Repetir a los pinochetistas: el síntoma Ortúzar
En una reciente columna, el joven intelectual de derecha Pablo Ortúzar realiza una crítica a la confusa izquierda actual, que se ampara en una relativización obscena de los medios y de los efectos de la dictadura. Los adjetivos son inconfundibles: “dictadura exitosa”, el “modelo del buen tirano”. Se trató, dice, de “un régimen institucional que dio forma a la existencia de los chilenos y trazó un camino de prosperidad para sus familias”. Ortúzar es inequívoco: el orden dictatorial, a pesar de sus “mecanismos brutales”, transportó a la prosperidad. En palabras simples, los éxitos económicos relativizan, y hasta borran, todo aquello que se esmera en no nombrar: los muertos, los perseguidos, los torturados, los desaparecidos, los arrojados al mar… Sería bueno que la nueva derecha intelectual empiece a sincerar sus posiciones. También que, al fin, se gradúe de demócrata. No hay prosperidad económica que justifique los crímenes de lesa humanidad. Sea en Chile, sea en Venezuela, sea en Cuba, sea en Bolivia.