viernes 31 de julio de 2026
Entrevista

Ismaela Magliotto, líder joven destacada por Forbes: "La juventud siente preocupación, tristeza y miedo por el clima"

La cofundadora de la Fundación Uno Punto Cinco, reconocida por Forbes Chile en su listado 30 Under 30, analiza el estado de la lucha climática en la juventud chilena, los atrasos regulatorios del Gobierno y los desafíos de comunicar la crisis ambiental.

31 de julio de 2026 - 10:00

Ismaela Magliotto Quevedo (29 años), ingeniera civil ambiental de la Universidad Técnica Federico Santa María, es cofundadora de la Fundación Uno Punto Cinco, organización que ha capacitado a más de 6.500 personas y movilizado a 2.500 líderes climáticos en la región. Fue negociadora joven en las COP27 y COP28, e integra la Comisión Nacional de Cambio Climático de Chile, y este año fue incluida en el listado 30 Under 30 de Forbes Chile.

En conversación con El Desconcierto, aborda el estado de la juventud frente a la crisis climática, la gestión ambiental del Gobierno y los desafíos de comunicación del sector.

Un reconocimiento que reafirma un compromiso

-¿Qué sensación te dejó el reconocimiento de Forbes al integrar el listado 30 Under 30?

Me pasan varias cosas con este tipo de reconocimiento. Siento que, al menos en el mundo de las organizaciones de la sociedad civil, cuando uno inicia una organización de este perfil lo hace con un propósito: contribuir a la sociedad. En nuestro caso, desde la protección del medioambiente, la resiliencia, la mitigación y la transición energética.

Es muy lindo que una institución como Forbes reconozca el trabajo que se hace desde estas organizaciones. Por otro lado, lo siento también como un llamado a poner los pies en la tierra y seguir adelante con aún más esfuerzo. Es reafirmar mi compromiso, y el de nuestra organización, con la acción climática.

Ansiedad y compromiso: cómo vive la juventud la crisis climática

-¿Cómo evalúas la situación actual de la juventud con la lucha climática? ¿Hay más o menos motivación que antes?

La juventud, en general, ha sido protagonista en el posicionamiento de ciertos movimientos sociales. Ocurrió hace algunos años con el movimiento estudiantil y la educación. Ahora, en el tema ambiental, percibo un mayor compromiso y más búsqueda de trabajos conectados con un propósito medioambiental, desde distintas profesiones y realidades.

Sí percibo preocupación y conexión con el tema, pero también mucha angustia al mismo tiempo.

-¿Qué se puede hacer frente a esa angustia? ¿En qué estamos al debe como sociedad?

Existe un estudio de INJUV, el sondeo Juventudes y Crisis Climática, que muestra una desesperanza vinculada a la falta de acción de las autoridades como entidad relevante para impulsar la acción climática a nivel nacional y territorial. El sondeo confirma que la gran mayoría de los jóvenes encuestados se interesa —o se interesa mucho— por el cambio climático y considera que tendrá efectos negativos o muy negativos en la calidad de vida de las personas.

Las principales emociones asociadas al tema son la preocupación, la tristeza y el miedo: cerca de un cuarto de la población joven declara sentir angustia emocional frecuente o muy frecuente por la amenaza del cambio climático.

Ahí entran las organizaciones de la sociedad civil, que muchas veces se perciben como entidades que buscan frenar el desarrollo. Pero lo que buscamos es velar por el bienestar de las personas, no detener el progreso. El problema es que el desarrollo se tiende a confundir con arrasar todo a su paso, sin mirar el largo plazo.

El bienestar de las personas debe existir en equilibrio con la resiliencia de los ecosistemas y el medioambiente, para que pueda perdurar en el tiempo. Desde las organizaciones de la sociedad civil buscamos posicionar esa idea en los espacios de toma de decisión, tanto del sector público como del privado, ya sea desde el Gobierno central o desde los distintos poderes del Estado. Buscamos conservar el bienestar de las personas y de la sociedad en su conjunto, no de unos pocos.

Los atrasos regulatorios del Gobierno

-Ya tienes una amplia experiencia, integras la Comisión Nacional de Cambio Climático y has participado en dos COP. En esa línea, ¿cómo ves la predisposición del Gobierno para avanzar en materia medioambiental?

La predisposición ha sido bastante confusa. Cuando inició este Gobierno se retiraron 43 decretos de la toma de razón de Contraloría. A la fecha se han reingresado seis o siete, si no me equivoco, y muchos siguen a la espera. Algunos, por ejemplo, regulan las emisiones de material particulado fino (MP2,5) o las emisiones de termoeléctricas: normas que velan por la calidad de vida de las personas y que podemos asociar directamente a su seguridad.

