Embed - Director de Greenpeace REVELA que empresas judicializan cuatro veces más que ambientalistas
Desde que José Antonio Kast asumió la presidencia el 11 de marzo, el gobierno ha retirado una serie de decretos ambientales, suspendido planes de descontaminación y protagonizado una arremetida comunicacional donde ministros han descrito humedales, especies protegidas y regulaciones como obstáculos al desarrollo. Mientras tanto, en Argentina avanzaba la reforma a la ley de glaciares impulsada por La Libertad Avanza, que podría afectar cuencas hidrográficas compartidas con Chile. En ese contexto, El Desconcierto conversó con Matías Asún en las oficinas de Greenpeace en Santiago.
- El ministro de Vivienda, Iván Poduje, señaló que uno de los problemas de la vivienda en Valdivia era la cantidad de humedales. El ministro de Obras Públicas, Martín Arrau, dijo que el problema de las concesiones de las rutas 78 y 68 eran tres arañitas. ¿Esperaban un discurso de esta magnitud?
Siempre es sorpresivo ver a ministros inventarse su propia realidad. Escuché al ministro Poduje señalar que el mundo ambiental está paralizando hospitales y deteniendo obras. Lo que es completamente falso. No hay un solo antecedente que lo permita sostener.
Nadie querría detener proyectos que generan empleo, riqueza y bienestar. Lo que decimos es que esa riqueza y ese empleo tienen que ser compatibles con el cuidado del hábitat que compartimos. El pingüino de Humboldt regula parte de las recuperaciones pesqueras en una zona rica en nutrientes como la costa de La Higuera. De la salud de ese borde costero depende que aprovechemos la corriente de Humboldt y que se sostengan las pesquerías que dan empleo a miles de familias. No entender los impactos ecosistémicos involucrados es desestabilizar las condiciones sobre las cuales también le podemos dar garantía al mundo empresarial.
Lo que le falta a Chile para entender la mirada ecosistémica
- ¿Qué le falta a la sociedad para superar esa narrativa de blanco y negro entre naturaleza y desarrollo?
Esas caricaturas producen distanciamiento y polarización. Chile no se ha destacado por fabricar microchips ni autos de lujo. Seguimos siendo un país que exporta, de manera más o menos refinada, derivado de piedra o de agua. Seguimos dependiendo de la minería, la celulosa, las materias primas. No identificar que el uso intensivo de recursos hídricos y la falta de planificación territorial pone en riesgo esa economía es un problema serio.
La zona donde se instala el proyecto Dominga fue deforestada por la expansión de la minería hace décadas. Que ese territorio esté en un cruce entre el colapso ecológico y el abandono es justamente el resultado de no mirar ecosistémicamente el desarrollo territorial. Vemos también cómo plantas de Arauco han cerrado por efecto del cambio climático. Vemos el colapso de industrias cuando revientan los márgenes operacionales de la salmonicultura. No considerar las variables ecológicas es la mejor manera de terminar generando un colapso que se traduce en incendios, inundaciones, lluvias extremas. Hoy cada vez que uno se entera de que va a llover, imagina un diluvio.
- ¿Es contrario el cuidado del medioambiente al desarrollo?
Sostener lo contrario es francamente imbécil. Cuando se plantea que para ser ecológico hay que vivir como un castor haciendo su propia casa a orillas del río, nadie en su sano juicio asumiría que eso es lo que estamos pidiendo.
Es perfectamente posible compatibilizar el cuidado de la naturaleza con el desarrollo. Solo se le puede llamar desarrollo aquel que en la práctica genera riqueza sin transformar la liquidación del medioambiente en una forma de ingresos para algunos en desmedro de otros. Sabemos que Chile está al borde del colapso hídrico, al borde del colapso de la salud de los ecosistemas marinos de la Patagonia, al borde del colapso por eventos climáticos extremos como los incendios forestales. Y sin embargo, al no hacernos cargo de eso proactivamente, después montamos tremendos operativos de "Chile ayuda a Chile" para la reconstrucción. ¿No sería mejor cuidar la naturaleza para no tener que llegar a eso?
La salmonicultura: modelo, empleo y regulación
- En el Salmon Summit 2025 hubo un consenso transversal sobre la salmonicultura como motor de desarrollo. ¿Cómo se entiende eso en este contexto?
El problema no es que la salmonicultura opere, ni que la acuicultura opere. Uno podría partir preguntándose si es necesario comer un salmón alimentado con anilina naranja para tener ese color fluorescente, cargado de antibióticos, que además requiere más energía para producir que la que va a ser consumida —porque es un pez carnívoro. Podríamos hacer acuicultura de otro tipo: de especies locales, con capitales locales, manejada por los propios pescadores, sin que venga una empresa noruega o japonesa a producir acá.
- Pero comunidades como Chiloé necesitan empleo. ¿Cómo se resuelve esa tensión?
Cuando las industrias llegan a territorios sin estrategias integrales de desarrollo, capturan todo el empleo disponible. Y cuando colapsan —porque no tienen medidas de seguridad suficientes—, el empleo es lo que más sufre. Lo vimos con el surgimiento del virus ISA y con las floraciones algales nocivas de 2016. Antes había en Chiloé una proporción importante de una economía agraria de subsistencia que fue capturada de a poco por la salmonicultura. Eso generó mejores ingresos, cosas deseables. Sin embargo, si no está planificado sobre la base de pilares sólidos con regulación suficiente, se produce el colapso.
