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El Informante y las organizaciones sociales
Cada uno de los personajes entrevistados era un exponente perfecto de la historia que los llevó a la televisión. Empezando por un funcionario del Consejo Minero que prometió exponer lo que las empresas han aprendido en estos años: ‘Las empresas han cometido errores y los ciudadanos tienen todo el derecho a su indignación’. Lamentablemente, seguía un punto dos y luego un punto tres. El segundo decía; ‘luego intervienen los infiltrados’. Y el tercero, comiéndose las sílabas, en un gesto de desagrado que incluía a las personas aludidas y a las palabras que las nombran, ‘ … están los chantajistas de siempre’. Algunos todavía no aprenden a camuflar la hilacha.
Los participantes del panel (además del ex ministro Manalich y el actual diputado Iván Fuentes), eran representantes de movimientos sociales locales, enfrentados entre ellos a propósito de la relación entre empleo y medio ambiente. Los jóvenes dirigentes más radicales fueron racionales y apasionados. De semblante severo, como buenos dirigentes sociales exhibieron una tendencia a la consigna, que los hace poco atractivos para los que viven sus conflictos con recato y resignación. Para confrontarlos, un comerciante de mediana edad de Caimanes y una dueña de casa de Freirina, amables y razonables, que pedían inversión, empleo y conversación con las empresas para solucionar los problemas ambientales. Nadie negó la gravedad de los problemas. En el punto álgido de la discusión entre los propios vecinos, unos acusaron a los otros de haberse vendido y los otros a los primeros de estar esperando un mejor precio.
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El rostro de la ciudadanía expuesto la noche del martes estuvo lejos de ser edificante. Se vio una dimensión social de la ciudadanía que no alcanza a articularse con el ejercicio político. Definitivamente, los dirigentes sociales no tienen la elegancia y la facilidad de palabra que nos gustaría encontrar en un héroe popular.
Tal vez, los dirigentes sociales puedan ser inconsecuentes y susceptibles de ser corrompidos. Sin embargo, las organizaciones sociales y sus dirigentes, con todos sus defectos, reales y supuestos, son esenciales al desarrollo político y económico del país. Ellas son las que han fijado los estándares de responsabilidad de las empresas mineras y energéticas. Ellas han puesto en escena los problemas locales. Ante ellas deben responder las autoridades políticas en los intermedios electorales. Esas organizaciones han elevado las exigencias y las posibilidades de fiscalización sobre las instituciones y las empresas. Ellas están definiendo los estándares de calidad en los servicios que usamos y los productos que consumimos. Créame; estas organizaciones y estos personajes son una de las principales fuerzas modernizadoras con las que contamos.