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Chile es uno de los nueve países en que el aborto está prohibido en el mundo. Sin embargo, quienes tienen dinero pueden pagar por abortos seguros, mientras la gran mayoría de las mujeres de este país debe cargar con maternidades infelices y/o traumáticas. Dentro de esta historia, quiero plantear el enorme vacío que existe dentro de la educación formal con respecto a estos temas, considerando la escuela como espacio clave en la socialización del género.
La educación sexual en la educación formal aún no se armoniza como proyecto gubernamental desde una mirada desmoralizante, abarcando todos los segmentos etarios y considerando el trabajo con las familias, parte de la comunidad educativa y actores relevantes en la educación no formal en torno a sexualidad y afectividad de las y los educandos. Actualmente, la educación sexual es obligatoria por ley en todos los cursos de enseñanza media del Estado. No obstante, “el estado de situación del cumplimiento de la ley 20.418 en el ámbito de la educación sexual es aún incipiente y, por tanto, es necesario reformular y mejorar algunos de los aspectos (…) para cumplir con los objetivos propuestos, tanto desde el ámbito de su implementación y cobertura como desde el ámbito técnico-curricular y la calidad de los programas seleccionados, dado el desequilibrio que muestran a nivel comparativo” (Dides C, Benavente M. Cristina, Sáez Isabel, Nicholls Leslie, 2011: 4) . Una educación sexual efectiva no puede quedar sólo en talleres aislados, sino que debe ser una política presente desde la formación de las mallas curriculares de pedagogía de las Universidades hasta encarnarse en el currículum -incluso el oculto- de los jardines, escuelas y liceos de nuestra educación pública.

Una educación sexual aterrizada al currículum y al Proyecto Educativo Institucional de cada escuela de nuestro país, que tenga un enfoque desde la igualdad, aportaría a disminuir la violencia de género. La institución Iglesia (en sus variadas denominaciones) no puede seguir influyendo en el espacio educativo, necesitamos más escuelas que aporten y fomenten la diversidad propiciando una ciudadanía inclusiva y no segregadora, esto sí es educar para la paz.
El proyecto actual del Gobierno debe cumplirse pues es un piso mínimo y de carácter urgente, pero sigue siendo marginal a todas las causas por las que una mujer hoy aborta, cubriendo sólo el 3% de los casos, quedando la mayoría de las mujeres con el riesgo a ser criminalizadas y sometidas a abortos inseguros. Como parte de la comunidad educativa, demandemos que dentro del aula se eduque para la autonomía y el respeto por las decisiones en cada cuerpo, también desde las distintas identidades de género y orientaciones sexuales. La enseñanza integral ha sido desplazada por las pruebas estandarizadas que han perdido el foco de alcanzar el pensamiento crítico en las y los estudiantes, vital para construir una sociedad con menos violencia, con más igualdad entre hombres, mujeres e intersexuales y las distintas formas de afectarse, no cayendo en las frases aberrantes que hoy se cuelan en las clases y recreos.
* Camila Almendra Flores Rivera, activista feminista y trabajadora en políticas públicas de género y educación y violencia contra las mujeres.