Por otro lado, tenemos entrevistas donde la ministra de Medio Ambiente menciona que Chile cuenta con una ley marco de cambio climático y una institucionalidad ambiental, y que se está velando por cumplirla. Sin embargo, ahí está la situación de los decretos.

Para dar un caso específico: la norma primaria de calidad del aire para material particulado fino (MP2,5) fue publicada en 2011 y debía actualizarse cada cinco años, es decir, en 2016. El proceso de actualización recién comenzó en 2021 y, a la fecha de esta entrevista, se encontraba en su etapa final. Tenemos el dicho y el hecho, y en estos momentos vemos que hay una brecha entre ellos dos.

Y nos preocupa la situación, pero buscamos el bienestar de las personas, independiente de si el Gobierno está o no alineado con mi ideología personal. Así que desde la Fundación Uno Punto Cinco estamos a disposición para avanzar en construir un mejor país. Existe esa preocupación, pero también esa disposición de nuestro lado.

El desafío de comunicar la crisis climática

-¿Qué falta para mejorar la comunicación de la crisis climática? Hace cuatro o cinco años era una de las principales preocupaciones sociales; hoy está detrás de temas como seguridad o economía.

Las problemáticas sociales están muy interconectadas entre sí. Temas como la seguridad alimentaria se vinculan con la crisis climática. Hay una intersección, pero de repente hay una narrativa más de moda que otra.

Hace cinco años, Chile tenía la presidencia de la COP, la Conferencia de las Partes, el evento más importante a nivel internacional en la toma de decisiones sobre cambio climático. Eso hacía que el tema estuviera mucho más presente en la agenda mediática.

Hoy hablamos de seguridad: viviendas mal aisladas o la necesidad de sistemas de calefacción menos contaminantes. Eso también se vincula con lo medioambiental. La calidad del aire está directamente relacionada con estos temas. Los eventos climáticos extremos que vivimos, catalizados por el fenómeno de El Niño, se vuelven más devastadores por situaciones basales como la desertificación y la sequía que trae el cambio climático. Todo está vinculado a las preocupaciones actuales.

Hay una responsabilidad de los medios, de las organizaciones de la sociedad civil y de otros actores comunicadores en visibilizar estas conexiones de manera cercana, para que las personas lo entiendan desde su realidad. Si hablo de la isoterma cero o de los vientos alisios para explicar El Niño, la gente en su casa no va a entenderlo, porque no es parte de su día a día. Ellos hablan de pagar la cuenta de la luz, del agua, de la comida.

Es un aprendizaje constante como organización: comunicar de manera cercana y entendible, sin tratar a la gente como ignorante. Ahí tenemos una ventana de oportunidad de acción muy significativa.

Un mensaje para la juventud

-Para cerrar, ¿qué mensaje le darías a los jóvenes que se sienten perdidos o angustiados frente a la crisis climática?

Me gustaría manifestar dos cosas. La primera es la importancia de las organizaciones de la sociedad civil. En el último tiempo han ocurrido situaciones que han puesto en el ojo del huracán a organizaciones y movimientos sociales, y eso ha perjudicado la reputación que tiene la ciudadanía hacia organizaciones como la mía.

Sin embargo, hay que recordar que estas organizaciones apalancan financiamiento internacional y generan empleo. Contribuyen al desarrollo del país desde una manera distinta a la tradicional en Chile, que es trabajar para la empresa o para el Estado. Trabajar en una ONG sí se puede: no es tan fácil, tiene desafíos, pero no es imposible. Que Forbes lo reconozca es muy significativo.

Respecto a la motivación: lamentablemente no es fácil, y uno se enfrenta constantemente a frustraciones. A mí me pasa ver que la toma de decisiones responde a una agenda política y no a una basada en ciencia o evidencia, a las necesidades reales y no a lo mediático. Pero no podría estar tranquila si mi trabajo no tuviese vocación y sentido de propósito.

Y si sienten esa misma sensación, la invitación es encontrar un espacio donde puedan desenvolverse y sentir que responden a un propósito que va más allá de un horario de oficina. Suena más fácil decirlo que hacerlo, pero hay que trabajar para que ocurra. No llega solo, pero se puede. Hay que tener convicción, determinación, y rodearse de personas que vibren en la misma sintonía y tengan ese propósito común. Así se construye comunidad y se avanza de manera robusta en la toma de acción.

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