Tom Cruise vuelve a la escena esta vez de la mano del director mexicano Alejandro González Iñárritu con "Digger", un largometraje de comedia que aborda la historia de un magnate multimillonario que deberá resolver un desastre ecológico ocasionado por él mismo.
El protagonista de Misión Imposible interpretará a Digger Rockwell, un empresario que intervino los glaciares de Groenlandia en búsqueda de petróleo sin medir los impactos ambientales de sus operaciones.
Ante el repudio del mundo, el magnate deberá afrontar las consecuencias e idear un plan para solucionar la catástrofe. Sin embargo, lo hará cambiando la narrativa de los acontecimientos para posicionarse como una figura de héroe o salvador.
De la ficción a la realidad
La historia que sigue a Digger Rockwell es una sátira de lo que sucede en la realidad. A lo largo de la historia reciente, la ambición corporativa y la búsqueda desmedida de beneficios económicos han impulsado megaproyectos que terminaron en catástrofes ambientales irreversibles.
Uno de los ejemplos más devastadores en el ámbito de la explotación petrolera fue el desastre de la plataforma Deepwater Horizon en 2010, operada por la multinacional BP (British Petroleum) bajo el mando de ejecutivos como Tony Hayward.
El proyecto de perforación en aguas ultraprofundas en el Golfo de México ignoró múltiples alertas de seguridad para abaratar costos de tiempo y dinero, lo que provocó una explosión masiva. El resultado fue el mayor derrame de petróleo accidental de la historia, liberando cerca de 4.9 millones de barriles de crudo que asfixiaron humedales, destruyeron la fauna marina de la región y colapsaron las economías pesqueras locales durante años.
Otro ejemplo repercute a la minería y la explotación de recursos minerales. En Brumadinho, Brasil (2019), se reportó el colapso de una presa de residuos mineros propiedad de Vale S.A., una de las mayores empresas mineras del mundo.
La directiva de la empresa tenía conocimiento de los problemas estructurales del depósito de lodo tóxico, pero continuó con la sobreexplotación y el almacenamiento. La ruptura de la presa liberó una avalancha de 12 millones de metros cúbicos de desechos minerales que sepultó a comunidades enteras, mató a 270 personas y borró del mapa la biodiversidad del río Paraopeba, contaminando el suministro de agua de múltiples regiones de forma prolongada.