Crónica urbana: Franco, la faraónica tumba del siglo
En el centro de la basílica, bajo la cúpula frente al altar mayor, destaca en mármol blanco el sepulcro de Franco visible y adornado con buqué de flores. Es un cúmulo de fatuidad y mal gusto que satura a la visita imparcial, coincidente con la acertada calificación de “exhibición ciclópea de kitsch cristiano”. Todo parece incalificable, más aún lo es, ante la asociación directa con la religión católica. En 1958, al finalizar la construcción, el Papa Pío XII se apresura a adjudicar la basílica y abadía a los benedictinos, con “orden de apropiación inmediata”. Caso único en el siglo.