martes 06 de octubre de 2026
Opinión

Seis meses sin brújula: el capitán empieza a tomar el timón

Evitar el naufragio es solo el comienzo. Ahora el capitán debe hacer lo más difícil: definir el puerto y comprometerse a llegar.

6 de octubre de 2026 - 16:45

Durante sus primeros seis meses, la política pesquera de este gobierno navegó con rumbo incierto: sin carta de navegación clara y con un puente de mando donde, por demasiado tiempo, no se veía al capitán. El pasado 11 de septiembre, mientras los medios analizaban reformas, balances y pugnas políticas, la pesca simplemente no existió en la agenda. Para algunos será un detalle; para quienes vivimos del mar, fue la señal más elocuente: no se escribe sobre la pesca porque no había rumbo que reportar.

Desde marzo, el Ejecutivo prometió coordenadas y una ruta definida. Medio año después, seguíamos esperando que alguien subiera al puente a fijar el destino. Navegar sin rumbo no es solo una falta administrativa: es un peligro real. Un barco sin capitán no permanece estático; se desplaza a merced de corrientes que no elige.

Mientras el Ejecutivo observaba el horizonte sin decidir si virar, avanzar o fondear, las comisiones de pesca del Congreso se convirtieron en marineros sin instrucciones. Y cuando el silencio reina en la cubierta, la tripulación hace lo que siempre ha hecho en la historia de la navegación: entretenerse contando cuentos de monstruos marinos.

Entre agosto y septiembre, la Comisión de Intereses Marítimos, Pesca y Acuicultura del Senado dedicó extensas sesiones a una moción ajena a la agenda oficial. Ante la falta de órdenes, la comisión prefirió revivir viejos mitos: la reincorporación de la pesca de arrastre para la jibia. Ese es el kraken de esta historia, una práctica destructiva que Chile cerró en 2019 y que la industria intenta resucitar cada vez que el timón queda desatendido. En un mar sin liderazgo, los monstruos siempre encuentran espacio para emerger.

Durante meses, la Subsecretaría de Pesca mantuvo una distancia que dejó espacio para interpretaciones y temores. Sin una postura clara ni señales desde el puente, creció la percepción de que el barco avanzaba sin mando.

Pero recientemente la inercia se rompió.

El subsecretario de Pesca se presentó ante la Comisión del Senado y marcó una postura categórica: el proyecto para reinstalar el arrastre en la jibia no es prioridad para el Ejecutivo y no contará con su patrocinio. Sin ambigüedades ni medias tintas, desde el puente de mando se escuchó finalmente una orden clara: esa ruta no se toma.

El gesto no borra la deriva de estos seis meses, pero establece un punto de inflexión necesario. El timón ya no está abandonado y la tripulación ya no discute en solitario mientras la sombra del arrastre acecha. Es una señal clave para la pesca artesanal, que requiere certezas y no vacíos, y un paso indispensable para blindar nuestros recursos frente a los intereses de algunos pocos.

Hoy la fotografía es distinta: el Ejecutivo empieza a tomar el control del timón. Sin embargo, frenar a los monstruos no equivale a tener un plan. Falta la carta de navegación: fechas concretas, prioridades legislativas y una visión de desarrollo sectorial.

Evitar el naufragio es solo el comienzo. Ahora el capitán debe hacer lo más difícil: definir el puerto y comprometerse a llegar.

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