viernes 01 de mayo de 2026

¿La pobreza como espectáculo televisivo?

El CNTV podría tener un rol con una línea ética más fuerte y no sólo sancionar cuando descriteriadamente muestran en horario de protección, cuerpos mutilados o quemados, como dicho sea de paso, hace poco ocurrió. Se debería sancionar la denostación humana, aunque estén en un espacio público.

1 de mayo de 2026 - 16:45

¿Hasta cuándo? se preguntarán muchos. Un medio masivo como la televisión se supone está destinado fundamentalmente para crear contenido de entretención y -aunque esté cada día más difícil- transmitir información objetiva del acontecer nacional y mundial. Eso al menos en el papel, aún cuando el recientemente fallecido Habermas nos indicaba que la televisión es el fiel reflejo del hundimiento de la cultura.

Cierto es que la televisión sigue siendo una industria masiva de consumo. Tanto así, que como industria ofrece a los denominados “rostros” sueldos mensuales con cifras de una realidad paralela. Evidentemente también, en la actualidad tiene más competencia con todo lo que significa la entretención digital y todas sus plataformas. Sin embargo, sigue teniendo un poder único, porque aún su teleaudiencia es más transversal, lo que hace que las generaciones de personas de edades fuera del mundo digital, sigan otorgándoles mayor preferencia y hasta credulidad o confianza.

Pues bien, en ese marco las líneas editoriales toman un valor fundamental. Es decir, qué transmitir y con qué orientación se vuelve caval. Peligrosamente también, se decide qué no decir, qué omitir, qué no preguntar, o peor, de qué manera sutilmente se puede desinformar, o tergiversar.

No hace más de un par de semanas atrás se hizo - en el lenguaje de esta era - “viral” el que un “influencer” del mundo digital criticaba abiertamente la conducta de un rostro habitual de las mañanas de, probablemente, el programa editorial ancla de todo canal masivo. Es decir, la conducción del matinal. Allí la queja airada se manifestaba por la liviandad de la mirada y juicio sensacionalista servil de quien hablaba.

Todo esto a propósito de que se pronunciaba con gestualidad y gritos (show televisivo) que aquellos que participen en hechos de “violencia” en contexto de manifestación pública, perdieran la gratuidad. Al margen de ese ejemplo que puede perfectamente encasillarse en cuanto a la actitud dependiente de las líneas editoriales con algunas temáticas, es efectivo que sobretodo en el espacio “matinal”, que son aproximadamente 5 hrs de actualidad y supuestamente entretención, últimamente exista una clara tendencia de exacerbar la morbosidad, que significa evidenciar con crudeza la denostación pública de, lo que Bauman llamaría, millares de vidas desperdiciadas que especialmente viven en la pobreza y marginalidad.

“Nos están llamando desde la calle”, “vamos a ese contacto” dicen los conductores del programa. Y la calle es el escenario perfecto para generar la observación del fenómeno con la frivolidad y la sed de humillación ajena. De pronto, se puede estar transmitiendo una hora sobre personas que viven en la marginalidad “en rucos”. Se les entrevista obviamente en una situación de desventaja por el escaso vocabulario que evidentemente tienen, y de esa forma se hace más fácil constatar, la mugre, el fracaso y el cómo es posible vivir así.

Todo esto tratando de captar la imagen de cómo sus harapos y pertenencias son arrastrados por máquinas o personas. En toda esa hora de exposición, por parte de aquellos que ganan - probablemente - cerca de decenas de millones de pesos al mes, no hay ninguna reflexión de fondo. No hay ningún pronunciamiento sobre el sistema de vida escogido y la desigualdad que genera.

Ni menos un mínimo de pudor a emitir sus juicios frívolos desde su posición de privilegio; “Pero mira cómo viven así” dijo una, el otro responde; “qué terrible, hay que llamar luego para que los saquen”. Entre decenas de expresiones similares entre todos los “panelistas”, cual de todos más indiferente. Lo peor, es que no es cosa de un sólo canal masivo determinado, como compiten todos en simultáneo abordan lo mismo y prácticamente de la misma forma.

Byung Chul Han actualmente examina que las sociedades y todos sus medios (especialmente los digitales en su caso) han perdido profundidad y se opta por la superficialidad. La expulsión de lo distinto, lo feo, como se vuelve incómodo, se evita, se señala, se elimina. La dictadura de lo bello ahora es “liso” “inmediato” “brillante” como el scroll en una pantalla de smartphone. No hay verdadera estética, ni menos profundidad, se aparta del análisis aquello que causa dolor.

Esa razón sería explicativa de esta conducta despreciable que se transmite tan ligera y abiertamente. El CNTV podría tener un rol con una línea ética más fuerte y no sólo sancionar cuando descriteriadamente muestran en horario de protección, cuerpos mutilados o quemados, como dicho sea de paso, hace poco ocurrió. Se debería sancionar la denostación humana, aunque estén en un espacio público.

Humillados y ofendidos, fue el título de una obra literaria formidable. Dostoyevski nos contó fenomenalmente (como sólo lo podía hacer él) los sentires y la vida de personajes pobres, marginados, pero también víctimas de unos pocos poderosos que los manipulan.

Estos ofendidos, por muy miserables que sean, también tienen dignidad decía. La misma sociedad que genera la exclusión y en este caso su exhibición, se degrada a sí misma moralmente con la humillación que los someten. A diferencia de esa obra, hoy se llega más lejos y se lucra sin pudor a costa de su dignidad.

No más indiferencia, no más basura televisiva.

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Sebastián Parraguez, exconcejero republicano / Agencia Uno

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