jueves 30 de abril de 2026
Cultura

La herida de Manuel Rojas sigue abierta en el cómic con adaptación de Hijo de Ladrón y Lanchas en la Bahía

En el Mes del Libro, el guionista Christian Morales y el artista visual Luis Martínez explican cómo adaptaron al cómic Hijo de Ladrón y Lanchas en la Bahía, dos novelas del Premio Nacional de Literatura Manuel Rojas, con el sello Ocho Libros.

30 de abril de 2026 - 19:16

Manuel Rojas (1896-1973) es uno de los nombres ineludibles de la literatura chilena. Hijo de Ladrón, su novela de 1951, figura entre las obras más relevantes de la narrativa latinoamericana del siglo XX. Llevarla al cómic era, antes que una apuesta, una advertencia. "Si nos quedaba mal, íbamos al infierno; y si iba bien, podíamos coronar", admite el guionista Christian Morales en conversación con El Desconcierto. Junto al artista visual Luis "Beto" Martínez, la dupla asumió ese riesgo bajo el sello Ocho Libros: primero con Hijo de Ladrón en 2015 y, una década después, con Lanchas en la Bahía en 2025, la primera novela de Rojas, escrita en 1932.

El proceso de adaptación de Hijo de Ladrón tomó más de cuatro años. La novela es compleja en términos estructurales — Manuel Rojas desarrolló en ella la técnica del racconto, insertando escenas del pasado dentro de la narración presente—, lo que dificultaba su traducción a imagen. Para resolverlo, Morales encontró dos líneas narrativas que podían funcionar en paralelo: la herida emocional del protagonista Aniceto Hevia —su necesidad de pertenecer sin más compromiso que la amistad y el trabajo cotidiano— y su herida física, el pulmón deteriorado que va sanando a lo largo del relato. En torno a esa segunda línea, Martínez tenía ya resuelta la solución visual antes de comenzar."La quedamos mirando y dijimos: aquí está la herida. Era como una cicatriz formada por humanos", recuerda Morales. La adaptación estructuró el libro en cuatro partes bajo la metáfora del paréntesis: el relato contenido dentro de la herida, abriéndose y cerrándose.

El grafito en Hijo de Ladrón y la acuarela en Lanchas en la Bahía

Cada novela de Rojas demandó un lenguaje gráfico distinto. Para Hijo de Ladrón, Martínez eligió el lápiz grafito: un trazo a modo de croquis que no busca el refinamiento, sino encarnar la precariedad de los personajes. "Eso me daba libertad de lenguaje, de jugar con las líneas y las tramas, casi apelando a la precariedad de la historia", explica. El resultado tiene algo de cuaderno de viaje —un dibujo hecho en el camino, con lo que se tiene a mano— y conecta directamente con la geografía errante de Aniceto Hevia, cuyo trayecto transcurre entre Argentina y Chile.

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En tanto, Lanchas en la Bahía narra la historia de Eugenio, un joven que pierde su trabajo como guardián nocturno de embarcaciones en el puerto de Valparaíso y se ve empujado a reinventarse entre lancheros, camaradas y los márgenes de la vida portuaria. Algunos críticos la consideran una proto Hijo de Ladrón: están ya esbozados los grandes temas de Rojas —el trabajo, la amistad, el deambular—, pero la prosa es menos pulida. Eso complicó la adaptación. "Es un texto súper complejo porque es difícil entrarle. Hubo que intervenir harto diálogo, agregar palabras, conectores", reconoce Morales. Sin embargo, esa dificultad abrió una oportunidad: a diferencia de Hijo de Ladrón, donde el guion operaba con mayor control sobre cada viñeta, en Lanchas en la Bahía decidieron reducir la densidad de páginas y darle más espacio a Martínez. "Podía salir el pintor, podía salir el dibujante, podía salir todo lo que él quisiera", recuerda Morales. El resultado es un libro visualmente más libre, donde la imagen no ilustra el texto sino que lo amplía.

Para ello, Martínez trabajaba por fases —esbozo a lápiz, mancha de color, espera hasta que secara, luego la tinta— con el cuidado de no ahogar lo que llamó "la apertura que tiene el color". En los pasajes de mayor tensión emocional usó acrílico directamente sobre la hoja, produciendo páginas más cercanas a la pintura que al cómic convencional. Ambas adaptaciones comparten, además, una narrativa de corte cinematográfico. Morales y Martínez provienen del mundo audiovisual, y eso se traduce en los encuadres y en la gestión del tiempo visual. "Hace mucho me decían que Hijo de Ladrón es casi un storyboard. Lo planteamos así", recuerda Morales.

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¿Qué hace que Manuel Rojas siga vigente?

La decisión de unirse al proyecto no fue inmediata para Martínez. El artista —que se define como pintor, más que como dibujante de cómics— tardó en convencerse mientras trabajaba en Buenos Aires. Lo que lo persuadió fue un hallazgo fortuito: en una librería de usados, durante una clase con alumnos, tomó al azar un volumen de lomo rojo sin nombre visible. Era una edición de Hijo de Ladrón de 1956. "Ahí dije: parece que esta es una señal. Lo llamé y le dije: vamos para adelante", relató.

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Luis

Luis "Beto" Martínez

La vigencia de Rojas no es, para ninguno de los dos, una cuestión académica. Sus temas —la amistad, el arraigo, la libertad, la necesidad de pertenecer— trascienden el momento en que fueron escritos. "La herida no pertenece a una época. Sigue estando. Si uno lo lee, conecta con esas cuestiones que están en nosotros, en nuestra manera de sentir la vida", reflexionó Martínez. Por otra parte, Morales añadió otro eje que recorre toda la obra rojiana: "En la vida siempre hay cuotas que pagar. Hijo de Ladrón habla de eso. Siempre hay algo que pagar a alguien. No necesariamente dinero, pero siempre algo".

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Christian Morales

Christian Morales

Para ampliar el diálogo en torno a los libros, cada capítulo de Lanchas en la Bahía va precedido por un texto breve de escritores contemporáneos. En Lanchas en la Bahía escribieron dos premios nacionales de literatura: el propio Manuel Rojas y Ramón Díaz Eterovic, galardonado en 2025. Una apuesta por lo colectivo que conecta, según Morales, con el principio central de toda la obra rojiana: "El principio de la amistad".

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