martes 22 de septiembre de 2026
Salud

Hantavirus: una enfermedad que vuelve a poner a prueba la respuesta sanitaria en Chile

Expertos y autoridades advierten que el aumento de muertes obliga a reforzar la detección temprana, la prevención y la investigación.

21 de septiembre de 2026 - 17:24

El virus Hanta vuelve a encender las alertas sanitarias en Chile. Hasta el último balance epidemiológico, informado para 2026, se registran 49 casos y 19 personas fallecidas, lo que representa una letalidad de 39%. La cifra aumenta a la registrada durante el año 2025, donde se notificaron 44 casos y ocho muertes, equivalentes a una letalidad de 18%. Este aumento reabre el debate sobre la detección temprana, la prevención, los cambios territoriales y el financiamiento de la investigación.

El crecimiento de la mortalidad es uno de los aspectos que más preocupa a especialistas y autoridades. Carlos Becerra, médico salubrista y tesorero nacional del Colegio Médico, califica el escenario como “un aumento significativo más allá de la frecuencia promedio de los últimos cinco años” y advierte que “llama la atención el aumento notable de muertes”.

Esta afección, se presenta principalmente en zonas rurales y semi rurales de nuestro país, la cual puede evolucionar rápidamente hacia un síndrome cardiopulmonar grave. Esta enfermedad infecciosa, conocida como zoonosis endémica, se transmite de forma natural entre animales y seres humanos, y tiene como principal reservorio el roedor silvestre Oligoryzomys longicaudatus, conocido como ratón de cola larga. Ahora bien, si en Chile conocemos esta enfermedad hace más de 30 años, cabe preguntarse, ¿por qué los casos han aumentado significativamente durante el 2026?

Para la subsecretaria de Salud Pública, Alejandra Pizarro, el aumento de este año debe entenderse además dentro de un escenario regional, añadiendo que “la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió en diciembre de 2025 sobre un incremento de los contagios y de la letalidad en distintos países del Cono Sur”. Según la autoridad, no existe evidencia de un cambio genético del virus que explique por sí solo el comportamiento actual. “La dificultad central es clínica: el Hantavirus no tiene un cuadro inicial distintivo”, señala, añadiendo que “los primeros síntomas pueden confundirse con cuadros respiratorios o gastrointestinales comunes y la ventana entre el inicio de los síntomas y una insuficiencia respiratoria grave puede ser muy corta”. La autoridad también detalla cómo el virus afecta al organismo y puede provocar cuadros de extrema gravedad: “Es un virus que compromete el sistema inmune y, por lo tanto, no es capaz de tener la cantidad de defensa o de linfocitos para defendernos frente a este patógeno; entonces este virus empieza a replicar al interior”. Mónica Guajardo, directora de la Carrera de Enfermería de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC), explica, por su parte, que existen dos mecanismos de infección: directo e indirecto. “La vía de cómo llega el virus al organismo es a través del torrente sanguíneo. Desde ahí, se comienza a ver daño orgánico; en vías urinarias, riñones y/o pulmones, afectando la vía respiratoria. La sangre va llevando el virus a todos estos órganos, y cuando ha logrado irrumpir en el sistema circulatorio e interrumpir el funcionamiento normal, se transforman los casos en letales, producto de una falla multiorgánica”.

Por eso, uno de los principales llamados de las autoridades apunta a entregar información clave al personal de salud. Si una persona presenta dificultad respiratoria y ha estado en una zona rural o semi rural, debe informar ese antecedente, ya que puede ser determinante para levantar oportunamente la sospecha de Hanta

Desde el Colegio Médico, Becerra plantea que, aunque Chile cuenta con experiencia para detectar, diagnosticar y tratar la enfermedad, todavía existen espacios que pueden fortalecerse. Entre ellos menciona una mayor disponibilidad de test rápidos y la presencia de métodos diagnósticos en más centros de atención primaria, especialmente en las regiones donde se concentra la mayor cantidad de casos. El médico también apunta a una dimensión de largo plazo: la investigación. A su juicio, “el Estado no solo debe responder frente a quienes enferman, sino también sostener esfuerzos científicos que permitan avanzar, por ejemplo, en el desarrollo de una vacuna”, sin embargo, advierte que existen iniciativas que no han prosperado por falta de fondos para investigación.

Otro elemento que aparece en la discusión es el territorio y los posibles cambios en el comportamiento del roedor. Becerra plantea que, en el contexto del cambio climático, “al parecer los hábitos de ratones cola larga han ido cambiando, asentándose más cerca de las ciudades o de las casas rurales”. La observación abre otra pregunta relevante para la salud pública: cómo los cambios ambientales y territoriales pueden modificar los escenarios de exposición de la población.

Mientras se busca comprender este comportamiento, la prevención continúa siendo una de las principales herramientas. Las recomendaciones incluyen ventilar durante al menos 30 minutos los espacios cerrados antes de ingresar o limpiar, especialmente bodegas y cabañas; humedecer las superficies antes de limpiarlas y desinfectarlas con cloro; evitar barrer en seco para no levantar polvo y mantener los espacios exteriores libres de maleza y basura. Respecto de las medidas de cuidado, la directora de Enfermería de UAcademia, recomienda actuar con precaución frente a la presencia de roedores: “Lo primero que tenemos que hacer es aislar la zona, que no haya tránsito de personas y contactar al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), institución que debe analizar los riesgos que implican estos roedores”.

La Alerta Sanitaria decretada por el Ministerio de Salud busca precisamente reforzar las capacidades de vigilancia y respuesta frente al aumento de la letalidad. Según la subsecretaria Pizarro, el ministerio trabaja en un plan de acción para comprender el “nuevo comportamiento” de la enfermedad y fortalecer la comunicación de riesgo, particularmente entre comunidades rurales y semi rurales, trabajadores y personas que realizan actividades en cerros, como camping o trekking.

Aunque las cifras actuales generan preocupación, las autoridades recuerdan que el escenario debe ser puesto en perspectiva. La letalidad del Hanta superaba el 60% cuando la enfermedad fue descrita en Chile durante la década de 1990, mientras que el promedio de letalidad entre 2021 y 2025 fue de 23%. Los avances en vigilancia epidemiológica, protocolos clínicos y derivación de pacientes graves a centros con ECMO han permitido reducirla. No obstante, el incremento observado durante 2026 vuelve a poner el foco en la detección oportuna y en la capacidad de anticiparse a una enfermedad que puede avanzar rápidamente. Como plantea Pizarro: “Cada muerte por una enfermedad prevenible nos exige revisar qué podemos hacer mejor”. La interrogante, entonces, no es solo por qué están aumentando las muertes, sino qué puede reforzarse hoy para evitar que la próxima consulta llegue demasiado tarde.

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