Grandes empresarios, buenas personas
Por desgracia, el actual gobierno está satisfecho con la esplendorosa liberalidad empresarial en vez de fortalecer las opacas políticas tributarias. Incluso en la perspectiva de derecha que anima a nuestros gobernantes un impuesto transitorio a la riqueza sería lo menos que debieran haber propiciado. Pero no: se descarga el peso de los efectos sociales de la pandemia en los que trabajan y eso genera el territorio apto para que la clase de los grandes propietarios y empleadores pueda destacarse por sus buenos sentimientos.
Por
Jorge Arrate