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Seguridad como discurso, abandono como propuesta: La realidad de la educación en Chile

Mientras el Gobierno siga tratando este problema como exclusivo de seguridad, abandonando su dimensión escolar, no solo estará fallando en su deber, estará perpetuando un sistema que vulnera, desgasta y abandona a quienes lo conformamos y necesitamos.

Por Martin Gutiérrez Garrido 2 de abril de 2026 - 19:15

Los últimos días han estado marcados por un profundo pesar en las comunidades educativas a lo largo del país. El asesinato de una asistente de la educación por parte de un estudiante en el Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama no solo ha generado conmoción en estudiantes, docentes y funcionarios, sino que también ha dejado en evidencia una realidad que hace tiempo se ignora y, peor aún, se posterga.

Este hecho no puede ser entendido como un caso aislado. Por el contrario, refleja una crisis estructural dentro del sistema educativo, donde el bienestar y la salud mental de quienes conformamos las comunidades escolares han sido relegadas a un segundo plano. No se trata de hechos fortuitos, sino de las consecuencias de un abandono sostenido.

Este caso para el Gobierno es la vitrina perfecta para imponer un discurso sobre seguridad, poniendo el énfasis en ser reactivos y no preventivos ni nada que erradique el problema de raíz. Se habla de sanciones, de control, pero poco o nada se dice sobre las causas profundas que originan estos hechos. Esta formula no solo no resuelve ningún problema. Son medidas que pueden tener un efecto mediático rápido, pero que en la realidad no cambian ni transforman el día a día de quienes estamos en las escuelas.

Las respuestas que da el Gobierno son para buscar la cuña y que aparezcan en los matinales y en las noticias, pero no responden a las verdaderas necesidades de quienes conformamos las escuelas. La educación psicológica, emocional y afectiva es una propuesta que los estudiantes hemos puesto sobre la mesa por años y que lamentablemente sectores que hoy nos gobiernan han ignorado.

Es inaceptable que, frente a una crisis de esta magnitud, la respuesta del Gobierno sea seguir evadiendo el problema en lugar de enfrentarlo. La preocupación por el bienestar de quienes sostienen la educación pública todos los días es una necesidad urgente y que no se resuelve recortando recursos.

Aquí no se necesita más show ni héroes. Se necesitan cambios reales. Se necesita voluntad política para intervenir de fondo en la salud mental del estudiantado, en protección laboral de profesores y trabajadores de la educación, y en la convivencia dentro de las comunidades educativas.

Mientras el Gobierno siga tratando este problema como exclusivo de seguridad, abandonando su dimensión escolar, no solo estará fallando en su deber, estará perpetuando un sistema que vulnera, desgasta y abandona a quienes lo conformamos y necesitamos.

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