El pacto homicida-suicida
El “Acuerdo por la Paz” no fue una epopeya política ni un logro: fue un pacto homicida-suicida. Un pacto que tuvieron que tomar obligados, no porque así lo quisieren, sino porque no les quedaba otra. Los años de sordera fingida les pasaron la cuenta, y no sabían cómo manejar la situación, ante un mundo lleno de gente deseosa de carroña. Realmente, no lo vieron venir.