Desregular en Chile es el equivalente a quitarle el soporte de fierro a los edificios. En Chile tiembla, somos sensibles a las variables climáticas y ecológicas. Pan para hoy, colapso para mañana.
- ¿Por qué en Noruega la regulación para la industria salmonera es mucho más estricta que la que esas mismas empresas deben cumplir en Chile?
En Noruega hay menos mortalidades de trabajadores, menos demandas, menos escándalos de corrupción. El problema de fondo es cuando las industrias se acostumbran a un modus operandi destructivo y eso se vuelve el estándar de facto: cuando sale más barato pagar la multa que respetar la ley. Lo hemos visto en el fútbol: cuando los jugadores chocan y chocan sin que nadie los castigue, eso no termina bien. Lo mismo pasa con las industrias cuando no hay regulación ni fiscalización.
Lo que estamos exigiendo desde el mundo ambiental es que se cumpla la normativa vigente. No tenemos grandes expectativas de reformas sustantivas, porque no vemos la convicción política para eso, ni en el gobierno ni en el Congreso. Pero al menos que se aplique la legislación que ya existe. Esa legislación dice que hay un delito ambiental cuando aparece una ballena muerta enredada en redes de jaulas salmoneras. Chile es hoy el país con más muertes por colisión de ballenas en el mundo. Tenemos un problema.
Los dos mil días, la persecución y la independencia de Greenpeace
- Los defensores ambientales enfrentan una creciente violencia y descrédito desde distintos sectores. Tú mismo fuiste invitado a salir del país por José Antonio Kast, a raíz de la frase de los "dos mil días". ¿Cómo hace la sociedad civil para organizarse en este contexto?
Permíteme aclarar esa frase. Lo que señalé en la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara es que podemos agregar hasta dos mil días de tramitación a proyectos que no cumplen con la legislación ambiental, porque la ley lo permite. No son dos mil días porque sí. Uno tendría que tener una visión de la justicia bastante deteriorada para asumir que cualquiera puede judicializar cualquier cosa. La frase fue desafortunada, porque generó un debate que llevó las cosas a otro lado. Lo que intentaba señalar es que cuando no hay reglas claras, todos terminamos judicializando. Y las empresas lo hacen cuatro veces más que nosotros.
Lo que uno esperaría es que se escuche a los defensores medioambientales, precisamente porque están garantizando la calidad del hábitat en que todos coexistimos. Sin embargo, vemos un aumento de discursos que genera una falsa oposición entre cuidado del medioambiente y crecimiento. Esa idea de fondo —que para dar empleo hay que destruir algo— no es real. Se puede generar empleo en el reciclaje, la economía circular, la minería secundaria, la reutilización de relaves. Chile ya es líder en producción de energía solar. Hace veinte años nos decían que eso era imposible.
- La campaña "Gracias por nada" de Greenpeace incluyó tanto al presidente Boric como al actual presidente Kast. ¿Cómo se mantiene esa equidistancia teniendo 40.000 socios con posiciones políticas diversas?
Greenpeace es política y económicamente independiente. No aceptamos donaciones de partidos políticos, gobiernos ni empresas: dependemos única y exclusivamente de personas particulares. El promedio de nuestras donaciones a nivel mundial es de once dólares. En Chile contamos con cerca de 40.000 socios activos que donan mensualmente.
Nos debemos a ellos. Greenpeace existe en la medida en que la gente sostiene lo que hacemos. Y por lo mismo nos comportamos igual ante los distintos gobiernos. El primer año siempre trae un shock cultural: quienes no nos conocen dicen "estos son del otro lado". Y paradójicamente, el otro lado dice lo mismo. La realidad es que nuestro problema es el cuidado de la naturaleza con independencia del color político del gobierno de turno. No le decimos a los políticos qué votar. Les explicamos con datos científicos lo que está en juego, y el debate democrático manda.
Argentina y la amenaza a los glaciares compartidos
- ¿Cómo evalúan la reforma a la ley de glaciares que se debatía en Argentina, considerando que las cuencas son compartidas con Chile?
Partamos de una asimetría importante: existe un acuerdo binacional minero entre Chile y Argentina, pero no existe un acuerdo hídrico binacional. Eso es tremendamente relevante, porque los glaciares y las cuencas son compartidos.
Que Argentina cuente con una ley de glaciares es muy bueno, porque los glaciares no están ahí hace doce mil años porque la naturaleza se olvidó de borrarlos: están porque hay condiciones físicas que permiten que el hielo se conserve y que con cada nevada se siga formando un glaciar. Ese fenómeno hay que cuidarlo.
Lo que hace la reforma es redefinir las zonas protegidas y darle a cada provincia la facultad de decidir qué proteger. El argumento oficial es que el área "periglaciar" —lo que rodea un glaciar— no sería agua. Pero la comunidad científica latinoamericana ha demostrado repetidamente que sí lo es, y que por su extensión en la época geológica actual puede contener más agua que los propios glaciares de hielo puro. Bajo ese criterio, no cuidar esas áreas ya ha sido desmentido una y otra vez.
Lo que está pasando además es antidemocrático: más de 100.000 personas se inscribieron para hablar en la audiencia pública y dejaron exponer apenas a unos pocos cientos. Al día siguiente escucharon solo a expertos favorables a la reforma. Cuando el Congreso escucha al que pone la plata en vez de al pueblo, tenemos un problema grave. La ecología se defiende con más democracia.