para ambos casos, las hormonas no reconocen la psicoterapia. Y ambas tesis pueden fallar. Si es así, las posiciones se enfrentan en orden a no reconocer una derrota. O puede suceder que insistamos en nuestra tesis hasta que nos desgaste, nos consuma y termine eventualmente por desbordarnos.

Los desbordes de los gobiernos traen consecuencias fatales para ellos mismos, pero muy positivas para quienes los experimentan (una olla que llevaba demasiado tiempo a punto hervir el agua y al fin explota). Los estallidos dejan cicatrices. Hay vínculos que se quiebran y con justa razón no pueden volverse a recomponer. Por eso no podemos dar pasos en falsos. Así también ocurre en el núcleo familiar. Cuando las posiciones se encuentran, y ante la frustración de ser comprendida una se desborda, las consecuencias son fatales: quedas sin casa, sin hogar y, lo peor de todo, sin familia.

¿Cómo volver a los años dorados de la fiesta interminable? ¿Cómo volver a encontrarnos? ¿Dónde quedaron las plazas, los parques, las ciclovías, los espacios que eran de todos y nuestros?

Siempre el inicio es hermoso. Pero la luna de miel viene con fecha de vencimiento. Es ahí donde la convicción que nos llevó a comprometernos con un proyecto de vida y de mundo se vuelve resciliente. En la prosperidad y en la adversidad. En la calle y en el Congreso.

En una sociedad donde las emociones del instante van pavimentando caminos llenos de grietas es complejo recordar ese momento inicial o esa meta a futuro que nos hizo soñar, que nos hizo volar. Es difícil no aferrarnos a la luna de miel, la tentación es ocultar los defectos debajo de la alfombra y tapar los errores izando la bandera chilena.

Pero, así como el amor, la historia también es cíclica. Hoy quiero creer que los nuevos andares, los rumbos y vientos de cambios, impregnarán todas las aristas de la vida. Un segundo aire, dicen. O quizás, unos pulmones nuevos.

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