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El botín no es el dinero, obviamente. Por eso es tan difícil de entender para la mayoría, el desear más cuando lo que tienes ya supera tu capacidad de disfrutarlo. Lo que ocurre es que el dinero es sólo la cara visible del triunfo, de quien va liderando la carrera de la astucia y del poder. La vara que mide a los mejores y que va borrando el contacto con la realidad, con el ser humano que sigue dentro de cada depredador financiero. Al final, es la vieja y terrible competencia pura y dura, el viejo miedo a la fragilidad de tu vida.