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por Francisco Pinto. Master en Economía Ambiental y Cambio Climático de la London School of Economics. Investigador asociado al Centro de Estudios de los Recursos Naturales y Medio Ambiente (CENRE) de la Universidad de Chile. Para obtener estimaciones más confiables sobre la participación de los súper ricos en el ingreso y utilizando la metodología de estudios similares en otros países, los economistas de la Universidad de Chile realizaron el primer estudio sobre participación en el ingreso del grupo más rico, considerando la información de las declaraciones de impuestos de los contribuyentes proveniente del Servicio del Impuestos Internos (SII) y realizando mediciones para el período 2005-2010. Las conclusiones de este estudio han sorprendido a muchos, a pesar de varios indicios recientes que las hacían esperables. Por ejemplo, hace poco la revista Forbes publicó el ranking de los más ricos del mundo para este 2013. En él, figuraron 14 fortunas chilenas, 9 más que en el ranking 2012; y la suma de la riqueza de todas ellas se estimó en US$ 61.350 millones, una cifra equivalente a más del 22% del PIB.
Por su parte, del estudio ‘La parte del león’ se pueden resumir las siguientes conclusiones para el periodo 2005-2010:
A partir de las cifras presentadas, y a fin de ejemplificar esta enorme concentración del ingreso, es posible hacer la siguiente comparación: mientras en 2011 (a partir de los datos de CASEN) cerca de 900 mil personas declararon un ingreso laboral mensual igual o inferior a un salario mínimo bruto (cabe destacar que la mayor distorsión de ingresos ocurre en los tramos de los ingresos más altos y no en los más bajos), en 2010 el 0,01% más rico de nuestro país (1.200 personas) tardó apenas ’20 minutos’ en obtenerlo completo. ¿Cómo sanar al enfermo? Hecho el diagnóstico, cabe ahora la discusión sobre cómo mejorar al enfermo. Y la primera medida surge casi espontáneamente: ‘mayor audacia impositiva’. En efecto, nuestra economía necesita una reforma tributaria que grave en mayor porción a los mayores ingresos, libere sustancialmente la carga de aquellos que apenas perciben ingresos de subsistencia y capture las renta económicas de los recursos naturales que pertenecen a todos los chilenos y que hoy acapara un puñado de connacionales y extranjeros a los que se les regalan. Aquel mito de que un alza impositiva se traduce en una caída en la inversión es falso. Y así lo demuestra la evidencia para Chile (Bustos, Engel y Galetovic, 2004; Cerda y Larraín, 2005) cuando se analiza el alza en los tributos para las grande empresas (considerando de manera separada a la mediana y pequeña empresa). Más aún, la mayor carga tributaría incluso podría ser positiva. De acuerdo a otro estudio de los propios investigadores López y Figueroa (2011), la sola creación de un impuesto único a las utilidades que reemplazara al de primera categoría y global complementario, y que fuera cobrado al tiempo que las utilidades se generaran, podría recaudar cerca de US$ 10 mil millones, el equivalente a 2,5 veces el monto necesario para financiar la gratuidad para la educación superior. Por otra parte, una reducción en el regresivo impuesto al valor agregado (IVA) a un rango cercano al 10 o 12%, y que excluyera ítemes como alimentos y cultura, aliviaría a los tramos de ingreso medio y bajo que destinan más de la mitad de su presupuesto al consumo de alimentos y permitiría que realizaran una mayor inversión en capital humano. Finalmente, y como se ha propuesto insistentemente desde la sociedad civil (como por ejemplo Fundación Terram), recuperar la renta de los recursos naturales significaría aumentar la eficiencia económica y obtener recursos cuantiosos para financiar las múltiples demandas sociales. Un verdadero royalty, de a lo menos el 10% de las ventas del cobre, hubiera permitido en 2010, y esto solamente considerando a las 10 mayores mineras, obtener recursos por sobre los US$ 5,2 mil millones. Es decir, el equivalente a 1,3 veces el monto requerido para financiar la gratuidad en la educación superior. La excesiva inequidad que padece nuestro país puede poner en jaque nuestro futuro social y económico, generalizando y agudizando el malestar ciudadano. Ya estalló en la educación, y posiblemente le sigan otros sectores donde se reproduce de manera similar: salud, pensiones, medio ambiente y finanzas. Veremos cuán audaces serán los candidatos presidenciales para arrebatarle la parte del león a la elite económica y redistribuir de manera más justa la torta que se hornea con el esfuerzo de todos los chilenos.